jueves, 15 de enero de 2009

Perú: Corrupción en estado de pánico

Carlos Angulo Rivas

En el país todos se preguntan: ¿a qué se debe el estado de pánico de Alan García Pérez? Como se observa el terremoto grado ocho de la corrupción alcanza a los predios de los servicios de inteligencia de las Fuerzas Armadas.

Por lo pronto en un acto desesperado el gobierno ha expulsado de su cargo al jefe de contrainteligencia naval, capitán de navío Rogelio Fernández y ha degradado ilegalmente al almirante en situación de retiro Ponce Feijoó, por estar este último involucrado en el descubrimiento del negociado Petroleum Discover que se trajo abajo al gabinete ministerial del primer ministro Jorge Del Castillo en octubre pasado. Negociado de cincuenta millones de dólares en comisiones o "honorarios de éxito" como los llamaron los desvergonzados jerarcas del gobierno. La siempre falsa indignación de Alan García Pérez, como se conoce, ya no es por el robo al Estado donde perdió su tajada sino por los "petroaudios" que lo descubrieron a él y a sus ministros con las manos en la masa y los dedos en la calculadora averiguando cuánto les iba a tocar a cada uno.

Todos los servicios de inteligencia del mundo graban comunicaciones y escuchan secretos de Estado, de lo contrario no tendrían razón de existir. La ley nos dice que los asuntos privados deben ser reservados y permanecer inviolables y prohíbe meter las narices en las comunicaciones, la correspondencia y la vida íntima en los hogares; sin embargo, en los hombres públicos existen aspectos que dejan de ser privados y las conductas personales están bajo el escrutinio ciudadano. Entonces, si hay probidad, decencia e integridad en el manejo del gobierno, las inversiones y los contratos millonarios del Estado con empresas nacionales y extranjeras ¿por qué entra en pánico García Pérez cuando se siente "chuponeado" él y sus ministros? Richard Nixon cayó por inmoral y precisamente a causa del "chuponeo" y nadie pudo hacer nada por él, siendo el poderoso presidente de Estados Unidos. Los hilos del enorme negocio pútrido de la concesión de lotes de explotación petrolera llegaron a palacio de gobierno por la vía directa, la consanguinidad amoral del presidente. Eso es un hecho incontrovertible. En primer lugar, el ex premier Jorge del Castillo confirmó que se reunió con el empresario dominicano Fortunato Canáan y el ex ministro y ex diputado aprista Rómulo León Alegría, alrededor del asunto vinculado a las jugadas para beneficiar a la empresa noruega Discover Petroleum a través de la empresa estatal Perupetro. No una sino muchas veces como comprobó la Comisión Abugattas del Congreso Nacional.

No es la primera vez. La supuesta rabieta del presidente contra el servicio de inteligencia de la marina es un simple show mediático de su conocida capacidad histriónica a fin de encubrir la enorme y millonaria corrupción de su gobierno. ¿Qué más sabrá la marina, el ejército y la aviación, por la vía del clásico "chuponeo" a los políticos y los hombres públicos? ¿No es acaso que destituyendo al jefe de contrainteligencia naval está enviando un mensaje a que los otros jefes se callen la boca? García Pérez no engaña a nadie, ni siquiera a él mismo, él desde su primer gobierno es un individuo corrupto y corruptor; y con los nombramientos de otros corruptos para tenerlos silenciados encubre su propia corrupción. En esas artimañas nadie lo gana. La necesidad del "chuponeo" en un país infectado de corrupción endémica resulta, así sea ilegal en términos formales, una garantía de frenar un poquito siquiera a los delincuentes encabezados por el mayor mafioso de la historia peruana. Está mal que empresas privadas se dediquen al negocio de interceptación telefónica, es cierto; pero resulta que a veces los empresarios privados y los periodistas si pueden denunciar lo que por "estabilidad" del gobierno no pueden hacer los institutos armados. Allí la verdad de la milanesa. La cuestión es no dejarse descubrir dijo, muy fresco, alguna vez el ex primer ministro Jorge Del Castillo; tanto fue así que con mayor rapidez los agentes del ministerio del Interior quisieron saber como se filtraron los videos del escándalo petrolero antes que detener a los facinerosos del frustrado asalto al Estado.

Tenemos un Poder Judicial envenenado por la corrupción hasta sus fibras más íntimas, como sabemos penetrado y asaltado por fiscales, jueces y magistrados supremos apristas y fujimoristas-montesinistas. Con ellos se distribuye la impunidad en todos los niveles. La descomposición es total, no cabe duda. Los antecedentes criminales de los hombres del presidente respiran por sí solos. La cuestión es no dejarse descubrir dicen con desparpajos los apristas. Así de simple y esa es la idiosincrasia actual del 90 % de los funcionarios públicos apristas infiltrados en el aparato estatal. Por eso precisamente han creado una ola de sunami contra los "chuponeos" a fin los dejen asaltar las arcas del Estado libremente. No todo se puede detectar. No todo puede ser denunciado por el periodismo en un mar de amoralidad presidida por el avezado jefe de la banda. ¿Qué pasa con las millonarias coimas bien hechas y jurídicamente asesoradas, las que son difíciles de probar? ¿Por qué el arreglo con la Telefónica del Perú fue en secreto y con la participación sólo de Alan García y Jorge del Castillo? ¿Cómo fue el arreglo con las empresas transnacionales mineras para que no paguen ni regalías ni impuestos a las sobre-ganancias multimillonarias en dólares? ¿Dónde está la transparencia? ¿Y la compra de los patrulleros? ¿Y el tráfico de drogas, cuando en cinco años cogen o queman apenas 35 millones de dólares de coca y el negocio estimado es de dos mil millones de dólares al año? Bueno, podemos encontrar un montón de etc., etc. y etc. en cuanto a los negocios millonarios de los políticos y empresarios grandazos, más aún cuando el presidente no se detiene ante un buen negocio en sus manos. Por supuesto, los servicios de inteligencia de los institutos armados deben saber muchas cosas más y harían un bien al país, realizarían un verdadero acto patriótico sacando a luz lo que saben y callan por una estabilidad gubernamental mal entendida.

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