martes, 19 de mayo de 2009

Argentina: Puja redistributiva. Las transformaciones de la cúpula empresaria

ACTA

La última fase de crecimiento previa a la crisis actual favoreció la concentración de la economía y benefició a las mayores empresas del país y a los grupos extranjeros. Así se desprende de un informe del Instituto de Estudios y Formación de la CTA.

El trabajo revela que entre 2005 y fines de 2007, las principales doscientas firmas que operan localmente pasaron de facturar el 51,3 al 56,1% del PBI. Y que dentro de esa cúpula, las veinte mayores pasaron de acaparar el 38,7% de las ventas totales en 1997 al 47,2% en 2007. Eso jugó contra la redistribución de ingreso y la corrección de las desigualdades sociales que con la crisis en marcha costará más revertir.

El estudio toma los últimos datos disponibles sobre la facturación de las grandes empresas –los de 2007– y los compara con los de dos años antes y con los de una década atrás, en pleno auge de la Convertibilidad.

Concluye que la recuperación posterior a la crisis de 2001 y el ciclo posterior de crecimiento genuino “mantuvieron y profundizaron los dos aspectos básicos que definen la trayectoria de la economía argentina en los últimos treinta años: la concentración y la desigualdad”. También subraya que siguió incólume la especialización “en la producción de bienes transables con orientación exportadora”.

Las cifras, que recopilaron los economistas Claudio Lozano, Ana Rameri y Tomás Raffo, también evidencian la extranjerización creciente y sostenida de la economía.

En ese sentido, muestran que dentro de las 200 firmas de mayor porte, las extranjeras capturaron un 64,3% de las ventas en 1997; un 75,8% en 2005 y un 77,3% en 2007.

El peso de las compañías cuyas decisiones se toman en el extranjero creció en todos los aspectos. Pasaron de ser 104 de las 200 en 1997 a sumar 128 en 2007. Y a controlar cada vez más recursos estratégicos. El número de privadas locales, en cambio, bajó de 76 a 58.

Las que volvieron al ruedo –tímidamente– son las estatales. Pasaron de ocupar un solo puesto entre los 200 principales a copar siete casilleros. Pero a pesar de eso, según los autores, mantienen una “proporción insignificante del total de las ventas de la cúpula”, del orden del 2 por ciento.

Los sectores más dinámicos de la economía siguen siendo casi los mismos que una década atrás, pese al tan mentado cambio de modelo que supuso la devaluación de 2002.

Para Lozano, eso responde a que la estrategia cambiaria que favoreció al agro, a la industria y a la minería no fue complementada con políticas específicas para reorientar recursos a actividades con mayor valor agregado.

Así, entre las 200 empresas top, más de la mitad (111) se mantuvieron presentes entre 1997 y 2007, lo cual revela la existencia de un “elenco estable” que se modificó muy poco.

Al interior de la cúpula, las fábricas de alimentos y bebidas pasaron de captar un 18,8% de la facturación total en 1997 a un 20,3% en 2007. Las petroleras y sus negocios vinculados también avanzaron en los casilleros: saltaron del 16,5 al 20,3 por ciento. La siderurgia subió del 3,4 al 8,4%, incluso sin contar los ingresos del grupo Techint, líder en el sector, por sus filiales fuera del país.

En el sentido contrario, los que retrocedieron son los sectores proveedores de telecomunicaciones, transporte, comercio, energía y agua corriente, que pasaron de facturar un 30,4% de los ingresos de las grandes firmas en 1997 a un 21,7% en 2007.

Para los autores del informe, eso refleja simplemente “un cambio en los predominios sectoriales”, pero “sobre el marco de un similar patrón productivo”.

Entre las 111 firmas que se mantuvieron en el tope del ranking, para peor, hubo 28 que cambiaron de manos al menos una vez durante la última década. Casi sin excepciones, se trató de ventas de empresas locales a grupos multinacionales. El avance más notorio fue el de los capitales brasileños, que compraron naves insignia de la industria local como Quilmes, Loma Negra, Alpargatas y Quickfood.

Justo antes de que explotara la crisis, la concentración se profundizó aún más.

En el tercer trimestre del año pasado, las ganancias de las 38 firmas de la cúpula que cotizan en Bolsa se expandieron un 25,5 por ciento. Su tasa de rentabilidad sobre las ventas llegó al 13,5% anual, el doble del 7% anual que tuvieron entre 1993 y 2001.

El cuadro social, en tanto, empeoró sostenidamente. Las ganancias empresariales fueron a costa de que el ingreso medio de los trabajadores cayera un 22,8% en términos reales (descontando la inflación) entre 1997 y 2007. Y a que la brecha de ingresos entre el 10% más pobre y el 10% más rico de la población subiera de 22 a 29 veces.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.