jueves, 15 de enero de 2009

Un mundo caótico sin ley ni orden

Elio Delgado Legón (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Desde que en 1941 la Alemania nazi comenzó a invadir territorios ajenos sin tener que enfrentar más obstáculos que la resistencia de los pueblos agredidos, el mundo sabe lo que es vivir sin una ley internacional ni un orden establecido que ponga freno a los apetitos expansionistas, hegemonistas e imperialistas.

Con la derrota de Alemania, al costo de decenas de millones de muertos y mutilados, principalmente de la Unión Soviética, el mundo comprendió la necesidad de establecer un orden y una autoridad para evitar que esos hechos se repitieran. Se creó la Organización de Naciones Unidas, con su Consejo de Seguridad y se han instrumentado leyes internacionales que deben ser respetadas.

¿Quién no ha oído hablar del Derecho Internacional, del Derecho Internacional Humanitario o del Tribunal Internacional de La Haya?

Sin embargo, ni las resoluciones de la Asamblea General de la ONU son de obligatorio cumplimiento ni las de su Consejo de Seguridad, cuando son aprobadas (a pesar del veto de los poderosos) son cumplidas por los agresores.

Ejemplos no faltan. Los Estados Unidos han invadido a decenas de países, masacrado a poblaciones enteras (como en Viet Nam o en Iraq) utilizado armas prohibidas, por lo que debieran haber sido juzgados; sin embargo, no ha pasado nada.

Le han mentido al mundo para justificar sus crímenes; pero cuando las falsedades se descubren, nada sucede.

En 1967, Israel, estrecho aliado de Estados Unidos y al que le suministró armas nucleares sin que nadie protestara, invadió territorios árabes, entre ellos Palestina.

Desde entonces, Israel mantiene ocupados los territorios palestinos de Cisjordania y Gaza, donde lleva a cabo una guerra de exterminio contra la población.

Las resoluciones del Consejo de Seguridad son ignoradas por los sionistas y no se aplica el Derecho Internacional. Nadie ha sido llevado al Tribunal de La Haya ni por la masacre de varios millones de vietnamitas, los que aún sufren las consecuencias de las radiaciones de las armas prohibidas; ni por la de un millón de iraquíes y la destrucción de ese país. Tampoco por el holocausto de Palestina, donde más de una vez han sido asesinados impunemente, y en la actualidad se bombardean criminalmente las poblaciones indefensas, donde se contabilizan ya casi mil muertos y varios miles de heridos, principalmente mujeres, niños y ancianos.

Como agravante, los soldados ocupantes no permiten a los civiles desplazarse hacia otros territorios donde puedan protegerse de los bombardeos, obstaculizan el tránsito de las ambulancias con heridos, muchos de los cuales han muerto por esa causa, e impiden que llegue la ayuda humanitaria, para que mueran de hambre, enfermedades y heridas. En fin, una verdadera guerra de exterminio.

Entonces, ¿para qué sirve la ONU, su Consejo de Seguridad, el Tribunal de La Haya, el Derecho Internacional Humanitario y todos los documentos aprobados, que se supone son de obligatorio cumplimiento?

El mundo no puede continuar por ese camino que conduce al abismo. Es necesario democratizar la ONU y su Consejo de Seguridad, y aplicar las leyes establecidas para castigar a los malhechores, quienes amparados en su poderío nuclear se creen inmunes e infligen sufrimientos a pueblos indefensos, cuyos derechos son violados, sin que pase nada.

La humanidad no puede vivir en un mundo caótico sin ley ni orden.

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