martes, 19 de mayo de 2009

Otra muerte impune


Gabriela Barcaglioni (ARTEMISA)

Yolanda Haydée Rojas era trabajadora rural, tenía 27 años y dos hijas. Su cuerpo fue encontrado en El Carmen, provincia de Jujuy, el 5 de marzo de 2009. El femicidio de la joven provoca una serie de reflexiones que superan el hecho puntual para recorrer aspectos vinculados con el acceso a la Justicia, la vulnerabilidad de las mujeres y la inseguridad.

El lenguaje frío y escueto del expediente judicial señala: " Actuaciones informativas para establecer causal de muerte". El relato que intenta explicar qué pasó con Yolanda antes de su asesinato describe que “los cosecheros volvían de un asado por el fin de la cosecha, en un acoplado y Yolanda se baja, aparentemente por un comentario de una mujer, desde ese momento nadie mas ve a Yolanda, que se fue por el monte. Quienes estaban en el lugar cuentan que dos hombres que venían en el mismo acoplado se bajaron, no junto a Yolada, sino más adelante”.

Lo cierto es que su cuerpo fue encontrado en un filtro del canal derivador del dique las Maderas, en la localidad distante a 45 km de la ciudad capital San Salvador de Jujuy, zona dedicada al cultivo de tabaco, la ganadería y la vitivinicultura.

Artemisa Noticias dio cuenta del femicidio en el relevamiento mensual de los casos del mes de marzo que aparecen en la prensa escrita o en las agencias de noticias a partir de una breve información publicada en el Diario El Pregón de Jujuy.

Pero por qué el femicidio de Yolanda Rojas toma desarrollo en una columna, cuando no es habitual que así suceda con otros. Varias cuestiones a modo de reflexión y duda surgen a partir del hecho.

El rol de los medios como vía privilegiada, a veces la única, de que un femicidio tome estado público y en tal sentido el valor que se le asigna para lograr el esclarecimiento; valor que la práctica y la experiencia de cuatro años en el seguimiento de este tipo de informaciones demuestra que va en sentido proporcional al descrédito en las instituciones judiciales, policiales y gubernamentales.

El pedido de que los medios nacionales tomen el caso circuló en la Red PAR (Periodistas de Argentina por una Comunicación No Sexista) y RIMA (Red Informativa de Mujeres de Argentina) realizado por una persona allegada a la madre de Yolanda que puso en funcionamiento las redes y las solidaridades.

También aparecen cuestiones que se reiteran en otros asesinatos de mujeres, la víctima es la responsable de su propia muerte, el suicidio es la razón que esgrimen para no investigar, para dilatar, distraer y alejarse de la verdad, sumado a comentarios sobre la vida privada de la víctima que justificarían, en sociedades tradicionales y patriarcales, el asesinato de Yolanda.

“La información que tenemos hasta ahora es confusa y contradictoria, primero se habló de una violación múltiple y posterior asesinato, ahora se habla de un suicidio”, relata una periodista de la zona.

En este femicidio se habla de suicidio, de que la víctima era depresiva, en otros de la infidelidad para, en realidad, no hablar de la violencia de género, del riesgo que constituye ser mujer en una sociedad donde las relaciones entre varones y mujeres son desiguales, donde hay prácticas y normas que desvalorizan lo femenino, por ejemplo el derecho de pernada.

Al respecto Pablo Pelazzo, abogado que junto a un grupo de profesionales trabaja sobre el caso facilitando el acceso de la familia de Yolanda a la Justicia sin cobrar un peso, dice: “La versión que circula es la del suicidio, pero lo cierto es que el cuerpo tiene un fuerte golpe en la columna, a la altura de las vértebras cervicales, y no se descarta la violación”.

Y aquí aparece otro aspecto que une violencia de género y acceso a la Justicia con pobreza, marginalidad, condiciones económicas y sociales que aumentan la vulnerabilidad de las mujeres. Podrán decir que cualquier persona en situación de pobreza y marginalidad puede ser asesinada, pero el hecho de ser mujer incide en las formas y las situaciones en las cuales sucede, por eso existe la palabra femicidio para nombrarla.

En la búsqueda de datos para reconstruir la historia de Yolanda, aparecieron relatos sobre la muerte de una mujer como consecuencia de los golpes que le dio su marido, y la muerte de otra –de la cual se dice que se cayó de un tractor mientras trabajaba también en la cosecha del tabaco como Yolanda- ambos sin investigación e impunes.

El expediente sobre el asesinato de Yolanda hace muy poco que pasó al juzgado, las actuaciones que se hicieron son policiales, los testimonios que hay son los realizados por la policía, y la autopsia no está completa.

Ninguna persona fue indagada sobre el femicidio, por ende en la causa no hubo detenciones; ni siquiera se llamó a declarar a quienes viajaban con Yolanda en el acoplado el último día que se la vio con vida, para ver si alguien resultaba sospechoso. Tampoco está comprobada la violación, pero hay "abundante líquido prostático"; aunque falta el estudio histopatológico de la autopsia.

Demasiadas puntas abiertas que hasta el momento de realizada esta columna no fueron desarrolladas.

Las versiones que corren a la par son que Yolanda estaba embarazada, que las amigas dicen que era depresiva y entonces se abona la hipótesis del suicidio aunque existe la posibilidad no comprobada de la violación y un fuerte golpe en la columna de la mujer, pero lo llamativo es que la versión del suicidio fue deslizada por la policía y es negada por la familia.

Cabe señalar que sus padres, también trabajadores rurales, son quienes se hicieron cargo de las dos hijas de Yolanda; y el patrón aún no le pagó la cosecha que Yolanda realizó antes de su muerte.

Sospechas sobre la víctima, falta de celeridad en el accionar de la policía, dificultades en el acceso a la Justicia y el rol de los medios son puntos que permiten reflexionar sobre la prevención, la atención, la sanción y la erradicación de la violencia de género.

Por qué no era un lugar seguro para Yolanda el viaje junto a sus compañeros y compañeras de trabajo, por qué el hecho de que una mujer circule sola por un lugar poco transitado se convierte en propicio para su asesinato, por qué frente a una posible violación se habla de suicidio.

Cuando una mujer es asesinada cierra una historia definida por la violación reiterada y sistemática de los derechos humanos y los derechos de las mujeres. Durante los “16 día de activismo contra la Violencia de Género” se señaló que “hay femicidio/feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas en la comunidad o en la casa”.

En épocas electorales cuando en la agenda de campaña, priman los armados de listas y la seguridad es una palabra recurrente en los discursos, habría que recordar que la inseguridad para las mujeres como colectivo tiene ciertas particularidades y que mientras no se atiendan seguirán habiendo muertes como las de Yolanda. Su muerte debiera haber puesto en alerta a las autoridades, en el sentido de revisar cómo se previene y se atiende la violencia contra las mujeres, los servicios de salud, garantizar el asesoramiento legal de las víctimas, la puesta en práctica de protocolos de atención, en síntesis, poner en vigencia la ley de Violencia Familiar provincial sancionada en 1998.

Hace un año, según puede leerse en el portal digital de la municipalidad de San Salvador de Jujuy, la Licenciada Ada Galfré, Secretaria de Desarrollo Humano de ese municipio aseguraba sobre la implementación de la ley 5.107 “no tenemos los servicios adecuados, como lo dice la normativa”. Al leerla es ineludible pensar que la muerte de Yolanda, como la de otras mujeres de El carmen, se hubiera podido evitar.

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