martes, 10 de febrero de 2009

México: Aumenta la fragilidad de su economía

Salomón Cuenca Sánchez - Miguel Gallardo Rodríguez (XINHUA)

La economía de México, en recesión por la crisis global, registra un veloz deterioro debido a una imparable salida de capitales que vacía las reservas de divisas y debilita la moneda del país.

El peso se ha depreciado 30,2 por ciento frente al dólar desde agosto y se encuentra irreversiblemente mermado por la especulación sin freno que efectuaron bancos, empresas y oportunistas en los últimos cuatro meses.

Las reservas de divisas bajaron a la fecha a 84.000 millones de dólares después de que el Banco de México (central) vendiera 18.000 millones en el mercado cambiario desde octubre en su fallido intento por contener la caída del peso.

Enmedio de la incertidumbre económica, las reservas descienden y no se reponen al ritmo en que han sido utilizadas debido a menores ingresos por los deprimidos precios de las exportaciones petroleras y la reducción de las remesas enviadas al país.

La economía de México no tiene los mejores augurios porque cayó en recesión. La institución monetaria dijo el 27 de enero que el producto interno bruto del país cerrará este año con una contracción de entre 0,8 y 1,8 por ciento abajo de cero.

La nueva ola de dificultades económicas y financieras en México afectará el bienestar de millones de familias en el país debido al aumento del desempleo con al menos 300.000 despidos por las quiebras de empresas y carestías de productos y servicios.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) dijo que México cerró 2008 con el segundo peor desempeño económico en la región después de Haití y en 2009 será el peor por abajo de Haití.

La caída de las remesas procedentes de Estados Unidos, la contracción de los ingresos por ventas externas de petróleo y otras exportaciones son señal inequívoca de la precariedad de la economía de México y la fragilidad de su moneda.

Las exportaciones de petróleo y las remesas son en ese orden la principal fuente de divisas en México.

El 6 de febrero de 2009, el dólar cerró en México en 14,47 pesos en comparación con los 10,10 pesos a finales de agosto de 2008. La Bolsa Mexicana de Valores ha tenido altibajos y acumula pérdidas de al menos 15 por ciento desde octubre de 2008.

Analistas aseguran que las colocaciones de dólares por parte del Banco Central en el mercado cambiario frenan por un momento la caída del peso pero atizan la especulación y retroalimentan la depreciación de la moneda.

El aumento del circulante de pesos sin respaldo suficiente en dólares potencia la depreciación y acerca a la moneda a una devaluación súbita, según los expertos.

Pronósticos fallidos

La volatilidad cambiaria y las frecuentes fallas en los pronósticos oficiales sobre el rumbo de la economía del país han suscitado una avalancha de críticas a las autoridades económicas, financieras y monetarias del país.

El legislador de centro-derecha Manlio Fabrio Beltrones afirmó el 6 de febrero que el derrumbe del peso "no viene de afuera" y el gobierno tiene una culpa compartida porque toleró los abusos de los "derivados" por parte de empresas especuladoras.

Beltrones, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), dijo que no basta que el Banco de México informe cuántos miles de millones de dólares ha subastado en apoyo al peso sino que diga "quién se los está llevando".

La cadena de tiendas Comercial Mexicana y otras empresas figuran entre los mayores compra-dólares después de que perdieran en bolsas internacionales con los instrumentos financieros de alta volatilidad llamados "derivados".

Todos los bancos de capitales extranjeros en México comenzaron a enviar dólares desde el país a sus matrices.

El 5 de febrero, el mandatario Felipe Calderón hizo un desesperado exhorto al país a que confíe en la reactivación de la economía a finales de año, pero las cifras duras de las finanzas nacionales apuntan en dirección contraria.

La recesión, la caída de las remesas y la contracción de los ingresos por exportaciones de petróleo a causa del desplome de los hidrocarburos, así como la contracción del turismo, debilitan las finanzas del país.

En 2008, las remesas se contrajeron 3,8 por ciento en comparación con 2007 en su primera baja desde que comenzaron a contabilizarse hace 13 años.

Los precios del petróleo mexicano cayeron en los últimos dos meses a la mitad a unos 39 dólares el barril. Los hidrocarburos aportan el 35 por ciento de los ingresos fiscales en México.

Aunque el plan anticrisis del mandatario conservador fue elogiado por todas las fuerzas políticas del país, diversos sectores lo consideran inviable ante las dificultades fiscales que afrontará el gobierno por la contracción de la economía.

En una postura que también le ganó el aplauso de la sociedad, Calderón garantizó que a pesar de cualquier dificultad económica su gobierno mantendrá la lucha contra el narcotráfico, el cual desató una ola de violencia sin precedente en el país.

El gobernante aseguró que aplicará su plan anticrisis por al menos 12.000 millones de dólares hasta donde los recursos se lo permitan.

El plan incluye la construcción de infraestructura y una refinería, apoyos fiscales y créditos a empresas pequeñas y grandes.

Aunque Calderón considera que la reactivación comenzará en México a finales de año, los expertos menos optimistas consideran que la desaceleración global durará al menos dos años.

México fue de 2002 a 2006 la mayor economía de América Latina y perdió ese título ante Brasil cuando se intensificó la desaceleración económica en Estados Unidos.

Todos los países que tienen a Estados Unidos como su principal socio comercial entre ellos México y naciones de América Central han resentido y resentirán con mayor intensidad la desaceleración norteamericana.

México envía al menos el 80 por ciento de sus exportaciones a Estados Unidos y las ventas externas representan el 35 por ciento de la producción nacional.

Según los expertos, los mayores socios de la superpotencia serán los primeros beneficiarios de la reactivación de la economía en Estados Unidos si funciona el plan de rescate por 800.000 millones de dólares del presidente Barack Obama.

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