jueves, 14 de mayo de 2009

Agresión radial a Cuba: Desclasificar la memoria (IV)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

A la pregunta de cuán difícil resultó anular la señal de Televisión Martí cuando irrumpió por primera vez en el espectro radioeléctrico cubano, mí interlocutor respondió de modo sorprendente.

─ ¿Te sería difícil derribar a una niña de cinco años?

─ Por supuesto que no. Jamás lo intentaría. Además no viene al caso.

─ Ese es el tema. Las señales de televisión, como mismo ocurre con los niños, las naves espaciales, las mujeres y las flores, son frágiles, no se concibieron para atacar o agredir y por supuesto, tampoco para que nadie se defienda de ellas y las confronte. Contando con expertos y medios para realizarlo, una vez encontrado cómo y dónde hacerlo, anular una señala de televisión es coser y cantar.

Como quiera que se trataba de una agresión, el secreto con que trabajaron los técnicos norteamericanos hacía difícil conocer la idea de maniobra. Si bien no fue difícil asumir que trabajarían en la banda de VHF dado que entonces esos eran los receptores existentes en Cuba y la televisión satelital se descartaba porque requería de estaciones terrenas, no podía evadirse el hecho de que la banda de UHF consta de 13 canales y desconocíamos cuál escogerían.

─ ¿Por qué era importante saber eso?

─ En este caso, una señal de televisión debía ser contrarrestada con otra y ambas son emitidas por transmisores que, a diferencia de los receptores, no están adaptados para cambiar fácilmente los canales; por lo general esos equipos se encargan para canales específicos. La posibilidad de fabricar uno para cada canal y realizar así la interferencia, era inviable y se descartó desde el primer día. Había que averiguar cuál seria el canal.

─ ¿Adivinando?

─ No, investigando, razonando y apostando. Los primero fue descartar los canales dos y seis que eran los utilizados por la televisión cubana. Era improbable que además de introducir una señala hostil en Cuba los americanos pretendieran interferir la televisión local. Podía suponerse lo mismo con los canales más utilizados en La Florida, pero no fue así. Ese detalle quedó claro cuando logramos conocer algunas características de la antena.

El asunto es que, a diferencia de la torre, el aeróstato se mueve; puede rotar, oscilar e incluso bajar y subir. Para evitar salir del aire cada vez que soplara el viento, la antena se montó sobre un mecanismo estabilizador que la mantenía orientada siempre hacía el mismo punto, cosa que además, impedía que se radiara hacía atrás.

─ Explícate.

─ Sencillo Cud Joe Key, el cayo donde se elevó el globo está al sur de Miami y al norte de Cuba. Dado la versatilidad de la antena, aunque el globo girara 180 grados, la antena apuntaría siempre a La Habana, los canales usados en Miami no tenían nada que temer y podían escogerse cualquiera de ellos sin ocasionarles interferencias en su área de servicio.

─ Como supieron tantos detalles sobre la antena.

─ No lo sé. Nunca pregunté. Un recurso que utilizamos fue estudiar para qué y quién utilizaba alguno de los 11 canales restantes y estar al tanto de los movimientos comerciales porque los servicios de radio y televisión se compran, se arriendad y se venden, algunos se cotizan en la bolsa. Fueron años de trabajo, estudios, debates, experimentos y evaluaciones; atando cabos, con ojos abiertos y oídos atentos. Entonces ninguna opinión se desechaba y ninguna tesis, sin importar lo descabellada que pareciera, era descartada.

─ Fue una labor interesante.

─ Y divertida. Una época divina. La unidad y la cohesión fueron ejemplares. Los técnicos y los dirigentes se lucieron.

─ Lograron determinar el canal por donde la Televisión Martí trataría de entrar en Cuba.

─ Se hizo con exactitud de relojería suiza. Fue perfecto. Lo otro era preparar la pedrada. Simplemente poner en el aire, en ese canal, una señal que confrontara a la invasora, aprovechara la “ley de la ventaja” y que por su potencia y características fuera letal para el servicio que trataba de imponer TV Martí. El resto de la historia es conocida.

Televisión Martí no estuvo en el aire ni un minuto, incluso había expertos encargados de estudiar la programación que reclamaban que de vez en cuando, en algún lugar levantáramos la interferencia para ellos poder trabajar. Los empleados norteamericanos en La Habana estaban histéricos, andaban en sus autos de aquí para allá con televisores portátiles, en plena madrugada, tratando de encontrar un punto donde pudieran sintonizar Televisión Martí. Pasaron muchas malas noches.

─ Hay dos cosas que quisiera esclarecer. Un tiempo después los norteamericanos usaron la banda de UHF que es mucho más amplia y ustedes también lograron interferirla y me han platicado que además de medidas defensivas se concibieron algunas más enérgicas y que pudiéramos llamar ofensivas.

─ En cuanto a lo primero, el principio es básicamente el mismo y respecto a lo segundo, ya dije que se trabajó con mente amplia y que todas las opciones estaban abiertas. No obstante, había muchos equipos trabajando, cada cual en lo suyo y excepto los dirigentes, nadie lo sabía ni participaba en todo. Si hubo esas alternativas no las conocí, no me concernían. Confieso que no me extrañaría.

─ Usted sugiere que vale todo.

─ ¡NO! Esa fue la posición de Reagan y los Bush. Donde existe moralidad y sentido de la ética nunca vale todo. Lo que sugiero es que pudieron considerarse opciones que yo no conozco aunque estoy seguro de que siempre serían legítimas y respetuosas de la ley, de la existencia de personas y factores inocentes e incluso de ciertos códigos de honor. Desprovista de ética la política es un asco.

Ver también:
- Agresión radial a Cuba: Desclasificar la memoria (Parte I)
- Agresión radial a Cuba: Desclasificar la memoria (Parte II)
- Agresión radial a Cuba: Desclasificar la memoria (Parte III)


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