lunes, 9 de febrero de 2009

La nueva política exterior de Estados Unidos


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

La concentrada atención en la emergencia económica en EEUU, había provocado cierto grado de vacío en cuanto al conocimiento de los lineamientos de la política exterior de la nueva administración.

Se conocían algunas posturas señaladas por el propio presidente Barack Obama y la secretaria de estado Hillary Clinton. Sin embargo en el discurso del Vicepresidente Joseph Biden en la Conferencia de Políticas de Seguridad en Munich de la semana pasada, comienzan a visualizarse las concepciones y pautas de una política exterior menos alimentada por un unilateralismo basado en la supremacía bélica, y más fundamentada en la comprensión política de los fenómenos.

Este discurso sin duda trae aire fresco en la perspectiva de disminuir las confrontaciones en el planeta, pero es preocupante a la vez.

Resalta los nuevos contenidos en la política exterior de EEUU, pero también reafirma conceptos anteriores consistentes con la Guerra Fría e impregnados en la política exterior de EEUU, y extendidos a los países más involucrados en la balanza de poder de esa “guerra”. Esta guerra aparentemente se desmanteló pero su cultura continúa vigente y es lo que preocupa en este discurso.

Casi nadie espera que de pronto EEUU se convierta en Caperucita Roja, pero es cierto también que después de tanto desorden y tensión internacionales, y el excesivo desequilibrio de poder producido tras el desbande de la Ex URSS, se espera al menos que del centro de la renovación en la Casa Blanca, provengan ideas más decisivas para generar un marco de relaciones de mayor equilibrio en el sistema internacional.

La interpretación de medios europeos representativos sobre este discurso, ha sido un tanto hiperbólica en cuanto al regreso pleno de EEUU al multilateralismo. Es tan eurocéntrica esta visión, que homologa multilateralismo con el fortalecimiento de la Alianza Transatlántica. La ONU, que debería recuperar su rol central en el multilateralismo no es mencionada específicamente.

Hay grandes avances por cierto. El VP Joe Biden habla de tolerancia, comprensión, de apartarse de la tesis del choque de civilizaciones, de convertir a la diplomacia el centro de la política exterior y de la seguridad, de democracia y desarrollo como los instrumentos más importantes de la protección y la seguridad, de reducir la extrema pobreza a la mitad en el 2015, de que con Rusia hay más para cooperar que para confrontar, que el problema con Irán se resuelve en la medida que no este desarrolle capacidad nuclear y no apoye el terrorismo.

Aún así, el discurso está centrado en la seguridad europea y en los beneficios de la alianza transatlántica, particularmente en la existencia de la OTAN, por lo tanto no había referencias explícitas a otras esferas del planeta y allí está precisamente lo preocupante del discurso, porque no parte de una visión más planetaria.

El discurso concluye con el concepto de “cambio para enfrentar los desafíos en el Siglo 21, mientras que los principios que fundaron la alianza y la OTAN se mantienen inalterables”. No hay claridad si esos principios son aquellos fundados para sostener batallas en el marco de la Guerra Fría.

Habría que conocer más en detalle en cuanto a si esta Guerra peculiar para contener un tipo de amenaza específica- la expansión comunista a través de la insurgencia, o el Guevarismo en términos cortos- está vigente en sus y mecanismos, y si los principios fundacionales de la alianza trasatlántica y de la OTAN los mantienen.

Y al final, una frase que pareciera contradecir el resto del discurso, “EEUU y Europa, todavía miran el uno al otro antes de mirar a cualquier otro”.

Esta frase es una reafirmación del Occidentalismo radical que ha llevado al mundo al nivel de confrontación en que se encuentra ahora.

Aunque se debe reconocer que este discurso es un desprendimiento hasta cierto punto radical del concepto neoconservador de política exterior basado en la supremacía a ultranza y la confrontación, mantiene todavía más que vestigios de la cultura de la guerra fría que está impregnada en la concepción misma de la alianza transatlántica y de la OTAN.

Con Barack Obama se abre la oportunidad de desprogramar la cultura del neoconservadurismo, instalada (en retrospección) desde el mismo fin de la segunda guerra mundial con el instrumento que la cristalizó en el mundo: la guerra fría.

La guerra fría se expresó tempranamente en el acoso a China a partir de la fundación de la actual república independiente en 1949, en las guerras de liberación en el Asia y África, entre 1950-1973, en el intervencionismo militar en Latinoamérica entre 1950 y 1980. En todos estos fenómenos se revela la poderosa herramienta de la guerra fría, con un objetivo central inequívoco: la supremacía occidental y la contención del expansionismo soviético en algunos casos y la insurgencia anticapitalista genuina como es el caso de Cuba.

Esta estrategia por la supremacía ha tenido su recompensa mayor en la invasión a Irak 2003. La idea central consistía en posicionar a la alianza transatlántica en una amplia zona de gravitación en el golfo pérsico para expandir la democracia occidental. En inadvertida coincidencia se podrá conjeturar, desde el comienzo de la década del 2000, la ONU impulsa un programa para instaurar democracias en la misma zona bajo el tema de la gobernabilidad. La propia ONU constató después que el proyecto se truncó por causa de la invasión. (UNDP; 2004). La guerra de Irak resultó ser un lastre económico y la democracia no se expandió.

Entra en escena George W. Bush, y la masa crítica de la rentabilidad, se traslada al sector especulativo. Comienza un acelerado deterioro a partir de la insolvencia del sector productivo. X. Arrizabalo en 1997 explica el fenómeno del “carácter parasitario y marcadamente regresivo del capitalismo de los años 90”… “La lógica del funcionamiento refuerza el predominio del capital financiero, buscando sus fuentes de apropiación de ganancia en el plano especulativo, lo que se traduce en reducir drásticamente recursos destinados a usos productivos, destruyendo masivamente fuerzas productivas”. El efecto de la invasión a Irak, de no haberse instalado una guerra, contemplaba la incorporación de otros territorios al activo de capitales para subsanar esta falencia estructural.

Quizás la desarticulación del neoconservadurismo, sea el desafío mayor que deberá enfrentar Barack Omaba, mientras estará bombardeado de todos lados en el plano ideológico.

Desmarcarse del neoconservadurismo no es fácil. Está instalado en múltiples espacios de la política, y exhibe ropaje de izquierda, como de derecha. Frente al mundo progresista que no quiere más expansionismo de cualquier orden, la tarea es contener la doctrina de supremacía que se imprime desde la óptica occidental. Si EEUU aspira a que se le observe como un país líder benigno, y no como a un poder neoimperial deberá dar vuelta la hoja de esta concepción.

No está claro si el conglomerado de las potencias occidentales, que se anidan detrás de ese liderazgo de EEUU, por el factor del capital transnacional estarán en condiciones de permitir grados menores de supremacía, especialmente cuando se enfrenta una de las peores crisis desde antes de la Segunda Guerra Mundial.

Foto: Estados Unidos – El vicepresidente Joe Biden toma el juramento como Secretaria de Estado a Hillary Rodham Clinton. / Autor: MichaelGross – STATE


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