lunes, 9 de marzo de 2009

El kirchnerismo debilitado, no cambia la estrategia: Superlógico

PRENSA DE FRENTE

Poniendo equilibrio, evitando la ruptura final, así acumuló su mayor caudal de poder el kirchnerismo, luego de derrotar al duhaldismo electoralmente en 2005. Con el PJ neutralizado, la falseada polarización en la que avanzó durante el conflicto con las patronales agrarias lo llevaron a perder terreno. La recuperación de la iniciativa la intentará por la vía que más cómoda le queda tras la derrota de 2008: diálogo y negociación.

En 2005, el principal obstáculo era Eduardo Duhalde y todo lo que siempre representó. Dejar atrás un modelo de hacer política - “la vieja”- y comenzar a modificar el reparto desigual de la torta, habían sido las promesas de Cristina Kirchner durante la campaña legislativa de aquel año, con final de paliza sobre Hilda “Chiche” Duhalde. Sin embargo, la redistribución no terminó de arrancar nunca y los derrotados fueron recibidos más tarde sin trabas por el oficialismo. Hoy, 2009, el obstáculo es la Mesa de Enlace y los discursos de una derecha política que sueña con volver. Eso y la negativa sistemática de aplicar políticas sociales más ambiciosas y universales, las escasas medidas de peso real en defensa del bolsillo de los trabajadores y el pueblo, conforman dos caras de la lógica kirchnerista, cada día más desgastada por derecha y sin sustento popular de peso para avanzar.

Los aliados de no fiar a la hora del éxito, parten para ser la vieja novedad a la hora del desgaste: de 2003 a 2005 a Eduardo Duhalde, Kirchner lo sorprendió. Minó el poder de su antecesor en propia provincia de Buenos Aires, le birló, por la razón que fuere, a numerosos intendentes y/o jefes territoriales, etc. Con quienes no saltaron, con la porción de aparato partidario que no se le plegó, el pingüino tendió puentes un día después de los comicios. La “vieja política” pasaba ser patrimonio exclusivo de Duhalde y la “amnistía K” fue generosa.

Entre otras cosas, Duhalde representa en su figura, el transformismo político de los cuadros de los dos partidos mayoritarios, la UCR y el PJ, ambos muy cuestionados en las jornadas de diciembre de 2001. Kirchner llegó al poder como inesperada solución interna y por arriba. Habiendo acumulado considerables porciones de poder a la interna del PJ, de 2005 a 2007, el santacruceño se dedicó a convencer a dirigentes y sectores de los partidos opositores, de la UCR, del partido socialista, del PC, entre otros, de poner en pie un espacio progresista, destinado a polarizar en equilibrio con otro, de centroderecha: “el modelo chileno” repetían los rápidamente convencidos, con el Frente Para la Victoria – herramienta electoral K – como principal fuerza. La candidatura de Cristina Kirchner y su perfil parlamentarista cerraba el esquema. Agitando concertaciones, Cristina arrasó en las urnas. Lo hubiera hecho agitando lo que sea.

El discurso inicial de la presidenta fue mayor institucionalidad - bandera arriada a la oposición de centro derecha – y para el progresismo, otra vez promesas de mayor distribución de la riqueza. Tras la victoria de su mujer, Néstor retomó la sinceridad y se erigió enseguida como jefe del único partido que le aseguraba bajo su ala gobernabilidad, votos y poder de movilización, el PJ, el de siempre. La “concertación plural”, servía entonces como idea aromática para contener a los extrapartidarios pero inefectiva a la hora de los porotos y estaba representada por un ignoto ex gobernador radical de Mendoza. Un radical de partido, como tantos otros empleados de partido a los que Kirchner cobijó.

Es sabido, enseguida el conflicto de las patronales agrarias corrió el esquema general algunos grados a la derecha. En términos políticos, el gobierno fue seriamente golpeado, perdió funcionarios claves en su armado como Alberto Fernández, perdió iniciativa, perdió apoyos progresistas (Barrios de Pie, Bonasso, Ibarra), perdió apoyos por derecha (Urquía, Romero, Reutemann, Obeid, Schiaretti), varios gobernadores, ex gobernadores y hasta intendentes jugaron a diferenciarse del oficialismo. Algunos continuaron su huída, otros regresaron. Fiel a sí mismo, el kirchnerismo no dudó en reconvocar a figuras como Aldo Rico y Luis Barrionuevo. El oficialismo hoy ni siquiera puede asegurarse en su favor la movilización masiva de la CGT, de intendentes y gobernadores. Actores todos contados como propios, pero que endurecen las negociaciones como nunca antes. Perdiendo consenso por derecha, sólo con la CGT no hay plataforma siquiera para medidas reformistas.

Quienes apoyan al gobierno desde el progresismo, dicen que a la izquierda esta la pared, y a veces parece ser cierto, sobre todo en momentos en que partidos trotkistas, maoístas y el progresismo se alían o coquetean con la Sociedad Rural, al sojero Buzzi o a la nuevamente resucitada por la milagrosa Elisa Carrío, la Unión Cívica Radical. El resto de la izquierda, pese a no haberse alineado con el campo, no logra poner en pie una opción visible. A las ansias de equilibrio del oficialismo esa pared le viene de maravilla.

La perogrulla idea de que los Kirchner solo se podían apoyar en el PJ para ganar elecciones "tranquilos" es estrictamente cierta. La hipótesis de que no conviene hacer el gasto de gobernar con la CGT en contra no parece fallar. Todo es correcto en el esquema de poder pingüino, que es, como dijimos, un esquema de equilibrios. Frente a la primer disputa local seria, en el que terminaron entreverados intereses económicos, políticos y culturales profundos, el oficialismo no funcionó, porque no fue pensado para disputar realmente, más allá de que, en lo discursivo, es sensiblemente mejor que el resto, lo que no se hizo o impulsó a tiempo por falta de decisión, no se hace más.

Presentado como una victoria – cuando lo es sólo en términos estrictamente coyunturales - el acuerdo tras la reunión entre la presidenta y la Mesa de Enlace es el resultado tardío e inequívoco de la derrota del oficialismo a manos de la corporación sojera y sus apoyos en 2008. Del monocultivo como principal fuente de financiamiento propio al “clima destituyente” y las plazas antigolpistas de 2008, retrocediendo para ensalzar la “nobleza” de Biolcati y Buzzi en 2009, el kirchnerismo recompone fuerzas nuevamente, pero habiendo perdido la batalla principal.

La oposición de (centro) derecha agrupada genéricamente en los espacios UCR – Carrió – Socialismo y Macri - Solá – Duhalde y otros figurones conservadores como Cobos, Reutemann y De la Sota es a todas luces impresentable. Pero en la medida en que estos espacios suman expectivas mediáticas por derecha, el kirchnerismo no se decide a “abrir” el juego y seguramente nunca lo haga, no está en su lógica.

Las políticas sociales no se universalizaron durante los cinco años de crecimiento. Conseguir el PJ y no darle juego concreto a otros espacios políticos progresivos fue el esquema, lógico y práctico, pero no exitoso. La propuesta de la CTA de instalar una asignación por hijo que abarque a los desocupados y trabajadores informales apunta en tal sentido. No es escuchada. Trabajadores que toman fábricas en proceso de vaciamiento, arrojados a la buena de sus luchas y números preocupantes en cuanto a suspensiones y despidos, desmienten por un lado las afirmaciones del ministro Carlos Tomada, quien afirma que "la crisis no impactó sobre el empleo" mostrando también la inacción del gobierno frente a los ajustes empresarios. Sólo datos que pueden completarse sin otros en los que el gobierno demuestra falta de decisión para ante reclamos populares.

Por inercia, todo parece indicar que en 2011 cuando se cumplan diez años de 2001, sea del color que sea, va a gobernar el país un propuesta hegemonizada por las tradiciones de derecha, los funcionarios se parecerán bastante a Sergio Massa, Julio De Vido, Aníbal Fernández y Florencio Randazzo diciendo lo que en verdad piensan y el presidente o la presidente no será ni pingüino ni pingüina. De las fuerzas populares organizadas dependerá evitarlo y para ello, la presentación de una propuesta alternativa coherente, amplia y con posibilidades palpables de intervención sobre la agenda nacional, parece ser el desafío.

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