martes, 10 de febrero de 2009

Brasil: Se intensifica la guerra brasileña del acero

Durante la semana pasada Brasil vivió una guerra de comunicados entre las tres grandes empresas nacionales, que entablaron un duro debate en torno al precio del acero y su costo de producción a nivel nacional.

De un lado, la empresa Transpetro, subsidiaria para el transporte de la estatal Petrobras, justificó haber comprado acero a empresas extranjeras, una de China y otra ucraniana, en lugar de negociar con la local Usiminas por lo exagerado de sus precios.

Debido a ello, Usiminas y su aliado, el Instituto Brasileño de Siderurgia (IBS), acusaron a Transpetro de estar generando empleos en tierras ajenas en un momento de crisis y sugirieron que sus competidores usaban precios ficticios para practicar "dumping".

Por su parte, Vale, la gran empresa brasileña de minería y una de las tres mayores del mundo en el ramo, intervino para descalificar los números manejados por Usiminas sobre los costos de producción.

En un comunicado, Usiminas argumentó que "algunos proveedores" ofrecieron acero entre 600 y 700 dólares la tonelada cuando, considerando solamente el hierro y el carbón, la producción de una tonelada de acero tiene un costo de 480 dólares.

En respuesta, Vale aseguró que el costo del hierro y el carbón necesarios para producir una tonelada de hierro es de 230 dólares, 52 por ciento menos que el manejado por Usiminas.

"De esta forma, los problemas de competitividad de la siderurgia brasileña no pueden ser atribuidos al costo de las materias primas, sobre todo cuando la mayoría de los productores utiliza, total o parcialmente, se obtienen de sus propias minas", dijo Vale.

Según Vale, el costo brasileño de 230 dólares por tonelada (incluidos 140 dólares por el hierro y 90 dólares por el carbón) es menor en comparación al de China (245 dólares), Unión Europea (255 dólares) o Japón (265 dólares).

Analistas dicen que el roce entre las dos empresas privadas es comprensibles si se tiene en cuenta que Vale, accionista de Usiminas, está vendiendo su participación del 5,9 por ciento a la controladora de la siderúrgica, la japonesa Nippon Steel.

Las relaciones son difíciles desde que Vale decidió producir acero en asociación con empresas como la TyssenKrupp en un caso y la china Baosteel en otros, mientras que Usiminas empezó a exportar mineral de hierro, lo que las hace doblemente competidoras.

Según el presidente de Transpetro, Sergio Machado, una vez que el costo del acero es responsable por un tercio del valor de los navíos que está construyendo, no puede permitirse pagar 30 por ciento más sólo para contentar a Usiminas.

Transpetro tiene programada la construcción de 26 navíos en una primera etapa, y otros 23 en la segunda, por lo que necesitará comprar 680.000 toneladas de chapas de acero doble, especiales para la industria naval.

El problema es que los únicos fabricantes de ese tipo de acero en Brasil son Usiminas y la Compañía Siderúrgica Paulista (Cosipa) de Cubatao, del estado de Sao Paulo, y que actualmente pertenece a Usiminas.

"Las dos tienen el monopolio del acero naval en Brasil. Pero no vamos a aceptar esa imposición de precios. No podemos usar el criterio de contenido nacional para esconder la incompetencia", dijo Machado.

Según Machado, los precios de Usiminas no sólo son superiores a los de China, sino a los de cualquier país, por eso en la última licitación, en la que participaron once empresas de siete países, el valor propuesto por Usiminas superaba a todos.

Usiminas argumentó la protección de la mano de obra nacional en momentos de crisis y sugirió que otros países recurrirían a "prácticas desleales de comercio", lo que contrasta con la posición de las siderúrgicas brasileñas en relación con Estados Unidos.

Como se sabe, el paquete de medidas propuestas por el presidente Barak Obama para la recuperación de la economía de Estados Unidos incluye una polémica cláusula que establece preferencia obligatoria para la compra del acero nacional para todas las obras públicas.

Una enmienda posterior permite la compra de acero producido por países que sean signatarios de un acuerdo sobre compras gubernamentales con Estados Unidos, lo que mejora la situación de México, la Unión Europea y Japón, pero no es el caso de Brasil.

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