jueves, 21 de mayo de 2009

España: El que hace la ley…

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

"El que hace la ley hace la trampa" es un dicho que recoge el fino sentir y la percepción sutil de la realidad que ha de vivir, inexcusable y ancestralmente, el pueblo llano.

Bien, pues no otra cosa es el llamado, con pompa y circunstancia, "Estado de Derecho": un sistema que las clases dominantes, -dominantes primero por las armas y luego por la ingeniosidad- idean para dotar a la sociedad que manejan, de normas para todos a las que ellos puedan sustraerse con sólo ciertas habilidades que el propio sistema les ofrece. En virtud de las mismas, salen indefectiblemente airosos de la condena de la que no se librará en cambio el común de los ciudadanos. En esto consiste la treta denominada Estado de Derecho. Sobre esa sutileza se levanta todo el orden político, el orden jurídico y el orden social.

Esto sucede en todos los países vertebrados en democracia capitalista. Pero claro, luego, la idiosincrasia de cada pueblo, el carácter predominante de las poblaciones, su historia y la mayor o menor influencia de la filosofía vital que mueve a unos y otros determinan que en unas sociedades más y en otras menos, los miembros de las clases dominantes se libren más o menos fácilmente de que se les apliquen las normas punitivas. Pero en conjunto, la idea central es común para todas.

En todo esto quizá los dos países más hábiles en las argucias a que me refiero son Estados Unidos y España. No creo que fuera casual que a las abyecciones de la Administración Bush se adhiriera el talante trapisondista de Aznar y del partido que lidera en la sombra para cometer la ignominiosa invasión carente de toda justificación y fundamento, de Afganistán e Irak; talante y personaje que es un fiel reflejo de la clase privilegiada de ambas democracias.

Que las clases predominantes y no la justicia en sus estrictos términos son las que elaboran las apariencias de justicia lo prueban muchas cosas. En Estados Unidos son incontables. En materia de discriminación racial, institucionalizada en la mayoría de los Estados, qué decir acerca de la diferente manera de detener, procesar, enjuiciar y sentenciar según sea el reo un negro o hispano, o un wasp (blanco, sajón y protestante). Y mucho más escandalosa es la asimetría, desde la operación de conquista de los dos países asiáticos urdida por la canallesca administración yanqui. Actualmente el propio partido demócrata al que pertenece Obama está desautorizando a éste respecto al cierre de Guantánamo. Ya no sabemos si Obama es un títere de su partido o todos lo son del Pentágono, de la CIA y de los republicanos…

En España véase, recuérdese, tantos casos de flagrante torpeza, de imprudencia simple o temeraria, o de dolo de los políticos de turno. Casos como el Prestige del que el ministro del ramo, Alvarez Cascos, salió absolutamente indemne habiendo sido el padre del desastre conjuntamente con Rajoy. Otro tanto se puede decir del reactualizado caso del Yak42, en el que el ex ministro Trillo acabará siendo poco menos que un héroe. O el del Lino, de Demetrio Madrid, o el del GAL... Y los más recientes de corrupción política generalizada; casos en los que tras la polvareda y el echarse fingidamente las manos a la cabeza habitual, nadie entra en la cárcel y menos permanece apenas días o semanas. Y qué decir acerca de la injusticia organizada que es el instituto jurídico de la fianza.

El agravio comparativo es de escándalo: un ciudadano de la calle puede pasarse la vida en prisión por la milésima parte de la gravedad de sus actos en comparación con la de los latrocinios, osadías, imprudencias y ligerezas de los políticos de turno y de la plutocracia en pleno.

Aunque la sentencia no es firme, obsérvese la magnitud de la injusticia que supone ese sacrificio impuesto a un general del caso Yak42 en forma de condena de tres años de cárcel, sólo para que un político rastrero y cobarde se libre del más mínimo rasguño…

El que hace la ley hace la trampa significa que no reina la justicia ni el orden gracias a la pericia del buen gobernar y del bien hacer. Reina la injusticia, entretejida la justicia por la prestidigitación ilusionista de las clases dominantes.

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