lunes, 9 de febrero de 2009

Polinarcosecuestradores - Stornelli: "Este secuestro no forma parte de una interna policial, sino de una banda de delincuentes"

CORREPI

A partir del secuestro del empresario Leonardo Bergara podemos divisar con mayor profundidad como opera el crimen organizado que controla, recauda y gestiona el aparato represivo del estado. Hasta el día de hoy, todos los implicados en el secuestro son integrantes o ex integrantes de la policía bonaerense.

A raíz de la investigación judicial, la fiscal federal Silvia Cavallo y el juez federal Luis Armella apresaron a varios uniformados: Jorge López, dueño de la casa de El Pato donde apareció Bergara; los tenientes Víctor Vega, dela Jefatura Distrital Berazategui, y Maximiliano Costa, de la comisaría 1ª de Quilmes; el ex cabo Néstor Daniel “El Oreja” Ocampo, el capitán Juan Cardoso, procesado junto a Vega por el delito de “secuestro extorsivo”, el ex policía José Pardini, cuyo auto fue usado en el secuestro, y el jefe de la Distrital Berazategui, comisionado Luján. Éste, Costa y Ocampo fueron excarcelados sin que se modificara su vinculación en la causa. Pardini estuvo tres semanas muy tranquilo en su propia casa, mientras su nombre aparecía en diarios, radio y TV. Sólo decidió entregarse después que el gobernador Scioli hiciera, en la puerta de la fiscalía, un público llamamiento ante los medios para que se presentara. Obediente, el “prófugo” se entregó esa misma madrugada.

Como para caramelizar el postre, ahora resulta que se está investigando el vínculo de este secuestro con el triple asesinato de los narcos de Gral. Rodríguez, ya que el “entregador”, un empresario vinculado a las fuerzas de seguridad, sería el mismo.

“No hay estructura civil para poder manejarse de esta manera”, se escuchó decir a allegados a la investigación, según publicó un diario digital. Pero los medios no dejan de reproducir las hipótesis del ministro de seguridad bonaerense Carlos Stornelli, del gobernador Daniel Scioli y de “fuentes judiciales” que señalan que “La Banda” estaría integrada por "mano de obra desocupada”, por uniformados de otras fuerzas o de ex convictos con experiencia en secuestros que fueron recientemente liberados. Y como es de esperar, de una “interna policial”.

Pero ese es “un” aspecto, ya que podría haber sido la policía federal, la de algún caudillo provincial o de cualquier otra fuerza, como la gendarmería. Hombres y mujeres que operan con zonas liberadas, pleno conocimiento de los puntos de control policial, logística, equipamiento, recursos y hasta uniformes que les permitieron secuestrar, mantener oculto a Bergara, cobrar el rescate y liberarlo. La detección de una banda, también de policías, pero federales, especializada en salideras bancarias, en la misma semana que termina es buena prueba de que la criminalidad policial no es patrimonio exclusivo de la bonaerense.

Ni “maldita policía” que vuelve (¿cuándo se fue?) ni “bolsón mafioso: un par de buenas muestras de que el aparato represivo tiene, entre sus funciones, la de gerenciar y administrar el crimen organizado.

A Crítica no le gustó

El 3 de febrero una periodista del diario Crítica se comunicó con nuestra compañera María del Carmen Verdú para pedirle que escribiera una breve columna con nuestra opinión sobre la que era la noticia del día, la “banda de salideras bancarias” de la PFA, y la explosiva situación de la bonaerense con el secuestro de Bergara. La nota fue recibida y agradecida, pero parece que no gustó. Al día siguiente, junto a la nota sobre la banda federal, se publicó otra columna, firmada por una funcionaria del Programa Antiimpunidad del Ministerio de Justicia, Seguridad y DDHH y madre de una víctima del gatillo fácil, que abogaba por la “depuración policial”. Esta es la columna que no fue:

Confesión de parte

Hay delitos más temibles que otros, porque ponen en evidencia un alto grado de organización criminal, logística, inteligencia, poder de fuego, manejo de comunicaciones, zonas liberadas y, sobre todo, impunidad. Es el “crimen organizado”, que maneja los grandes negocios delictivos: secuestros extorsivos, piratas del asfalto, narcotráfico, “protección” mafiosa, contrabando, trata de blancas, tráfico de armas, asaltos “comando” y “salideras” bancarias, asesinatos por “ajustes de cuentas” o “facturas pendientes”.

De vez en cuando, generalmente porque se rompió algún pacto con el poder o se esquivó algún escalón en la red de reparto de ganancias, alguna de esas bandas es expuesta. Viene entonces la “sorpresa” de descubrir que, casi sin excepción, hay miembros de las fuerzas de seguridad involucrados. Hoy son noticia, como "hechos novedosos”, la participación de la bonaerense en el secuestro del empresario Bergara y el protagonismo de sus colegas federales en una banda de “salideras” bancarias.

¿Y la Fiorino con 116 kg. de drogas conducida por el jefe de la delegación federal en Salta, descubierta por un vuelco? ¿Y los 1.000 kg. de Avellaneda, de una banda con policías federales, bonaerenses, santafesinos, servicio penitenciario y hasta un preso “en comisión”? ¿Y el triple crimen de la planta transmisora de La Plata, con su trasfondo de ajuste de cuentas por tráfico de drogas y armas? ¿Y los policías dirigidos por un comisario retirado que “arruinaron” la investigación del juez Faggionato Márquez sobre el tráfico de precursores? Y sigue la lista, que muestra sin dudas quién dirige y administra el crimen organizado en nuestro país.

Ninguna parte del aparato represivo se “autogestiona” ni tiene “políticas autónomas” que expliquen su criminalidad, como tampoco explican el gatillo fácil o las torturas. En su debate con Zaffaroni, el ministro Stornelli, sin querer, dijo la verdad: “el control de la policía está intacto en cuanto a la autoridad política”. A confesión de parte, relevo de prueba.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.