miércoles, 8 de abril de 2009

Moldavia: El fantasma de una “revolución de color” llega a Chisinau

RIA NOVOSTI

Las manifestaciones de protesta que la oposición organizó en la capital de Moldavia para impugnar el resultado de las recientes elecciones parlamentarias derivaron el pasado martes en desórdenes públicos y reanimaron al fantasma de otra "revolución de color" en el espacio postsoviético.

Diversos comunicados que fueron llegando desde la capital moldava a lo largo de ayer indicaban una solución de compromiso entre el Gobierno y la oposición, que supuestamente dejaron a un lado las diatribas recíprocas y quedaron en realizar un nuevo recuento de las papeletas de voto. Sin embargo, más tarde se supo que el dirigente del Partido Liberal, Dorin Kirtoake, se retractó del acuerdo y exigió que se repitan las elecciones, no el escrutinio. Este político llamó a sus partidarios a permanecer en la plaza central de Chisinau hasta la victoria, tal y como hicieron en su momento los autores de las llamadas revoluciones de color en Georgia, Kirguizistán y Ucrania. Vladímir Voronin, actual presidente de Moldavia y líder del Partido Comunista que se impuso en las urnas, acusó a los opositores de intentona golpista.

Tanto las autoridades como la oposición exhortan a los manifestantes a cesar los disturbios pero ambos bandos reconocen que la situación escapó de su control.

Chisinau se sume en disturbios callejeros

La capital de Moldavia, Chisinau, se sumió ayer en una oleada de disturbios callejeros. Todo empezó con las manifestaciones de protesta convocadas por la oposición que cuestiona la victoria del Partido Comunista en los comicios legislativos del pasado domingo. Según el escrutinio oficial, los comunistas lograron el 50% en las urnas.

Al día siguiente de la votación, los opositores sacaron a la calle entre 2.500 y 4.000 partidarios cuya consigna principal era invalidar los resultados electorales. Según los servicios secretos, ayer la cifra subió a 5.000. Algunos manifestantes portaban banderas de Rumania y exigían la reunificación de dos países limítrofes coreando "¡Somos rumanos!".

En la tarde del martes, los manifestantes irrumpieron en el edificio del Parlamento moldavo y se pusieron a destruir muebles y equipos, romper ventanas y prender fuego en el interior. Otra multitud se apoderó de la sede de la Administración Presidencial y empezó a tirar equipos y muebles por las ventanas.

Fuentes médicas reportaron decenas de heridos a raíz de los disturbios. Según la Policía, de los 800 agentes que intentaron proteger los edificios públicos contra los asaltantes, unos 400 tuvieron que solicitar ayer ayuda médica.

El Gobierno y la oposición no consiguen un acuerdo duradero

Hacia la noche del martes se supo que el Gobierno y la oposición acordaron repetir el escrutinio, renunciar a las acusaciones recíprocas y hacer lo posible por cesar la violencia. La Comisión Central de Elecciones aseguró incluso que el nuevo cómputo sería realizado dentro del plazo de diez días.

Una hora después de anunciada esta solución de compromiso, el dirigente del Partido Liberal, Dorin Kirtoake, exhortó a sus seguidores a continuar la protesta en el centro de Chisinau hasta que sean convocadas nuevas elecciones. Las autoridades también cambiaron el tono de sus declaraciones. El presidente Vladímir Voronin, en una alocución televisiva a la nación, señaló que los líderes de partidos perdedores "se encaminaron hacia la conquista del poder".

"Las herramientas políticas ya no valen en las condiciones de un golpe de Estado", manifestó el mandatario al prometer "una defensa enérgica contra los destructores". Voronin subrayó asimismo que no hay motivos legales para cuestionar el resultado de las elecciones: todos los observadores coinciden en que la votación del pasado 5 de abril transcurrió sin irregularidades.

Al reunirse anoche con los embajadores extranjeros acreditados en Chisinau, el presidente de Moldavia pidió que Occidente intervenga para arreglar la situación.

El mandato de Voronin expira este mes de abril. Sus correligionarios del Partido Comunista se aseguraron al menos 60 de los 101 escaños en el nuevo Parlamento, lo cual les brindaba en principio la oportunidad de promover a un candidato propio para la presidencia sin aliarse con otras formaciones políticas, como el Partido Liberal, los liberales demócratas y la alianza Nuestra Moldavia, que lograron el 12,75%, el 12,26% y el 9,82% en las urnas.

"La pista rumana"

Los disturbios en Chisinau ya tuvieron primeras repercusiones internacionales. El Ministerio de Asuntos Exteriores de Moldavia citó a consultas a la embajadora moldava en Bucarest. La cancillería rehusó explicar los motivos de tal medida optando por la fórmula "a la luz de los recientes acontecimientos". Entretanto, algunos manifestantes demandaban ayer la reunificación de Moldavia y Rumania.

Bucarest no respondió por ahora a la decisión moldava y llamó a ambas partes en conflicto a evitar la violencia y las provocaciones.

La ONU, la UE y Rusia también se pronunciaron a favor de un arreglo político de la situación.

El temor a una fusión entre Moldavia y Rumania empujó a varios distritos de la orilla izquierda del Dniéster, de población mayoritariamente rusohablante, a crear a principios de los 90, a raíz del colapso de la URSS, la llamada República Moldava de Transnistria. Chisinau envió tropas a esta entidad secesionista, lo cual dio origen a un conflicto armado que se prolongó por varios meses y sigue latente hasta ahora. La paz en la zona se mantiene gracias a un contingente mixto integrado por militares de Rusia, Moldavia y Transnistria. Esta última todavía insiste en obtener la independencia, pero Moldavia se la niega, ofreciendo a cambio una amplia autonomía.

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