jueves, 14 de mayo de 2009

¿Podrá Obama superar algún día las viejas y corrompidas prácticas imperiales?


Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

Es viejo el truco del atracador que corre gritando “cojan al ladrón” y que sorprende al pobre ciudadano que acertó a pasar por ahí y a quien los indignados parroquianos hasta tratan de linchar, capitaneados desde luego por el tramposo “choro” Hasta que los “investigadores policiales” lleguen a la conclusión de que el pobre ciudadano tiene nada que ver con el atraco (si es que llegan) el ladrón ya está actuando en otros sectores y mandando a la cárcel a otros tantos peatones que “acertaron” a pasar por el sector.

Algo así me parece que sucede a niveles internacionales, cuando una llamada Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), un organismo “técnico” de la no menos famosa e inservible Organización de Estados Americanos (OEA) informa al mundo entero que en países como Cuba y Venezuela “se violan los derechos humanos” Un catecismo que en el caso de Cuba viene dándose religiosamente desde hace medio siglo; y, en el caso venezolano, desde hace unos ocho años, en que el Presidente Hugo Chávez Frías ha ganado no menos de 10 elecciones, conduce a su país hacia el Socialismo Siglo 21 y ha adoptado una política anti imperialista.

Lo “risible” (mejor dicho, lo evidente) es que esta Comisión condena supuestas conductas inhumanas en Cuba y Venezuela y ni siquiera hace una referencia a la violación brutal y sin atenuantes que el ejército USA ha cometido y sigue cometiendo en cárceles de Irak o en Guantánamo, ese pedazo de tierra cubana que el ejército yanqui lo ocupa por la fuerza desde hace más de un siglo. La tal Comisión ni siquiera se ha enterado que el Presidente Obama tuvo que emitir un decreto ejecutivo anulando otro de Bush, según el cual, para “garantizar la seguridad” autorizó la práctica de la tortura (el “submarino” por ejemplo) con los patriotas iraquíes que fueron secuestrados de su país y conducidos a lúgubres cárceles “extraterritoriales” Solo que Obama, sin olvidarse que es el Jefe Supremo del imperio; y que el imperio sigue vivito y coleando, exoneró de toda responsabilidad a los torturadores y sus mandantes, “porque actuaron dentro de la Ley” ¿Qué tal?

Sobre Cuba, la historia ya tiene medio siglo. A nivel de las Naciones Unidas, operaba una Comisión de Derechos Humanos que, religiosamente, año tras año, acumulaba cargos contra Cuba como un “país totalitario, en el que se persiguen periodistas y medios, no hay libertad de expresión, hay presos de conciencia, no se tolera a los partidos políticos” y etc, etc, Una venerable ancianita, europea, que presidía esta comisión, no se preocupaba porque las acusaciones tengan por lo menos testimonios o pruebas circunstanciales; peor, por los atropellos y bestialidades que cometía el imperio USA, los imperitos europeos, y alguna potencia oriental. Desde luego, miembro “nato” de esa Comisión eran los Estados Unidos hasta que la Asamblea General resolvió disolverla y designar periódicamente a los miembros del nuevo organismo. El candidato del imperio no fue elegido y se espera que tampoco, en la elección que se avecina.

¿Cuál era y es la realidad cubana? “El último periodista asesinado en Cuba fue el ecuatoriano Carlos Bastidas”, meses antes del triunfo de la revolución (enero 1/1959) por un sicario de la bestial y corrupta dictadura de Fulgencio Batista, el sargentón mimado de Washington. En el medio siglo que va de revolución, no hay periodista que haya sido perseguido o asesinado (como ha ocurrido en Colombia o en México) y peor presos de conciencia. Los grandes capos de la prensa cubana pusieron pies en polvorosa, tan pronto como triunfó la revolución, ya que debían poner sus barbas a remojo si pretendían seguir en la isla revolucionaria. Tampoco se ha sabido de periodistas perseguidos o amenazados. Y Cuba, en materia de educación, de salud pública, de trabajo, de consumo diario de calorías suficientes para un desarrollo humano armónico, de práctica deportiva y un largo etcétera anda mucho mejor que el mejor de nuestros países, incluidos Estados Unidos y Canadá. Y no hay que olvidar que, según todas las definiciones de lo que significan los “derechos humanos” son estos factores los que deben tenerse en cuenta para un análisis real de una situación dada.

En cuanto a Venezuela, la tal Comisión, si tuviera algo de sangre en la cara y no fuera un dócil instrumento al servicio de la política exterior del Imperio, mas bien tendría que felicitarla ya que el Gobierno de Hugo Chávez trata de llegar a los sectores pobres y marginados con educación, salud, opciones de desarrollo, cosa que nunca lo hicieron los gobiernos de la “bi partidocracia” (adecos y copeianos). En materia de libertad de expresión, qué no hacen los pelucones mediáticos y sus patrones porque Chávez pierda los estribos ante tanto agravio, tergiversación, mentiras que todos los días, a toda hora, le lanzan los medios privados, especialmente la televisión. El Comandante tiene una gran capacidad de aguante y lo máximo a la que ha llegado es a no renovar contrato con el golpista Granier de RCTV. Y América Latina fue testiga del gran escándalo que armaron por una medida absolutamente legal y soberana.

Galeano pregunta por qué estas comisiones internacionales de derechos humanos no condenan a Bush y su equipo de asesinos que, por cuenta propia y valiéndose de una mentira mundial, invadió un estado soberano, lo ocupó militarmente, ha causado la muerte de millones de civiles, se está robando su riqueza (petróleo) ha impuesto un gobierno de capos y mafiosos y se niega a irse cuanto antes. O de mantener en cárceles USA, en condiciones extremas, a cinco patriotas cubanos que precisamente se infiltraron en la mafia cubano-americana de Miami, para desarticular esas si acciones terroristas contra su patria.

En cuanto a la podrida OEA (como le ha bautizado Fidel, en una de sus últimas Reflexiones) es evidente que, después de la cumbre de las Américas y de todo lo que dijeron ahí (Chávez, Evo, Cristina, Correa, Ortega) ese organismo requiere de un “agornamiento” pero bien de fondo o desaparecer. Mejor desaparecer para que dé paso a un organismo latinoamericano . La reiteración de esta Comisión, en sus viejas y podridas prácticas, en eso de insistir en calificativos contra países que han adoptado una política de denuncia contra el imperialismo y su neoliberalismo, quiere decir que la política imperial no ha cambiado y que siguen actuando esos mismos cipayos e incondicionales.

Ello me recuerda que algún periodista norteamericano decente (que si los hay), sentenció: “el imbécil de Bush se va; llega el “negro” Obama pero el imperio se queda”.

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