miércoles, 4 de febrero de 2009

Entrevista a Paolo Lissone, médico oncólogo: El dios mercado ha pasado a ser la deidad suprema. Ése es el verdadero cáncer del mundo


Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Paolo Lissone es médico oncólogo, endocrinólogo e inmunólogo, y trabaja desde hace años en el Instituto de Medicina Biológica de Milán, Italia. Profundo conocedor de la clínica del cáncer, pero más aún: trabajador de la salud con un hondo contenido social y humanista, entiende esta enfermedad como un complejo entrecruzamiento que por la lógica mercantil dominante no puede ser abordada como debiera. Es decir, para expresarlo sintéticamente: para ciertos grupos la enfermedad es negocio. De ahí que los abordajes naturales sean menospreciados, silenciados, hechos a un lado.

Desde ese contestatario punto de vista hace años que ha emprendido el tratamiento de tumores por medio de medios alternativos, utilizando métodos naturales. Para conocer un poco más estos aspectos Argenpress lo entrevistó a través de su corresponsal Marcelo Colussi, gracias a los buenos oficios de nuestro amigo y fiel lector en Italia Adelio Mora, que estableció el correspondiente contacto. La versión que aquí entregamos es traducción directa del italiano hecha por el mismo entrevistador.
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Argenpress: En todas las latitudes hoy por hoy la salud es, básicamente, un “buen negocio”. Para nosotros, en lo que llamamos Occidente y donde este negocio pareciera no poder retroceder, ¿cómo plantearnos una salud alternativa? o, en todo caso, ¿una medicina alternativa?

Paolo Lissone: El objetivo que debe animar a quienquiera una revolución en el ámbito sanitario no puede ser una medicina alternativa o una salud alternativa sino que se debe pretender una nueva ciencia médica y psicológica, distinta no sólo por el uso de terapias naturales sino, ante todo, por una nueva antropología. Es decir: se debe partir de una nueva concepción del ser humano a partir de una trilogía de elementos constituida por un cuerpo químico, por psiquismo y por una vida espiritual. En esa óptica debemos entender por “cuerpo” no sólo la química metabólica neurovegetativa sino también aquellos estados expansivos de la conciencia espiritual; debemos entender por “psiquis” la sensualidad en todos sus matices erótico-fantásticos y, finalmente, debemos entender por “espíritu” el espíritu de Cristo que vive en nosotros como presencia del Espíritu Santo y que se manifiesta como amor. Es obvio que cuanto mayor sea el poder político y económico a enfrentar, mayor deberá ser la potencia espiritual, de modo que para que una nueva idea pueda así imponerse y revolucionar el mundo, deberá tener una mucho mayor fuerza disruptiva en términos de sabiduría y de verdad del espíritu, del cual proviene toda verdadera autoridad.

Por ello esta nueva visión de la ciencia médica y psicológica se revela buscando armonizar entre esos estados que por milenios se presentaron como antitéticos (como es el caso del conflicto entre placer sensual y amor del espíritu por ejemplo), lo cual es ya, de por sí, una fuerza en condiciones de desbancar la frágil construcción teórica de la ciencia médica occidental, hoy día envejecida tanto por su visión mecanicista de la vida como, sobretodo, por haberse dejado prostituir por las fuerzas del mercado, con lo que mató la libertad de la ciencia.

Argenpress: Sabemos que usted ha desarrollado una nueva metodología para tratar el cáncer, ¿verdad? ¿Qué podría decirnos al respecto? ¿Cómo están las cosas en este ámbito a nivel mundial?

Paolo Lissone: En realidad, en primer lugar hemos reinterpretado el cáncer desde el punto de vista fisiopatogénico, y en un segundo momento hemos elaborado una nueva estrategia terapéutica.

El cáncer puede ser concebido hoy como una enfermedad maligna que depende no de una sola causa, como erróneamente piensa la oncología tradicional, que atribuye el surgimiento de un tumor a la única acción de factores cancerígenos. Con esa concepción, el cancerólogo está en condiciones de explicar la transformación maligna de una sola célula singular, pero no así el tumor clínicamente evidente, desde el momento en que un solo centímetro cúbico de tumor corresponde a millones de células. Se trata entonces de comprender cómo es posible pasar de una sola célula singular a un tumor desarrollado.

Las investigaciones recientes del campo de la psico-neuro-endócrino-inmunología (PNEI) han demostrado que tal pasaje se debe fundamentalmente a un defecto en la respuesta inmunitaria, el que a su vez consiste en un déficit de interleuquina (proteína producida por las células inmunitarias), provista de actividad antitumoral, en particular la IL-2, IL-12, IL-15, IL-18, IL-23, y a una exagerada producción de interleuquina con actividad inmunodepresiva sobre la respuesta anticancerígena, tales como la IL-6, IL-10, IL-13, IL-16, o al aumento de la producción de linfocitos con actividad inmunodepresiva, en particular los linfocitos T Reguladores, identificables como células CD 4 + CD 25 +.

Todas estas alteraciones no son hipótesis intelectuales sino cosas perfectamente identificables en las muestras de sangre que el oncólogo tradicional no sabe y no quiere ver. A partir de estas premisas la cura del cáncer consistirá en la corrección de las alteraciones inmunológicas y neuroendócrinas que caracterizan la progresión de la enfermedad tumoral, es decir, lo que nosotros llamamos la psiconeuroinmunoterapia de los tumores, la que consiste, dicho en términos prácticos, en el suministro de interleuquina 2 por lo que concierne al principal defecto inmunitario, asociada al suministro de hormonas de la glándula pineal, en particular la melatonina y la 5 – metoxi-triptamina, ambas provistas de actividad antitumoral, desde el momento que el principal defecto endócrino sufrido por los enfermos de cáncer se relaciona, justamente, con la funcionalidad de la glándula pineal.

En adición al suministro de aquellas mismas moléculas que en nuestro cuerpo son responsables de la natural resistencia antitumoral, comprende en el abordaje neuroinmunoterapéutico también el eventual suministro de sustancias inmunomodulantes o antiproliferativas de tumores, especialmente el aloe, la mirra, el incienso, el hisopo, la curcumina y la canapa indiana.

A nivel mundial, a causa ya del control absoluto de la investigación científica por parte de la visión comercial, estas ideas que recién mencionaba no son sólo no tenidas en cuenta sino impedidas, bloqueadas, dada la interferencia inmensa que podrían significar para los intereses económicos del poder dominante.

Argenpress: Sin dudas la lógica mercantil impide un desarrollo armónico para la humanidad en su conjunto, ya sea en el campo de la salud o en cualquier ámbito que miremos. Para la industria de la salud, la clase dirigente del Norte (Estados Unidos y Europa) considera al Sur como su fuente natural de materias primas para su producción comercial. ¿Qué hacer al respecto? ¿Podemos permanecer impasibles ante este saqueo?

Paolo Lissone: Es evidente que en el Sur ya se ha tomado conciencia del estado grave de la humanidad que tenemos en estos momentos, en particular en América Latina y en el área del Islam, regiones que, si bien tienen bagajes culturales muy diversos, comparten un mismo diagnóstico de la situación mundial actual, en tanto ven que el nuevo dios mercado ha pasado a ser la deidad suprema que todo lo define. Y ese es el verdadero cáncer del mundo.
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¿La graviola cura el cáncer?

La graviola es una planta comúnmente denominada guanábana, que crece en la Amazonia peruana y brasileña y cuya corteza y hojas poseen cualidades antitumorales.

Según los últimos estudios realizados a los alcaloides presentes en la corteza, hojas y semillas de este árbol, se descubrió su efecto citotóxico, lo que puede ser aprovechado para el tratamiento de diversos tipos de tumores malignos, sin atacar a las células sanas.

Los alcaloides de la graviola son especialmente útiles en el combate de cánceres del páncreas, pulmones y próstata.

Dado que se trata de un producto natural no patentable, no es posible afirmar esto con certeza. Sin embargo, existen diversos estudios al respecto que acreditan la fama que la graviola tiene al respecto.

Estudios científicos realizados en la Universidad de Purdue en Indiana, Estados Unidos, y en Japón, han demostrado excepcionales beneficios para el tratamiento de ciertos tipos de tumores cancerosos, especialmente los localizados en el pulmón, páncreas y próstata. Su efectiva actividad se debe a su alto contenido en Acetogenina, sustancia que presenta una actividad semejante a la Adriomicina, que se usa en quimioterapia, pero a diferencia de esta última, su acción es selectiva sobre las células cancerosas, sin dañar los tejidos sanos.

Se dice que la Acetogenina es cerca de 10.000 veces más efectiva que la Adriomicina.

Lo más sorprendente de la graviola son los estudios llevados a cabo por la Universidad de Purdue, desde 1997, en tratamientos de tumores. Esta Universidad ha desarrollado investigaciones relativas a la acción inhibidora de derivados de Annonaceous en células cancerígenas, contando con más de cuatro patentes registradas en Estados Unidos referidas a la acción de los componentes acetogénicos sobre células cancerígenas.

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