lunes, 18 de mayo de 2009

Argentina: Pseudo democracias para la sumisión y el saqueo imperialista

PCT

En países como el nuestro, que vienen de muchos años de ser colonias para luego ir pasando a ser neocolonias, o sea países capitalistas dependientes, hablar de democracias reales es como creer que el imperialismo, el Capital Financiero internacional, y su estructura de dominación mundial, fue creada para colaborar en el desarrollo y el bienestar de la humanidad.

Es suponer que millones de hombres, mujeres y niños se mueren de hambre en el mundo por su propio capricho o por una maldición divina. Es suponer que guerras genocidas como las de Irak, Palestina o Afganistán, son un invento de unos zurditos delirantes.

Es suponer a la vez que, en los países dependientes, sus presidentes y parlamentos efectivamente gobiernan con total libertad y soberanía, cuando realmente sus decisiones fundamentales están en manos de los grandes grupos monopólicos internacionales y locales, íntimamente asociados. Los últimos datos del ENGE (Encuesta Nacional de Grandes Empresas), señala que de las 500 más grandes empresas, 2/3 de las mismas (2 de cada 3), están en manos extranjeras. Esta extranjerización de la economía, con una formidable acumulación de riquezas, adquirió su punto más alto en la década del 90 y sigue repitiéndose en la actualidad, siendo ellos el poder real.

Asimismo, hay que terminar con el cuento de una supuesta burguesía nacional, que contribuiría a la lucha por la independencia y el crecimiento de la nación. En la actualidad, no les da el cuero ni para un tibio reformismo, ni mucho menos, como algunos ilusoriamente piden, realizar una redistribución de la riqueza, puesto que se enfrentarían, lo que no harían nunca, a la naturaleza propia del capital trasnacional, que pretende insaciablemente la máxima ganancia posible. No existe tal burguesía nacional, sino como socia menor de ese poder.

En este momento histórico y alternando con dictaduras militares, ante el desprestigio de las mismas y el alza de las luchas populares, el bloque dominante fue impulsando falsas democratizaciones, cuyo objetivo es maquillar al sistema, hacerlo más viable, como lo intentan también ahora ellos mismos con el simpático "negrito" Obama, pero cuyo objetivo es dar continuidad a la política económico social al servicio de las empresas multinacionales.

En lugar de "modernizaciones" sucesivas, corresponde hablar de formas de dominación sucesivas. Cuando el benemérito San Alfonsín daba con el Plan Austral y la denominada "economía de guerra" (por supuesto guerra contra el pueblo), continuidad a la política de la dictadura militar y el FMI, planteó entre otras cosas, cambiar la capital a Viedma, desde las luchas del campo popular se le contestó con acierto e ingenio que la capital ya había sido trasladada, pero a Washington.

Allí sigue estando, gracias a los buenos oficios de los siervos del imperio, (algunos de ellos disfrazados de "progres"), como Menem, De La Rúa, Duhalde o los Kirchner, cuya mayor prueba es el permanente saqueo de nuestras riquezas y la situación de desocupación, miseria y hambre de buena parte de nuestro pueblo. (Como claro reflejo de esta grave situación, a pesar de su ocultamiento por más de un año, hoy se sabe por datos oficiales del Ministerio de Salud, que en el año 2007 ha aumentado la mortalidad infantil, llegando al 13,6 por mil, contra 12,9 del año 2006, tendencia que no se ha detenido y que sigue en crecimiento. El mayor aumento se dio en la Provincia del Chaco, donde pasó del 18,9 por mil al 21,2. En Córdoba pasó del 11,6 por mil al 12,7. En la Provincia de Buenos Aires pasó del 12,5 por mil al 13,6, y en el conurbano llegó al 14,2 por mil. En la supuestamente rica Ciudad de Buenos Aires, se elevó del 8,3 por mil al 8,4 por mil. Y estas no son cifras frías, sino mayor cantidad de niños que se nos mueren en un país importante productor de alimentos, mientras que en la Cuba socialista, una pequeña isla que viene sufriendo un injusto bloqueo de más de 40 años, el nivel de mortalidad infantil es el más bajo del continente, y uno de los más bajos del mundo, disminuyéndoselo a un 5 por mil).

Como triste y nueva comprobación puede tomarse la participación de la presidenta en la cumbre del G-20, (donde no se cambió nada de lo que provocó la crisis, y, al contrario, se propone como solución “más libre mercado”, y darle más poder al FMI), ya que firmó el documento final en el cual se compromete: “Apoyaremos, ahora y en el futuro, la supervisión sincera, equilibrada e independiente por parte del FMI de nuestras economías y nuestros sistemas financieros, de las repercusiones de nuestras políticas para los demás y de los riesgos a los que se enfrenta la economía global ".

¿Dónde quedan las encendidas palabras contra ese organismo de dominación? ¿dónde está el antiimperialismo del gobierno “nacional y popular” que algunos que se tildan de revolucionarios se atreven a defender? Pura cháchara y claudicación ideológica.

Este breve panorama determina, como reiteradamente lo hemos planteado, junto con otras organizaciones populares, la necesaria construcción de un fuerte bloque de poder, unitario, antiimperialista y anticapitalista, timoneado por los trabajadores, como única opción para modificar favorablemente las relaciones de fuerza existentes y romper con las ataduras nacionales y de clase, avanzando así hacia una nueva sociedad, socialista.

En este sentido, estamos ante una nueva oportunidad histórica, pues atravesamos una crisis sin precedentes, no sólo económico-financiera, sino de la propia esencia del sistema capitalista y cuyos efectos ya se están haciendo sentir en nuestro país, pero sus consecuencias serán mucho mayores en el futuro, si no reaccionamos a tiempo.

Debemos destacar como dato positivo, que se manifiesta cada vez más una tendencia al crecimiento de las luchas populares, tanto en amplitud como en su diversidad, por lo que el gran desafío es trabajar para hacer confluir las mismas en un proyecto común y transformador de fondo, coordinándolas a todo nivel, barrial, zonal, regional.

Está claro que estos objetivos básicos e impostergables no aparecen, ni siquiera se esbozan, en las propuestas para las elecciones por parte de los partidos políticos burgueses, ni desde el oficialismo, que nunca sacó los pies del plato neoliberal, ni de la mal llamada" oposición", muy cercana a los patrones del campo, porque todos ellos representan en definitiva los mismos intereses antinacionales y antipopulares, además de garantizar la permanencia de nuestro país en el lugar de la división internacional del trabajo, que los amos del mundo nos han adjudicado: ser agromineros-exportadores.

En realidad, estamos hablando de verdaderas bandas que sólo buscan ingresar o consolidarse en la "política negocio", donde el deseo de enriquecimiento personal se conjuga con una completa sumisión al poder económico, quien los apoya y financia. Son peleas entre piratas por quien se queda con la mayor parte del botín, producido por el esfuerzo y la explotación extrema de los trabajadores

Junto con ellos marcha, como siempre y tratando de hacer buena letra, la socialdemocracia, también llamada "centroizquierda", es decir la izquierda del sistema, ayudándole a limpiar su deteriorada imagen y mantener su hegemonía, la tan mentada "gobernabilidad". Son los héroes de la resignación posibilista, predicadores constantes del mal menor, que vendieron la utopía al mejor postor, incluso en algunos casos blandiendo hipócritamente las nobles banderas del Che.

Para completar el panorama, la izquierda revolucionaria insiste irresponsablemente en autoaislarse de las masas, persistiendo en las viejas prácticas autoproclamatorias, intolerantes y sectarias. Y en ese error siguen cayendo tanto los que optan por intervenir en el proceso electoral dividiendo el espectro, porque priorizan la pelea por puestitos en las listas (esos sí que son “testimoniales”); como los que se abstienen “por principios” y no dan batalla a la burguesía en otro escenario más de la lucha de clases. Ambas posturas terminan siendo funcionales a los intereses de las clases dominantes. Lo que demuestra una vez más la mezquindad que atraviesa todo el movimiento revolucionario, donde parecen más importantes los intereses sectoriales que el objetivo de hacer un mundo verdaderamente digno para todos los seres humanos.

Por todo lo expresado y ante la situación concreta de la imposibilidad de conformar hasta el presente un frente común, no obstante nuestra permanente insistencia, que represente cabalmente los intereses de los trabajadores y demás sectores populares oprimidos y explotados, nos vemos obligados, para ser coherentes, a refrendar la decisión tomada en anteriores elecciones, de no participar en esta contienda electoral, mediante la abstención o el voto en blanco.

Esto no significa para nada tomar una actitud pasiva o neutra. Estamos dispuestos a desarrollar un importante trabajo agitativo y propagandístico, difundiendo nuestra posición y nuestras propuestas, particularmente intensificando la labor política ideológica que apunte a ayudar a concientizar sobre la imperiosa necesidad de la unidad del campo popular, dañada también por las organizaciones sectarias y hegemonistas, objetivo que va más allá de una fecha electoral y que sigue siendo nuestra mayor debilidad a superar y así avanzar decididamente en la elaboración conjunta de un proyecto auténticamente liberador, en el irrenunciable rumbo al socialismo.

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