viernes, 27 de marzo de 2009

El Salvador: Recordando la crueldad, hermana de la impunidad

José Mario Zavaleta (especial para ARGENPRESS.info)

Dos situaciones han dominado la nutrida agenda de la realidad salvadoreña esta última semana; las dos tienen que ver con la desgracia y con la sed de justicia que aún se busca en el Pulgarcito de América.

Exactamente a dos semanas de prescribir judicialmente, luego de diez años de impunidad, el caso Katya Miranda – la niña que murió asesinada luego de sufrir violación, a metros de la propiedad de playa de su familia paterna, precisamente un cuatro de abril mientras vacacionaba junto a ella – sorprendentemente ha sido reabierto por la Fiscalía General de la República a través de una nueva figura, presentada ante un juzgado del departamento de La Paz, al sur de San Salvador, la capital; esta vez luego de la captura de Carlos Miranda, el abuelo que años atrás fue sobreseído definitivamente luego de ser acusado de la violación y el asesinato de su nieta, razón por lo que no puede ser indiciado por esa misma causa. Junto a Miranda han sido detenidos en el mismo operativo policial de fin de semana otras siete personas presuntamente involucradas en el secuestro frustrado de la niña Katya.

Según la hipótesis de la Fiscalía, la noche de los acontecimientos, el abuelo hizo beber un somnífero a la nieta, al parecer bajo sobredosis, luego de lo cual la traslada hacia la playa, donde la entregaría a los miembros de una banda de maleantes que la iba a mantener secuestrada, con la finalidad de involucrar como autor a Doroteo Maradiaga – ya fallecido -, con quien mantenía una disputa por una deuda no pagada. Al sufrir los efectos de la sustancia ingerida en exceso, los delincuentes se negaron a llevarse a la víctima por considerarla muerta, por lo que el abuelo urdió el plan de la violación y asesinato fingido. Así, la Fiscalía salvadoreña se aventura a litigar este delicado caso, ante las dudas de especialistas judiciales y penalistas que ven pocas posibilidades de sostener, y con ello, provocar una nueva y dolorosa frustración de la sociedad.

Hasta el mismo Fiscal General, Félix Garrid Safie, ha salido a relucir en medio de suspicacias de críticos, que interpretan esta acción de última hora con propósitos de ganar puntos ante la próxima elección para un nuevo período, en que él se considera candidato a la reelección. En la pasada campaña presidencial fue señalado de actuar como militante de Arena, al utilizar la institución en su apoyo, participando en los recordados intentos de involucrar al FMLN, y algunos de sus miembros, en el caso de la computadora de las Farc, y luego con los llamados “grupos armados”. Ambos intentos quedaron nada más como eso, pero arrastrando para sí más desprestigio de la Fiscalía General al ocuparse tendenciosamente en cosas electorales, mientras la demanda de justicia entre la población es incontenible.

Mientras esta nueva saga se alarga para las siguientes semanas y quizás meses, el veinticuatro de marzo ha sido recordado por la población el Arzobispo de San Salvador, Oscar Arnulfo Romero, asesinado mientras celebraba la eucaristía en el Hospital la Divina Providencia, dedicado al cuidado de pacientes con cáncer. Diversas actividades se han realizado en su memoria, entre marchas, vigilias, eventos culturales y ceremonias litúrgicas, todos para conmemorar el vigésimo noveno aniversario de su muerte, cada vez con más participación del pueblo que ya lo considera santo, “San Romero de América”; y en esta ocasión en medio de la alegría popular por el triunfo del FMLN, al ser electa la fórmula integrada por Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, y que coincidentemente ocurre en medio de la interpretación vernácula de causa y efecto. Como quiera que sea, las emociones vibran en los salvadoreños mientras esperan la instalación del primer gobierno surgido de la izquierda y el movimiento popular el próximo uno de junio, ver para creer.

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