miércoles, 4 de febrero de 2009

El círculo vicioso del oro negro

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

El hecho de que el petróleo haya descendido en los últimos seis meses más de cien dólares el barril desde los 147 y tantos que logró en julio de 2008, es indicativo de que aquellos precios nada tenían que ver con la llamada economía real.

Los especuladores aposentados en las bolsas, esa especie de sanguijuelas ligadas a grandes intereses en permanente busca de ganancias, se ocuparon de adulterar las realidades para hacer del crudo una fuente inacabable de creciente rédito.

Sin embargo, el sobregiro de manipulaciones aceleró con creces las contradicciones de la economía global capitalista, y en breve plazo la falta de solvencia y las sucesivas crisis financiera, bancaria e inmobiliaria, contrajeron severamente la demanda de combustibles, abarrotaron los inventarios y comprimieron en más de dos tercios los precios del hidrocarburo.

Hoy, cuando las naciones de la Organización de Países Exportadores de Petróleo renuevan la idea de reducir aún más los suministros mundiales en busca de frenar la caída de los mercados, son muchos los analistas que recuerdan las exigencias del gobierno del ex presidente George W. Bush y sus poderosos aliados.

Hace apenas unos meses instaban a esa entidad a desbordar las existencias para seguir llenando los bolsillos de las transnacionales, y la culpaban de la elevada factura energética por “desabastecimiento forzoso”.

Un barril de petróleo que suda la camisa por no ceder de 41 dólares, es la realidad del mercado energético hasta el instante en que se escribían estas líneas.

Mientras, los norteamericanos, alemanes o británicos, entre otros primermundistas, siguen calculando cuidadosamente lo que gastarán del combustible en calefacción o gasolina para sus autos.

Se trata de la angustiosa ronda que acogota con mucho mayor rigor a miles de millones de seres humanos del Sur empobrecido... aquellos cuyos pesares no cuentan demasiado para cierta prensa y determinado número de entendidos.

Lo cierto es que la noria petrolera parece haberse cerrado. Como ineludible tendencia, la recesión global cuyo origen descansa en un Estados Unidos de economía irresponsable e incontrolada, deteriora en términos superlativos la demanda de crudo como un saco de plomo al cuello de quien se hunde en el mar.

En consecuencia, los precios retroceden sin límites posibles de determinar en la medida en que se abarrotan los inventarios. Todo un estructurado círculo vicioso el cual, por ahora, no ofrece salidas a ojos vista.

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