lunes, 9 de marzo de 2009

El conflicto en Darfur y la desintegración del Sudán


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Lo que trasciende detrás de la acusación y orden de arresto de la Corte Penal Internacional (CPI) en contra de Omar Hassan Ahmad al-Bashir, el jefe de estado sudanés, es la desestabilización del régimen y la posterior desintegración territorial del país más extenso de África.

Independiente de los méritos intrínsecos de la acusación, lo que permea a través de la medida en la perspectiva amplia, es incitar a la desestabilización de Sudan, un “sueño” antiguo de la Alianza Transatlántica para obtener la esquiva plataforma continental militar de gran alcance.

Sudán, especialmente en el centro-norte sería el sitio ideal. De bajo relieve, poco poblado, y con recursos humanos y físicos privilegiados. Un verdadero centro, equidistante de los lugares neurálgicos.

La editorial de New York Times del día sábado 7 de marzo recomendaba la destitución de Omar el-Bashir, “Que el resto del mundo intensifique las sanciones sobre los seguidores de Omar Hassan Ahmad al-Bashir, para que finalmente se liberen de él”…. El influyente The New York Times tiene pedigrí en recomendar destituciones y desintegración de países que no están en la órbita de la alianza occidental. Apoyó desde el inicio la tesis de las armas de destrucción masiva en Irak, la destitución de Sadamm Hussein y la invasión. (FAIR;2008)

Lo que no se ha obtenido hasta el día de hoy en diferentes locaciones en Europa Occidental, con Turquía, con Israel y algunos países del golfo pérsico, y últimamente con Irak, la Alianza más poderosa de la tierra lo puede conseguir con Sudan, si se da curso al caos que podría causar la destitución de Ahmad al-Bashir.

A la Alianza Transatlántica, se le ha puesto esquivo este objetivo por el régimen ultra nacionalista que Sudan ha desarrollado desde la caída de Gaffar Nimeiri (1969-1985),en 1985, que ocurre cuando éste negociaba un plan de construcción de una plataforma militar con aeropuertos y bases militares en el Sudán oriental.

Sudán ha tenido una relación especialmente pendular con EEUU. The Angeles Times informaba en 2005, que los servicios de inteligencia del Sudán, habían colaborado con las actividades de inteligencia de EEUU para contener el terrorismo en Irak. Posteriormente estas relaciones se enfriaron, hasta que en 2008 en marzo en una conferencia internacional en Khartum, el Gobierno preguntaba “Por qué Occidente no hacía como China en ayudar a Sudán”.

Respecto al arresto, el Consejo de Seguridad de la ONU está dividido. Francia, el Reino Unido y Estados Unidos lo apoyan .China y Rusia lo rechazan y conjuntamente con la Organización de Unidad Africana (OAU) demandan que se levante la orden. Este grupo sostiene que al existir una guerra, la orden de arresto lo único que hace es agravar el conflicto.

La orden fue promulgada el 4 de marzo acusándolo de crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad en Darfur. La acusación de genocidio fue desechada por no haber suficientes pruebas.

Grupos y voces independientes a favor de los DDHH han criticado la medida por considerarla una ostentación del fiscal de la CPI, Luis Moreno, especialmente en el sentido de hacerla pública. En parte lo encuentran responsable de la actual situación extrema de expulsión de las agencias humanitarias independientes. “Frente a una medida extrema se aplica otra medida extrema”, nos dice un representante de una agencia de DDHH.

El juez Luis Moreno genera polémica y propende para algunos al exhibicionismo. En octubre 2006 se le acusó de acoso sexual a una periodista, acusación suspendida posteriormente, aunque después fue conminado a responder frente a una nueva acusación esta vez de abuso de poder al despedir al funcionario de la CPI que intermedió en la acusación de acoso. También ha sido partidario de iniciar una acusación en contra de Israel por crímenes de guerra.

Antonio Casesse el primer presidente del CPI sobre la Ex Yugoslavia y posteriormente presidente de la comisión de investigación sobre Darfur, lo ha criticado acerbamente desde julio de 2008 por basar la acusación en el expediente de genocidio que al final fue insuficiente, y hacer pública la orden de arresto.

Se conoce bien en los pasillos de las agencias internacionales, que la acción de las milicias Jangaweed - que han cometido las atrocidades en Darfur-, están para contener el separatismo del Movimiento de Liberación de Sudán (SLM), y la penetración de fuerzas desestabilizadoras externas.

Los Janjaweed (“diablos armados a caballo”, es una de las traducciones), pertenecen a la amplia categoría de tribus nómadas del norte del Sudán y de África, cuyos orígenes étnicos se pierden en el horizonte de la historia nómade de África.

Emergen en la configuración de una milicia armada tribal, a partir del conflicto territorial entre Libia y Chad, en 1988, y hay que aclarar: No es un invento del General Al- Bashir.

Surgen como milicia organizada, cuando Acheickh Ibn Omer Saeed, un protegido chadiano de Gaddafi se refugia con sus fuerzas en Darfur, y es acogido por el Sheikh Musa Hilal, de Darfur, que había internado armas originadas en Libia para las fuerzas de Omer Saeed.

Convertidos en milicianos según quién los protege, los arma y les paga, son una suerte de mercenario africano, y hoy están apoyando al gobierno de Sudán, mañana puede que no. En 2008 en los Janjaweed se empezaron a detectar deserciones. Muchos sintieron la amenaza de la Corte Penal Internacional que ya se venía propagando.

En una guerra que lleva seis años, el proceso de negociaciones ha sido fragmentado y el gobierno sudanés ha reconocido con reparos la existencia del movimiento separatista, que en parte es similar al movimiento separatista de John Garang, formado militarmente en EEUU, y su People´s Liberation Army (PLA), que le plantó una guerra al gobierno de 22 años (1983-2005).

El virus del separatismo se ha propagado a Kordofán al sur, y en el extremo sur los ánimos separatistas se mantienen a pesar del acuerdo en 2005. Sudán puede partirse en varias secciones en un tris. Mucho depende de la presión occidental sobre China, Rusia y los países africanos – que son los que sostienen la integridad territorial de Sudán.

Dev Nathan en la prestigiosa revista india Economic and Political Weekly, en un artículo se acopla a la perspectiva exclusiva de los problemas étnicos: “El conflicto en Darfur, deriva principalmente de la naturaleza del proceso primario de acumulación que surge en las formas tempranas de reconciliación y redistribución entre las comunidades étnicas”. La presión occidental para que Sudán pierda la integridad territorial se omite.

La elite del poder sudanesa civil y militar es sofisticada. Cuentan con que el poderío está en la vastedad del territorio y están consciente del esfuerzo pos colonial por fragmentarlo. El separatismo étnico ha sido una variable conjugada en tiempos de la confrontación bipolar. Los sudaneses han intentado formar parte de los grandes consensos globales, sin embargo existiendo ese objetivo de la gran Alianza, para operar desde Sudán grandes desplazamientos militares, esas aspiraciones se han esfumado.

Foto: Sudán – Marcha de protesta en Darfur contra la medida de la Corte Penal internacional (CPI) de acusación y orden de arresto sobre el presidente Omar Hassan al-Bashir. / Autor: Zhang Meng - XINHUA


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