miércoles, 8 de abril de 2009

El Salvador: Tercera edad soledad y abandono

Leonor Cárdenas - Jazmín Álvarez (COLATINO)

Nacer, crecer, reproducirse, envejecer y morir esa el ciclo de la vida para todo ser humano quien en muchos de los casos envejece rodeado de soledad, miseria y abandono, tanto por la sociedad como por sus familiares.

“Todos los días me levando dando gracias a nuestro padre celestial por la vida que me ha prestado y le pido que me ayude a obtener el pan de cada día y que me dé fuerzas para seguir adelante”, manifestó Francisco López Mendoza, de 80 años de edad.

Según el octogenario, quien dijo tener día y medio sin probar alimento, su vida es mucho más dura desde que sufrió el accidente que lo dejó lesionado del pie y brazo derecho.

“Desde que me atropelló el carro no puedo caminar bien, el brazo se me torció, me falla la vista y tengo azúcar en la sangre”, comentó el anciano, quien dijo vivir en una champa de lámina ubicada por el Penal de Mariona. “Ahí me han dado donde dormir los dueños de la champita, a cambio de que se las cuide”, explicó López.

El rostro marcado por las cicatrices del tiempo y su mirada cansada reflejan la necesidad del anciano, quien dijo que debido a la falta de recursos económicos, no puede salir en busca de ayuda cuando lo “atacan” las dolencias de su cuerpo producto de las lesiones del accidente.

Al igual que don Francisco, Domingo Alfaro Portillo, de 74 años de edad, también sufre del abandono de sus seres queridos pues aseguró que desde que murieron sus padres ha vivido en las calles, aguantando maltratos, hambre y frío.

“Yo no tengo familia, yo duermo en un dormitorio público, cuando hay para comer como cuando no, no, de todos modos ya me he costumbre a aguantar hambre”, dijo Alfaro, con una mirada fría y un rostro sereno, como sí su paso por la vida hubiese sido de mucho sufrimiento.

Por coincidencia del destino, Alfaro, al igual que López, también fue atropellado, accidente que lo dejó lesionado de su pierna derecha, lo cual le provoca dificultad al caminar.

“Una moto me atropelló hace dos años, me fregó la mano y la pierna, la mano se me compuso más o menos, pero la pata (pierna) me quedó panda. Según dicen los médicos necesito una operación, pero yo les tengo miedo, la verdad, por eso no me dejo operar”, explicó Alfaro.

Desde hace algunos años, Alfaro, junto a López y otros ancianos, visitan el comedor “Mamá Margarita”, un lugar donde gracias a la ayuda de personas caritativas más de 120 personas de la tercera edad reciben dos tiempos de comida.

Desde antes de las 7:00 de la mañana, una larga fila de ancianos necesitados de alimento rodean el inmueble ubicado en el barrio San Miguelito, una cuadra al sur de la Iglesia María Auxiliadora (Don Rúa), San Salvador.

Don José Panameño, un anciano lugareño de los alrededores de la iglesia don Rúa, dijo sentirse satisfecho por recibir dicha ayuda, ya que muchas “veces las personas de mayor edad somos muchas olvidados por la sociedad, por que nos consideran incompetentes para desarrollar nuestros labores por el simple hecho de ser ancianos.

Esto nos priva la oportunidad de luchar por obtener el pan nuestro de cada día; también somos muchas veces olvidados por nuestros propios hijos que al hacer ellos su hogar se ocupan de atenderlo, haciendo a un lado a los padres. Pero gracias a Dios contamos con el apoyo de muchas instituciones que nos brindan la mano al más necesitado como lo hace este comedor”.

El anciano aseguró que para poder accesar al comedor algunos de los requisitos a cumplir son: tener un aspecto de aseo, realizarse los exámenes de orina, pulmones, sangre, estupo (garganta), dos fotografías y ser mayor de 60 años.

Panameño, explicó “que antes de cada tiempo de comida realizamos un convivió litúrgico, donde oramos dando las gracias por recibir los sagrados alimentos. Además realizan viajes, como ir a la playa y actividades que mantienen al adulto mayor entretenidos sanamente”.

Es lamentable que solamente en el mes de enero (mes de la tercera edad) las autoridades gubernamentales festejen a los adultos mayores, ya que el resto del año muchos de ellos sufren hambre, frío, soledad y abandono, el cual los vuelve más vulnerables.

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