viernes, 27 de marzo de 2009

A 80 años de una audacia protestante

Domingo Riorda (ECUPRES, especial para ARGENPRESS.info)

Edimburgo 1910. Las iglesias protestantes europeas se reúnen para analizar su misión. Buenas ideas. Buenos discurso. Sin embargo, no se pueden desprender de la idea de que Europa es el ombligo del mundo. Sin ambages afirman que no les corresponde pensar en América Latina y Caribe. La consideran que es católica romana. La impronta de la época de la Reforma Protestante, cuando se creía que cada país tenía la religión de su soberano, les hace trampa. La población latinoamericana tiene su patrón religioso. Cada uno con su propiedad. Ellas tienen Europa y sus colonias.

Los protestantes latinoamericanos, acuciados por sus pares norteamericanos se rebelan. Al frente, alguien que será recordado por siempre, un tal John R. Mott. Nacido en una fecha histórica, 25 de mayo (de 1865), en Nueva York, es pieza clave para el entramado de la toma de conciencia de un movimiento evangélico anclado en las tierras de Martí, Sandino, Bolívar, San Martín, Artigas.

Decididos a no aceptar la dependencia del supuesto ombligo del mundo se reúnen en Panamá en 1916. Luego en Montevideo en 1925. Posteriormente en La Habana en 1929. En Panamá, el interés por el aspecto social. En Montevideo la confirmación del ser latinoamericano. En La Habana, la consolidación del continente como marco de una misión imposible de negar y de una necesidad del protestantismo para la sociedad latinoamericana, en medio de la crisis del 29.

El mapa mundial ya había sido dañado por la Guerra del 14. La conocida como Primera Guerra Mundial, simplemente porque afectó a los países europeos que se creían el centro del planeta, y porque cuando ocurre algo desastroso no puede llevar el nombre de su continente y le echan la culpa al mundo. La inmigración crece en toda América Latina, a la par del convincente mensaje europeo de modernizar esas naciones. Deben dejar de ser salvajes. Cambios sociales por todas partes. Aplastamiento de las rebeldías obreras y de las independencias nacionales.

Con el dato de una población protestante de unas 712 mil personas, otro tanto de simpatizantes y buena profundización en las culturas nacionales y continentales, se elige La Habana como sede del Congreso Evangélico Hispanoamericano. Participan líderes de iglesias y representantes del movimiento misionero norteamericano. Es la primera vez que un congreso de ese calibre es dirigido por los locales continentales. Afirman su identidad. No cortan lazos con las iglesias europeas. Solo proclaman lo que es mucho, decir que existen. No aceptan que se repita lo que ocurrió con los aborígenes que fueron llevados a Europa para que certifiquen sin son humanos o animales. No necesitan ni quieren el certificado de bautismo europeo para que confirmen que son protestantes.

Hoy sus desafíos subsisten. Los acompañan otros nuevos. Algunos, no pocos, recientes. Los de anteayer, los de ayer y los de hoy serán tenidos en cuenta, pensados y analizados en el Congreso que se realizará en Cuba desde el 22 al 26 de junio de este año y que recordará los 80 años de aquel otro Congreso. Lo convoca el Consejo de Iglesias de Cuba, el Seminario Evangélico de Teología y el Centro Memorial Dr. Martín Luther King Jr. Será en el Seminario Evangélico de Teología, de Matanzas.

En el comunicado de los organizadores se lee que “La audacia de aquellos líderes evangélicos, su entrega y compromiso incondicional, es fuente de inspiración para nosotros y nosotras en la actualidad, así como un acicate para la búsqueda de una respuesta profética y ecuménica de la iglesia latinoamericana en el presente histórico de nuestro continente, signado por un proceso de integración”.

Conferencias magistrales, trabajo en grupos, narraciones testimoniales, así como el compañerismo en la adoración y buenos momentos de alegría, estarán dominados por tres ejes. La identidad evangélica latinoamericana, enraizada y encarnada en la cultura e historia de sus pueblos. La unidad cristiana, que tendrá como marco la voluntad y acciones integradoras de los pueblos. La misión integral de las Iglesias en medio de la situación que enfrentan los cristianos y cristianas de la región.

Solo resta que en medio de todo ello se recuerde, y se haga carne, la poesía del líder protestante brasileño Rubem Alves, “El protestantismo es un sueño para mí/ Lo amo porque cuando soy poseído por sus símbolos, siento que mi cuerpo se hace más ligero y casi vuela/Amo el recelo calvinista hacia todas las formas de idolatría/Amo el cuidado calvinista por la creación de Dios/ Amo, además, la belleza de la soledad profética … Si el protestantismo aún es joven/ Si aún tiene el poder de seducir/Si es tan fuerte como para poseer cuerpos y hacerlos bailar, volar y luchar/. /Todo depende de su poder para hacer que otras religiones y tradiciones sueñen/Tal vez no se conviertan al protestantismo, pero es seguro que se volverán más ligeras”.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.