lunes, 18 de mayo de 2009

España: Presunción de corrupción

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

La Política, como alternativa al gobierno despótico, ha sido desde siempre una actividad altamente sospechosa. Desde luego nada que ver el prestigio de sus profesos con el del el panadero o el leñador… Y más sospechosa todavía es, desde que la fabulosa lucha antiterrorista ha legalizado, que es como decir legitimado, la tortura, el crimen, la invasión y ocupación armadas, y la posterior colonización civil después en los territorios ocupados.

Por consiguiente ¿a qué reclaman los políticos y los medios que les dan cobertura, su improbada honestidad cuando los casos de nepotismo, de tráfico de influencias, de malversación, de prevaricación, de cohechos, de coacciones, de extorsiones y de apropiaciones indebidas son incontables? El político es corrupto por definición. Todo aquel que vive materialmente muy por encima del ciudadano medio y dice dedicarse al bien común pero lo desprecia, lo es. De aquí se infiere que la inocencia se presume en todos los ciudadanos salvo precisamente en el caso del político y de los gobernantes centrales, territoriales, comarcales y locales.

¿Acaso puede decirse que no es corrupción ilegalizar a la Inicitativa Internacionalista con la excusa de que no condena a ETA, cuando la realidad es que hace sombra a los partidos mayoritarios? ¿Acaso se ha exigido a los demás partidos políticos que hagan esa condena? Hoy Carlo Fabretti razona en este sentido: ¿acaso son pedófilos todos los que no dicen que no lo son?.

La corrupción pues, no sólo apunta a aspectos materiales ni a la contabilidad ni a los favores; tampoco a las recalificaciones ni al regalos de cortes de trajes. La corrupción más sibilina y repulsiva es la que margina o acorrala poco a poco todo conato de libertad en otra dirección que no sea la marcada por los dueños del dinero y del poder institucional y de hecho. Esta es la más grave puestos a a hacer comparaciones que si pueden ser odiosas la sociedad vive de ellas a cada momento…

Otra vez: el político es corrupto hasta que demuestre que es una hermana de la caridad. Luego, a partir de este postulado, hay grados, gradaciones y porcentajes de corrupción. Un político ecologista, marxista o simplemente de izquierda “real” podemos convenir en que tendría un baremo de corrupción bajo, por ejemplo un 5%. Mientras que un político de formación de izquierda blanda, semicentro y semiconservadora podrá alcanzar ya el 30%. Pero un político conservador, es decir, en España del PP, la probabilidad de ser corrupto alcanzará hasta el 90 por ciento. ¿Acaso no confesó un político del partido cafre, Zaplana, cuando creía que nadie le oía, que había ido a la política para forrarse? Ese no es un caso aislado. Lo que es aislado es la oportunidad de oírselo grabado al político marrullero y ladrón. Por lo demás, ellos, los que maman del partido conservador, neoliberal y fascista se creen y se comportan como los legítimos y únicos dueños del dinero, de la posición, de las instituciones y del poder de la finca nacional. Ellos son los campeones de la corrupción. Pero el resto de los políticos, por acción u omisión, por indolencia o por miedo, todos son corruptos. Ellos saben en su fuero interno por qué… El caso Gürtel (correa en alemán), si la justicia se lo propusiera y no formarse parte de la banda, podría empezar en Aznar, Aguirre, Gallardón y Rajoy, para terminar en el último bedel de Génova.

En cualquier caso, sean estos, los que concitan constantemente los casos más notorios de corrupción, sean los otros cuyo comportamiento público se atiene a una mayor cautela pero no a la misma honestidad que indica su prevención, todos los políticos merecen hasta la hartura la desconfianza y el recelo de los ciudadanos. Hasta que no pasen cien años, en España seguirá estando, al igual que en Italia, la principal cabaña en Europa de políticos deshonestos, de políticos ladrones, de políticos mafiosos, de políticos charlatanes, de políticos mentirosos y de políticos rastreros. La política y los políticos de este país sólo podrían redimirse un poco de tanta inmundicia con en el advenimiento de la República y su ética de máximos.

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