miércoles, 8 de abril de 2009

Ejemplos

Adolfo Aguirre (ACTA)

Poco se habló esta semana de las multitudinarias movilizaciones en Italia y Francia, encabezadas por sus centrales sindicales y, en cambio, mucha tinta se gastó en las conclusiones a las que llegaron las economías más desarrolladas en el G20.

Mientras las potencias resolvieron seguir alimentando el status quo de la economía mundial, los pueblos salieron a la calle y exigieron no ser carne de cañón de esa gran estafa mundial.

Roma se paralizó. Desde todos los puntos, los manifestantes arribaron al casco antiguo de la capital para expresar el apoyo a quienes día a día pierden su trabajo, a quienes el sueldo no les alcanza, quienes están desempleados y no tienen ninguna oportunidad. La masiva convocatoria de la central sindical italiana –la CGIL–, que superó las 2 millones de personas muestra que las medidas que se están tomando no apuntan a construir un nuevo modelo productivo con mayor justicia social sino a salvar a los sectores financieros responsables de esta crisis.

La convocatoria de la Confederación General Italiana de Trabajadores -CGIL- expresaba: “Futuro Sí, regresión No”. Su secretario general, Guglilmo Epifani, dijo: "Esta jornada se recordará durante mucho tiempo, pues hay mucha gente, hay una parte de la Italia del trabajo, de los jubilados, de los precarios". La CGIL entiende por futuro la regularización de los trabajadores inmigrantes para combatir el trabajo negro y considera a la inmigración un recurso para el desarrollo.

Hay que recordar que manifestaciones que también se realizaron por estos días en Grecia, han marcado la diferencia con los sectores reaccionarios que pretenden que los trabajadores inmigrantes sean los chivos expiatorios de esta crisis capitalista. Las reivindicaciones sindicales griegas fueron dedicadas a Costantina Kuneva, una ciudadana búlgara residente en Atenas, que llegó a ser secretaria general de un pequeño sindicato de trabajadores de limpieza y a quien, debido a su actividad sindical, desconocidos atacaron salvajemente.

Dos semanas atrás, también Francia se vio desbordada por un río de 3.000.000 que salieron a la calle en más de 219 movilizaciones en todo el país. Empleo, mejores salarios, protección social, servicios públicos, fueron las consignas coreadas por las centrales sindicales en Francia, como a CGT y la CFT. “Esta jornada de lucha, expresión de un remolino social en que se acumulan numerosas luchas en las empresas, representa una nueva etapa tal en la movilización que el gobierno y los empresarios no la pueden ignorar”, dijeron.

En Francia, como en muchos otros países del mundo, el Gobierno y los empresarios acusan a los trabajadores de “egoistas” intentando así tapar el sol con un dedo. Poderosas manifestaciones en Irlanda, Portugal, Lituania Grecia, Islanda e Inglaterra muestran la postura irrestricta de los trabajadores que no aceptarán pagar los platos rotos de una crisis que se cocinó con el caldo del fundamentalismo de un sistema voraz y despiadado.

En la calle y en las ideas está la batalla cotidiana de los trabajadores para que esta crisis provocada por la especulación financiera no caiga nuevamente sobre nosotros, para que no la sigamos pagando los sectores más débiles, quienes siempre terminamos siendo las víctimas privilegiadas del modelo neoliberal.

El trabajo es la fuerza esencial para construir un mundo distinto. Por eso los trabajadores y nuestras organizaciones tenemos la oportunidad y la responsabilidad de luchar y crear, pelear y forzar alternativas ligadas a la producción, el pleno empleo y el bienestar social y un nuevo orden mundial en el que quepamos todos y todas.

Adolfo Aguirre es Secretario de Relaciones Internacionales de la CTA.


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