viernes, 29 de mayo de 2009

Trabajo infantil, ignorado aporte al desarrollo de México

CIMAC

Las y los niños trabajadores del México posrevolucionario realizaron una aportación económica y fueron sujetos de la historia de nuestro país, aunque ésta los haya mantenido al margen y en el anonimato, señaló Susana Sosenski Correa, autora de la tesis El trabajo infantil en la Ciudad de México 1920-1934, ganadora de uno de los Premios de la Academia Mexicana de Ciencias (AMC) a las mejores tesis en Ciencias Sociales y Humanidades 2008.

Los documentos estudiados por la galardonada de la AMC, señala un comunicado de este organismo, demuestran que las y los niños de la época, tanto en las escuelas como en las instituciones de corrección, producían artículos para la venta al consumidor: tapetes, calcetines y jabón, entre otros.

En su trabajo, la investigadora del Instituto Mora destacó que en el México actual, a pesar de que millones de menores de edad participan en el mercado laboral, existe el consenso de que el trabajo infantil debe prevenirse y erradicarse, pues se considera una forma de abuso sobre las niñas y niños y algo que les roba su infancia.

En cambio, apuntó, a principios del siglo XX el trabajo infantil era algo generalmente aceptado, tenía un alto valor social y se consideraba como un paso natural que daban las y los niños de los sectores populares en su camino hacia la vida adulta y precisó que en esa época trabajaban, por lo menos, 2 mil 400 infantes en la Ciudad de México.

En este sentido, Sosenski Correa afirmó que el concepto de “niña” o “niño” es mucho más que una cuestión de edad, por el contrario, dijo, se trata de un concepto social que va evolucionando históricamente, como lo muestra la investigación.

En su tesis, documenta cómo el gobierno de la época se encargó, mediante diversos proyectos, de fomentar el trabajo infantil, por ejemplo, promocionándolo en las instituciones de corrección, o mediante las acciones de funcionarios que consideraban que el trabajo en las fábricas no era nocivo para las y los niños de 9 ó 10 años de edad.

A pesar de que la Constitución prohíbe, desde 1917, el trabajo de niñas y niños menores de 12 años, los documentos revisados por la historiadora muestran que había muchos menores de doce años trabajando en las fábricas, algunos de ellos con solo siete años de edad y, en ocasiones, sin salario.

Hizo referencia a un proyecto estatal que planteaba la necesidad de que la infancia de las clases populares trabajara, porque el trabajo los alejaba del ocio y la delincuencia, además formarlos en valores como la disciplina, la puntualidad, el ahorro y la organización.

Susana Sosenski explicó que los inspectores de trabajo con frecuencia escondían las cifras y permitían que las y los niños trabajaran, unas veces por corrupción y otras porque reconocían la importancia del trabajo de menores de edad en la economía familiar.

Por otro lado, la especialista apuntó que el trabajo infantil era muy conveniente para los empresarios, pues además de ser mano de obra barata, la edad de era propicia para determinadas tareas, como la limpieza de las máquinas u otras labores que implicaban permanecer mucho tiempo en cuclillas, por citar un ejemplo.

Otro de los temas abordados por la historiadora en la tesis es el tema del desempleo infantil que se vivió en la Ciudad de México a principios de la década de los años 30, como consecuencia de la crisis que en 1929 afectó a Estados Unidos y poco después a México.

En entrevista, comentó que para 1932 muchas de las fábricas que empleaban niñas y niños los despidieron para dar trabajo a los adultos desempleados, situación que trajo como consecuencia que la infancia desocupada se lanzaran a la calle al empleo informal.

De su estudio se desprendió que una cantidad muy grande de niñas y niños fueron trabajadores callejeros y adoptaron diversas actividades y formas de subsistencia: boleros, papeleros, saltimbanquis, cirqueros, vendedores de mercancías y billetes de lotería, como ayudantes en los puestos callejeros que abundan en la Ciudad de México, aunque también hubo muchos menores de edad delincuentes.

Educación para el trabajo

Sobre la educación de la infancia en este periodo, Susana Sosenski expresó que si bien había un cierta idea de que las y los niños pertenecían más a la escuela que al mundo laboral, las escuelas impartían una educación que estaba encaminada a formar a las clases populares para ser los futuros obreros de un México que estaba en pleno proceso de industrialización.

Como prueba de esto, la galardonada por la AMC mencionó que en las escuelas las y los niños pasaban la mayor parte del tiempo aprendiendo oficios, a los cuales se les daba mucha importancia. Los talleres iban desde panadería y carpintería, hasta costura, agricultura e imprenta y los productos que las y los menores elaboraban se vendían al público para aportar recursos a la misma escuela.

Historia oculta

La investigadora destacó la dificultad de hacer historia de la infancia, ya que constituye un grupo social que por lo general no dejan registros, fuentes o testimonios creados por ellos, y aunque aparecen en los documentos, su interés principal era verlos como protagonistas, como actores de la historia.

Entre las instituciones que proporcionaron las fuentes de las cuales se nutrió esta tesis se encuentran el Archivo General de la Nación, el Archivo Histórico del Distrito Federal y la Hemeroteca Nacional.

A lo largo de los cinco años que duró, la investigación contó con el apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, el Colegio de México y el Instituto Nacional de Estudios Históricos de las Revoluciones Mexicanas.

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