lunes, 18 de mayo de 2009

Guerra en Afganistán: Los resultados de la penetración extranjera (Parte II)


Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Estacionar la profundidad del problema en la inmediatez de la contingencia bélica de erradicar la capacidad armada de los talibanes, refleja que la solución política está muy distante de la actual realidad. Como que el objetivo es contener un movimiento de extremismo religioso y nacionalista, mientras se relega como última opción aproximarse al núcleo político del problema.

Es así que filosofar sobre el historicismo del problema de una guerra actual puede resultar inoficioso a la hora de considerar que en 2009, después de tres décadas de intensa penetración extranjera, se ha producido la destrucción de la dinámica propia de la política interna en Afganistán.

Como es habitual, en el embrollo recruzan las variables internas de la lucha por el poder, y la gravitación de la presión o expansión externa de potencias irremediablemente en el juego por la supremacía. En Afganistán la resistencia logra destruir el incipiente tejido político afgano basado en normas seculares que se forma con el fin de la monarquía (1973), es así que el país se hace más vulnerable a la devastación política sea por fuerzas internas o por la penetración extranjera.

Así como EEUU tiene a América del Norte y América Central como su zona "natural" de influencia, lo mismo sucede con los países del Asia Central respecto a Rusia. La ex URSS invade Afganistán en la navidad de 1979 cuando se anticipa a un golpe de estado preparado por EEUU para evitar que el gobierno marxista de la época se consolidase.

El dato clave en 1979, es que el gobierno afgano solicitó el apoyo militar soviético para contener la rebelión del extremismo islámico que ya se agrupaba con el apoyo de la CIA y otros servicios de inteligencia occidentales.

El asesor de Jimmy Carter, Zbigniew Brzezinski, tiene su propia historia. Este cuenta en una entrevista en el Nouvel Observateur (1998) que EEUU empujó la invasión soviética a Afganistán para que tuviera su propio Vietnam. Los guerrilleros mujahideen fueron financiados por EEUU a través de operaciones de la CIA a partir de la creciente gravitación del PDPA (Partido democrático marxista de Afganistán), en la década de los años 70.

La ruta del marxismo en Afganistán es peculiar. El rey Mohammed Zahir Shah gobernó desde 1933 a 1973 bajo un régimen dictatorial y represivo manteniendo el sentido básico de dividir para reinar. El tipo de feudalismo - desde la perspectiva occidental- que se le atribuye a la sociedad afgana, proviene de este reinado que en efecto se mantuvo mientras el resto de los países vecinos se modernizaba también a la occidental.

Durante este periodo, en la estructura militar, más expuesta a esa modernización por el hecho de estar ligada a la tecnología y la industria del armamento, empieza a crecer un fuerte movimiento de ruptura con la monarquía, en consonancia con el proceso que llevó a la caída del régimen del Shah de Irán (1979). Zahir Shah cae en 1973 a manos de su ex primer ministro, Mohammad Daoud con el apoyo del ejército en un golpe de estado.

La oposición de las facciones del PDPA conduce a una fuerte represión del régimen semi dictatorial de Daoud hasta provocar la muerte de un líder clave del PDPA como Mir Akbar Khyber (1978), lo que generó protestas y más represión contra el PDPA. Akbar Kyber pertenece con Babrak Karmal a una brillante generación de intelectuales marxistas afganos.

Afganistán vivía una situación completamente diversa en lo político y en lo social al oscurantismo de la actualidad, con una elite de clase media sofisticada disputándose el poder como en cualquier nación en transformación hacia la modernidad. Las mujeres circulaban sin el velo impuesto por las leyes más ortodoxas del sistema islámico, y se vivía un clima de intensa discusión política.

El 27 de Abril de 1978, el ejército que en general apoyaba al PDPA, orquesta un golpe, ejecuta a Daoud y asume Nur Muhammad Taraki líder del PDPA, estableciendo la república democrática de Afganistán con una clara tendencia pro soviética. Afganistán se transforma en una nación "paria" con un gobierno marxista en una región marcadamente anticomunista y un enclave crítico de la Guerra Fría.

La guerra civil entre radicales islámicos nacionalistas entroncados en los Mujahideen y un gobierno con cierta raigambre marxista bajo Moammed Najibullah, continuó en Afganistán después de la salida soviética hasta 1992. Entre 1993 y 1996 cuando asumen los talibanes Afganistán se mantenía con un estado muy debilitado sostenido con el apoyo de la ONU y potencias extranjeras interesadas en la estabilidad de la región. Los Talibanes gobernaron desde 1996 hasta 2001, cuando entran las fuerzas de la OTAN para expulsarlos.

Las redes internacionales más notorias de reivindicación islámica como la Jihad, o de educación islámica como la Hermandad Musulmana fundada en Egipto en 1928, se movilizan de diversas formas y en varias direcciones frente a un escenario con dos realidades distintas: revolución islámica en Irán y doble ocupación en Afganistán, primero soviética y después occidental.

Estas redes islámicas, a partir de los golpes asestados al tipo de liderazgo secular en el mundo árabe e islámico, asumido por Gamal Abdel Nasser de Egipto, la consolidación del estado de Israel con el consiguiente debilitamiento de las reivindicaciones palestinas, comienzan a enfrentar un panorama que conduce a la radicalización.

En esta radicalización existe el sempiterno factor de la desigualdad. Un sector del islamismo siente en carne propia que la elite clerical ha negociado y negocia diversas formas de penetración con naciones extranjeras para mantenerse en el poder.

La cúspide del poder en Afganistán reflejan las contradicciones que exacerba o produce la penetración extranjera.

El actual presidente Hamid Karzai pertenece al linaje de la monarquía que condujo al país al desastre, y ha sido partidario de restituir el gobierno monárquico. Fue contraparte clave de la CIA en la resistencia y participa brevemente en el gobierno Taliban (1996-2001).

Algunos piensan, que la historia de Afganistán con su itinerario de penetración extranjera, es consustancial a la historia de los países colonizados y subdesarrollados.

Desde el fin de la monarquía no ha recuperado esa estabilidad, la de profundas diferencias sociales sumidas en relaciones feudales de poder. Se dice que Afganistán no ha sido nunca colonizado, y es la arenga que usan tanto las elites locales que disputan el poder, como las naciones extranjeras interesadas en expandirse en esa zona. Por ello, le ha sucedido algo peor: no ha podido alcanzar un mínimo de estabilidad para sostener un estado que garantice una protección módica a la población.

Ver también:
- Guerra en Afganistán: Los resultados de la penetración extranjera (Parte I)


Foto: Afganistán - Integrante holandés de las fuerzas de ocupación de la ISAF OTAN. / Autor: LANDMACHT


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