martes, 13 de enero de 2009

Perú: ¡Sigan robando compañeros!

Carlos Angulo Rivas

Los intocables, los sacrosantos, los augustos, los impunes; es decir, los que tienen expedito el derecho de robar y de enriquecerse siguiendo el prístino ejemplo de Alan García Pérez, han sido premiados por la Comisión Investigadora del Congreso.

Sí, sí y sí; laureados y enaltecidos por la Comisión que seguía la pista del frustrado negociado de los cincuenta millones de dólares que pensaban levantarse con el "faenón" torero: la adjudicación de cinco lotes de petróleo a la compañía noruega recién formada, Discover Petroleum. La banda mafiosa de García Pérez-Del Castillo y los socios menores, los ex ministros Garrido Lecca, Valdivia y Vallejos; y los secretarios Rómulo León Alegría y Alberto Quimper, ya empezaban a calcular los billetes mal habidos cuando fueron descubiertos por los famosos petro-audios del chuponeo telefónico. Las visitas recibidas por el empresario-gángster Fortunato Canáan, por parte de los ex ministros citados, siendo el más asiduo el ex primer ministro Jorge Del Castillo; y los gratos desayunos de negocios con el financista dominicano en la elegantísima suite del Country Club de Lima, no sólo eran sospechas sino realidades. Como la singular visita del tal Canáan a palacio de gobierno, donde fue recibido y abrazado por el propio Alan García. Y no sólo era petróleo sino inversiones multisectoriales, previa comisión del famoso diez por ciento y ¿la "mía"? o como dicen ahora "honorarios de éxito" terminología un poco más decente impuesta en el segundo asalto al poder del conocido ladrón internacional de cinco esquinas o de siete suelas, como con acierto lo llamaron en Chile y Venezuela.

Tanta investigación, tanta prueba, tanto papeleo, tanta grabación, tanto video, tanta pose solemne de seriedad en el proceso. Tanto desfile de ex ministros con cara compungida quejándose de ponerlos en duda, simplemente para nada. Dos congresistas salvaron la cara, el resto se alineó con la corrupción endémica del país, con la putrefacción del Estado del que forman parte. No hay nada que hacer, estamos en un país donde se premia la inmoralidad, se aplaude libertinaje, se impulsa la degradación, se elogia el asalto al Estado; se victorea a los ladrones de cuello y corbata, se titula con honores a las artes del negociado, se enjabona a los fiscales, se engrasa a los congresistas y se les tira de la levita cargada de billetes a los jueces. Estamos en un país donde el hedor emana incesante de las burbujas de la fermentación natural de la podredumbre y donde a los ciudadanos se les dice: si apesta y no soportan, pues "tápense las narices" y san se acabó. Estamos en un país donde los políticos suponen más grande el delito del "chuponeo" telefónico que el del robo descarado la Estado; ¿y qué fuera sin "chuponeo" se preguntan los ciudadanos? Tenemos inspectorías, contralorías de la república, comisiones anti-corrupción, comisiones fiscalizadoras, fiscalías, jueces, congresistas, etc. etc.; de tener, tenemos entes fiscalizadores ¿cómo no? Pero, lamentablemente, estas ficciones nunca descubren nada y sus miembros sólo pasan por ventanilla a cobrar sus sueldos mensuales por tan encomiable labor. Ellos nunca descubren nada de nada en un país que se cae a pedazos, podrido de tanta indiferencia ante ese monumento nacional de la cínica desvergüenza.

Fue el periodismo o lo que nos queda de él, el centro de las denuncias del negociado de Discover Petroleum que se trajo abajo el gabinete de Jorge Del Castillo por inmoralidad comprobada. Ni siquiera el jefe de la banda mafiosa, Alan García Pérez, pudo tapar la luz del día con sus manos mugrientas. La ofensiva vendría después, convirtiendo los delitos en escándalo, en esa dirección se impuso la experiencia de la mafia aprista, el cáncer nacional de muchos años; de este modo sobrevino el enredo, la maniobra, la artimaña, la manipulación en el tiempo, la intriga, el toreo y finalmente el pacto entre delincuentes de estirpe consagrada García Pérez y Fujimori. El mismo pacto que sacó adelante la presidencia del Congreso entregándosela al conocido hampón chiclayano Javier Velásquez Quesquén. Ahora salvados los ex ministros delincuentes de la acusación constitucional que corresponde, Alan García califica de "conspiradores contra la democracia" y "mercaderes" a los responsables de realizar la práctica ilegal de las interceptaciones telefónicas, y pide desterrar esta ilícita actividad del país. El tinglado montado es perfecto. ¿Quién no se da cuenta? Salvados él y sus ex ministros, después de encontrarlos con la manos en la masa, los delincuentes no pueden ser ellos, los señores; son, qué duda cabe, los encargados de escuchar conversaciones ajenas; en este gobierno jamás serán los ladrones verdaderos o las ratas tras el queso como el mismo García Pérez, rasgándose las vestiduras, señalara para escaparse del negociado renunciando a su parte, la mayor, por supuesto.

Y fíjense qué taimado el tal García Pérez cuando afirma: "que quienes están detrás de esas prácticas de "chuponeo" son gente "frustrada" por una mala educación y por "malas condiciones psicológicas." "Si queremos desterrar del Perú a estos "chuponeadores" malditos, a estos mercachifles y conspiradores contra la democracia, necesitamos una buena educación, y aquí la estamos construyendo." A buen entendedor pocas palabras dice el refrán. Los buenos y educados ciudadanos como él y sus ex ministros ladrones, nos dan el notable ejemplo a seguir y no son malditos sino benditos; y no están en malas condiciones psicológicas sino en perfecto estado de salud mental maquinando como robar sin ser descubiertos, pues de eso se trata ¿no es cierto? Qué país el nuestro, debemos escoger entre continuar con la consigna aprista: ¡Sigan robando compañeros! O en su defecto tirarse abajo a quien en la vida podrá cambiar.

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