viernes, 29 de mayo de 2009

Argentina: Otro "suicidio" en un instituto de menores

CORREPI

El 6 de mayo, Rodolfo Arancibia (19) fue encontrado ahorcado, en una celda del Instituto de Menores Agote. La médica forense que revisó el cuerpo en el lugar, escribió que “presentaba una tela sobre la boca a modo de mordaza". Cuado se la quitaron, encontraron dos medias forzadas dentro de la boca. También, tenía marcas de golpes en la cara. Sus muñecas mostraban las típicas lesiones por esposas muy apretadas. Pero lo más intenso estaba en sus manos. No tenía ninguna de sus diez uñas.

Rodolfo era uno de los 16 hijos de una extensa familia que vive en la villa de Soldati. Estuvo pocos días en el Agote. Fue detenido el 26 de marzo de este año, por orden del Tribunal Oral de Menores número 3, por un viejo pedido de captura en una causa por lesiones, de la que él no estaba enterado, ni tampoco su familia.

Del expediente surge que el subayudante Aldo Ramón Zerba, del Cuerpo Especial de Seguridad y Vigilancia del Sennaf (Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia) apagó las luces del pabellón a la 01:50. En el libro de novedades dice que la última ronda se hizo 0:50. Cuando Zerba fue a abrir las celdas a las 7:00, dice que lo vio muerto por el ventiluz, y sin tocar nada fue a dar el aviso. La policía y el fiscal recién fueron llamados a las 8:11...

Nada se dice de donde están sus uñas. Ni la médica, ni el juez y su secretaria, ni el fiscal, que llegaron al instituto a las 10 de la mañana, notaron el curioso y sangriento “faltante”. Pero las fotos tomadas por los hermanos en el velorio muestran los diez dedos ensangrentados, sin uñas...

En ese sector del instituto Agote hay 5 celdas individuales que dan a un salón. De día están abiertas, de noche se cierran con una traba de seguridad y candado desde afuera. Ninguno de los testigos vió ni escuchó nada.

La versión oficial sostiene que Rodolfo sufría una fuerte depresión, angustia, que hablaba de matarse y que no tenía contacto con la familia... Pero el 5 de mayo, apenas horas antes de morir, había hablado cuatro veces con sus hermanos. La última llamada fue a las diez menos cuarto de la noche. Le pidió a su hermana Flavia unos compacts y ropa interior nueva. Nada que indicara que Rodolfo Arancibia estaba deprimido o con ganas de suicidarse.

De la misma forma que en el caso de Germán Medina (16) también ahorcado, pero en el instituto Rocca, y de muchos otros, se sostiene la tesis de que el menor se encontraba bajo un fuerte estado depresivo. En 5 meses, de más de 100 personas asesinadas por el estado, 50 murieron, como Germán y Rodolfo, en cárceles, comisarías o institutos de menores. ¿Todos estaban deprimidos?

Si Rodolfo, por ejemplo, mostraba “indicadores de autoagresión”, ¿Por qué estaba en una cárcel, en un calabozo solitario, y no en un hospital, con atención psiquiátrica? ¿Cómo pudo arrancarse primero todas las uñas de las manos, lastimarse la cara y las muñecas, meter dos medias en su boca, ponerse una mordaza y luego colgarse? Sea porque lo torturaron y mataron, o aun en la improbable hipótesis de un suicidio, no hay otro responsable que el propio estado, que lo mató, o lo dejó morir.

Esta es “la protección integral”, la política de reinserción y cuidado que promueve el gobierno para los hijos de los pobres. Régimen penal juvenil, modernos institutos, derechos y garantías... Aunque se disfracen de cuidadores, son los verdugos de siempre.

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