miércoles, 4 de febrero de 2009

Rusia lanza un satélite científico para estudiar las incógnitas del Sol

Andrei Kisliakov (RIA NOVOSTI)

El lanzamiento reciente del satélite científico ruso Koronas-Foton, desde el cosmódromo de Plesetsk, para la investigación del Sol, tiene gran importancia científico-técnica y devuelve el optimismo sobre el carácter multifacético de la cosmonáutica nacional.

Y no es para menos, hacia más de diez años que Rusia no ponía en órbita ningún satélite científico, mientras que los estadounidenses, nuestros eternos competidores en este campo lanzaron en ese mismo período de tiempo, más de 40 artilugios orbitales.

A no ser de que se incluya en esa lista el satélite "Tatiana-1" fabricado por estudiantes y profesores de la Universidad Lomonósov de Moscú, lanzado en enero de 2005 con fines didácticos y el satélite Fotón-M3 lanzado en mayo de 2007 para experimentos con roedores y vegetales.

Pero ambos satélites trabajaron en la órbita muy poco tiempo y las tareas desarrolladas no tuvieron ningún valor científico importante.

Hasta la semana pasada, Rusia el país que abrió la era del comos y el que cada año lanza al espacio la mayor cantidad de satélites que el resto del mundo, no tenía en órbita un satélite de investigación científica propiamente dicho.

Para la ciencia y cosmonáutica rusa fue una omisión muy deplorable porque únicamente los satélites de investigación ubicados en la órbita terrestre y en el cosmos lejano pueden dar respuesta a interrogantes fundamentales relacionados con el futuro del nuestro planeta.

Sin las respuestas a esos interrogantes no se pudo realizar el primer vuelo del hombre al espacio, y sin la información que recopilan los satélites científicos no se pueden plantear la realización de viajes interplanetarios.

El estudio del Sol ocupa un puesto principal en la ciencia del cosmos. Y el lanzamiento de satélites es la única posibilidad de estudiar este astro de forma directa. Por esa razón, los satélites científicos de gran tamaño, y las estaciones automáticas interplanetarias fueron lanzados al espacio más que todo para investigar el Sol.

En el marco del programa internacional Interkosmos, la URSS lanzó la mayor parte de sus satélites destinados a estudiar el Sol. El primer satélite Interkosmos-1 lanzado en 1969 tenía instrumentos para polarizar de la radiación de las explosiones solares.

Además, el astro rey fue estudiado por aparatos rusos elaborados según el programa KORONAS (anagrama formado de la expresión, observaciones estructurales sobre la actividad del Sol desde órbitas terrestres).

El Koronas lanzado en 2001 con una masa de casi dos toneladas suministró un amplio volumen de material científico debido a que en su interior se instaló más de 15 instrumentos entre espectrómetros, fotómetros y telescopios.

De esta manera, los científicos obtuvieron informaciones sin precedentes sobre una de las más fuertes explosiones ocurridas en el Sol en el otoñó boreal de 2003. Se registró el desprendimiento de materia de la corona solar a velocidades sorprendentes de 2.000 kilómetros sobre segundo, y una serie de nuevos fenómenos como la formación de plasma de alta actividad dinámica con temperaturas de hasta 20 millones de grados, mientras que la temperatura en la corona solar es de 1-2 millones de grados.

Durante las tormentas magnéticas de alta intensidad se descubrieron deformaciones en la magnetosfera terrestre y también perturbaciones en el movimiento de cinturones de radiación.

Por primera vez, la ciencia pudo registrar un fenómeno exclusivamente raro y consistió en que en superficie desde Luna se reflejó una gigantesca emanación de radiación gamma, producida por la explosión de una estrella de neutrones, lo que permitió estudiar la energía de esa explosión.

En lo que se refiere al recién lanzado satélite Koronas-Foton entre los objetivos científicos figura el estudio de mecanismos para pronosticar con determinada exactitud la formación de explosiones solares.

Por el momento, se sabe que el Sol tiene un ciclo de actividad que dura aproximadamente once años. La formación de las manchas solares también está condicionada a ciclos, mientras más numerosas son manchas en el Sol, es mayor la intensidad de la actividad solar. Precisamente a partir de las manchas se forman las explosiones.

En general, los científicos y expertos responsables de programas espaciales están profundamente interesados sobre cuál será la actividad solar en el próximo ciclo y en los que le van a suceder. Esto es muy importante para determinar el denominado "clima del espacio", especialmente para la organización de vuelos espaciales tripulados.

El conocimiento anticipado de la actividad solar durante el tiempo que dure el vuelo espacial es clave para pronosticar el efecto que podrá tener las explosiones solares en las naves, instrumentos y aparatos y también en el organismo de los cosmonautas, sobre todo porque durante las explosiones puede haber fuertes emanaciones de energía en forma de radiación corpuscular con muchas capacidad radiactiva.

Otra tarea no menos importante, es el estudio del Sol como estrella y en calidad de estrella, nuestro Sol es inestable y tiene propia dinámica para la ciencia desconocida. Los telescopios Tesis elaborados por científicos rusos suministrarán más de un millón de fotografías del Sol en espectro ultra rojo y en rayos X.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.