lunes, 18 de mayo de 2009

El Salvador: Pobladores conmemoran 29º aniversario de la masacre del Sumpul

Luis Romero Pineda (COLATINO)

“Nos dolía bastante y nos duele todavía. No olvidamos esta masacre que se dio acá. No la vamos a olvidar jamás y no vamos a dejar de venir hasta que nos muramos”, expresó Dionisia Huezo Alemán, una pobladora de Guarjila que asistió a la conmemoración del XXIX aniversario de la masacre del Sumpul. Huezo asiste a este acto desde la primera vez que se llevó a cabo.

Los pobladores de Chalatenango conmemoraron ayer el XXIX aniversario de la masacre, en la cual murieron alrededor de trescientas personas civiles a manos de la Guardia Nacional (GN) y una organización paramilitar (ORDEN, vinculada al Parido de Conciliación Nacional, PCN).

La conmemoración y una misa precedida por Monseñor Luis Morao, fue escuchada por casi 400 personas.

“Nosotros somos la misma gente con ellos y nos dolía tanto que mataran gente de manera injusta”, agregó la humilde mujer.

El ruido ensordecedor de la pólvora resonaba por las faldas de los cerros mientras varias personas dramatizaban los hechos ocurridos un 14 de mayo de 1980, en esa misma zona. Unos vestían de militares y otros de civil. Estos últimos caían muertos ante el ruido de la pólvora y el movimiento de las armas ficticias que realizaban los supuestos militares y una persona con un megáfono relataba los hechos.

Estudiantes de la UCA que acompañaban a su profesor, el sacerdote Manuel Cubías, tomaban fotos y presenciaban el evento junto a los pobladores y miembros de organizaciones sociales que habían llegado a recordar los hechos. Unos estudiantes ni siquiera alcanzaron a ver el acto, pues el descenso del cerro y las veredas en curva -que una vez recorrieron más de trescientas personas en una “guinda” que culminó en la muerte- habían hecho la marcha un poco tortuosa.

Monseñor Luis Morao calificó la matanza como “un desastre, un crimen espantoso” en el cual participaron las fuerzas oficiales de Honduras y El Salvador. La misa fue oficiada por él y varios sacerdotes más que, a pesar del calor, vestían las sotanas respectivas y recibían las ofrendas dirigidas al recuerdo de los asesinados a sangre fría.

El 14 de mayo de 1980, cientos de personas civiles huían de un operativo militar que se llevaba a cabo en Las Aradas, Chalatenango, por efectivos del destacamento militar No. 1, la Guardia Nacional y de Organización Democrática Nacional (ORDEN), un movimiento paramilitar anticomunista.

Durante dos días, los contingentes armados habían llevado a cabo hechos de violencia en los caseríos que se hallan sobre el río Sumpul, utilizando artillería pesada y helicópteros en su operación antiguerrillera. En efecto, se habían dado ya, en esa zona, varios enfrentamientos con los guerrilleros de esos parajes montañosos. Pero los que huían no eran los de la guerrilla, sino los pobladores asustados cuyas casas habían sido destruidas y temían por sus vidas.

Huían con sus pertenencias, algunos sin nada, sólo con sus familias y la meta era cruzar el “puente de hamaca” que les ayudaría a evitar las aguas del río Sumpul y llegar a Honduras para ponerse a salvo. Bajaron con esfuerzo los obstáculos y las veredas que suponen la falda de la montaña, con partes empinadas y empedradas y otras más horizontales pero no más fáciles.

Al llegar al río, el panorama no era menos difícil. Ese día, el Sumpul había crecido por las lluvias y tuvieron que cruzarlo a nado o a pie, o con ayuda de otra persona. Al llegar al otro lado, militares hondureños los obligaron a regresar. La mayoría así lo hizo, pero la muerte los esperaba de vuelta en El Salvador.

ORDEN y el destacamento No. 1 y la Guardia Nacional masacró a alrededor de 300 personas, entre las cuales se hallaban mujeres y niños. El gobierno lo mencionó hasta un año después del hecho y luego el ex presidente Duarte daría declaraciones a un medio norteamericano, diciendo que todos eran “guerrilleros comunistas”.

Herminio Ayala, de 60 años, fue un combatiente guerrillero que se organizó por “un llamado del mandato de Dios”. Llevaba un escapulario y un sombrero y relataba su historia durante la misa: una historia paralela a las muertes de la masacre del Sumpul. “¿Cómo es que sobreviví?”, devuelve la pregunta. “¡Eso fue un milagro de Dios!” contesta. Cuando llegó desde Guazapa a Chalatenango tenía 31 años. Su escuadra caminó toda la noche escoltando a un grupo de personas y él, con otro compañero, tenían la responsabilidad de la vigilancia. Cuando escuchó el “desvergue” arriba, llegó a apoyar a su compañero para sacar a las personas, “pero ya no estaba”.

Ayudó a salvar a tres niños y un muchacho a cruzar el Sumpul quienes lo habían llamado pidiendo por ayuda. Recuerda cómo algunas personas iban arrastradas por el río Sumpul y a “quienes podía se les ayudaba, pero habían otras que ya no se podía”. Él, como muchos otros, huyó con los jóvenes que había ayudado y se ocultaron de las inspecciones de la GN y de ORDEN, auspiciados por el ejército hondureño.

Nunca se abrieron investigaciones oficiales y los culpables nunca fueron señalados. La UCA, por su parte, instaló en marzo un Tribunal de Justicia Restaurativa. Los fallos, emitidos luego de días de testimonios, incluyen la necesidad de esclarecimientos y compensaciones a las víctimas civiles y a sus familias. Aunque simbólico, este tribunal incluyó el caso de la masacre del Sumpul y las familias de los masacrados y de los sobrevivientes aún esperan que se los culpables sean llevados a la justicia.

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