martes, 3 de febrero de 2009

La emigración cubana: Miradas (V)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

En la más difícil coyuntura de la Revolución, en 1994 la Conferencia la Nación y la Emigración trascendió la etapa de normalización e inició la reinserción y la colaboración de los cubanos residentes en el exterior y el país. Se trató de un punto de no retorno que evidenció la maduración de los esfuerzos iniciados por Fidel Castro y los emigrados en los diálogos de 1978 y en todo el proceso posterior.

No hace falta recordar que si bien los emigrados que formaron parte de los Diálogos de 1978 soportaron incomprensiones de sus familias y de parte de la sociedad, de sus socios en los negocios y de la patronal en los empleos y fueron confrontados por las fuerzas contrarrevolucionarias que entonces comenzaban a mandar en Miami, también en Cuba, aunque por diferentes razones, hubo resistencia al cambio.

En 1978 habían transcurrido casi veinte años de enfrentamiento entre la Revolución y el imperialismo norteamericano, se había producido la invasión de bahía de Cochinos y sumaban miles los actos de sabotaje, terrorismo y agresiones en que habían participado emigrados reclutados por CIA y al servicio de organizaciones contrarrevolucionarias. Muchas familias cubanas se dividieron y las partes se radicalizaron hasta que, en la primera coyuntura propicia, Fidel Castro encabezó los esfuerzos para explicar y persuadir al país de la necesidad de abrir una era de diálogo y reconciliación.

Con responsabilidad y respeto hacía los derechos ciudadanos, la dirección revolucionaria optó por considerar las relaciones de cada familia y de cada individuo con los emigrados como un asunto privado que no debía trascender los marcos familiares. De ese modo, como parte de un proceso inédito en el cual el país, la sociedad y las instituciones exhibieron madurez, y expresaron genuinos sentimientos nacionales, se avanzó hacía la despolitización de las relaciones con la emigración.

Cumpliendo lo acordado en 1978, al año siguiente más de cien mil emigrados visitaron el país sin que se registrara un solo incidente grave ni hubiera un solo conflicto político digno de mención.

El país respiró aliviado; había dejado atrás una difícil etapa y la Nación fue más feliz. La Revolución se anotó una victoria, por primera vez compartida con la emigración. No hubo perdedores, excepto el imperio y la contrarrevolución, que por cierto aunque eran parte del problema no lo fueron de la solución.

Naturalmente que procesos de tal significado y complejidad y que abarcan a millones de personas, no trascurren en abstracto, sino en los escenarios reales donde también se libra la lucha de clases y tiene lugar la confrontación con el imperialismo. Menos de dos años después del diálogo de 1978, en 1980 ocurrieron los sucesos de la Embajada del Perú, en La Habana y tuvo lugar el “éxodo” por el puerto de Mariel que erróneamente y mal intencionadamente algunas versiones trataron de atribuir a influencias generadas por las visitas de los emigrados. En realidad, Mariel fue parte de la política norteamericana de utilizar la emigración con fines políticos, una de las inconsecuencias que caracterizaron a la administración de James Carter y una reacción defensiva de la Revolución, que otro día contaré.

En la Conferencia de 1994, con la presencia de varios cientos de emigrados, la mayor parte de ellos procedentes de Estados Unidos y con participación de altas autoridades cubanas, en un ambiente distendido y con entera libertad, se debatieron importantes asuntos de las relaciones de los emigrados con el país, entre otros, la posibilidad de su intersección en la economía nacional con el mismo trato que los inversionistas extranjeros, mayores facilidades para las visitas, incluso se examinó la posibilidad de que los residentes en el exterior pudieran participar en los procesos electorales nacionales.

Naturalmente aquel evento ni otros posteriores podían de una vez resolver todos los problemas ni despachar todos los asuntos pendientes, algunos de los cuales debían ser objeto de estudios y de la adopción de legislaciones apropiadas. No obstante en algunos campos se dieron los primeros pasos y en otros, como es el de la cultura, se avanzó decisivamente.

La reacción tomó nota del significado de aquel encuentro y reaccionó de modo brutal contra sus participantes, algunos de los cuales fueron política y socialmente linchados al retornar en Miami.

El hecho cierto es que ahora cuando la nueva administración norteamericana ha declarado su intención de poner fin a la crueles prohibiciones de Bush, se abren nuevos escenarios en los cuales no habrá que reeditar lo andado sino, sobre la base de lo alcanzado hace treinta años durante los Diálogos de 1978 y quince años atrás en la Conferencia la Nación y la Emigración, avanzar resueltamente.

El presidente Raúl Castro insiste en recomendar que en todos los campos, especialmente en los más difíciles, si es precioso se debe avanzar paso a paso, consolidando lo alcanzado, sin retroceder y sin detenernos. Es la mejor orientación y la mejor filosofía.

Ver también:
- La emigración cubana: Miradas (IV)
- La emigración cubana: Miradas (III)
- La emigración cubana: Miradas (II)
- La emigración cubana: Miradas (I)


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