jueves, 14 de mayo de 2009

Yo no quiero que violen al violador

Pablo Gómez (MDZOL)

Estuve leyendo los comentarios hechos en diarios digitales, en notas referidas al hombre que abusó de su hija por décadas, comentarios en los que en forma casi unánime se pide violación y muerte dolorosa para el abusador y, la verdad, me preocupa.

Estuve escuchando en una entrevista en un noticiero al subsecretario de Justicia y Derechos Humanos del Gobierno provincial, y la verdad, verlo con una mueca de satisfacción comentar que los demás presos les pedían a las autoridades del penal que les dejaran para ellos al tipo este, me generó una mayor preocupación.

Y es que no podemos, como sociedad que se dice civilizada, pedir el ojo por ojo. En este punto es donde se dice “si te pasara a vos con un familiar directo, ¿qué harías?”. Me parece que si me tocara a mí sufrir un abuso en un familiar directo, probablemente actuaría con violencia contra el agresor. Pero lo que no puedo, es pedir que el Estado haga lo mismo. Lo que no puedo es, estando en frío, sentado en frente de una computadora, actuar o escribir igual a como lo haría embargado por una emoción violenta que seguramente me va a atacar en ese ingrato momento. Y lo que tampoco puedo, es pensar que, después de atacar a ese atacante, la justicia no me va a hacer nada. La justicia debe, si cometí un delito, darme la pena que corresponde. Y algunos elegiremos no cometer crímenes porque está mal, y otros por temor al castigo, pero sea cual fuere el motivo, la ley debe aplicarse.

Porque la justicia debe actuar en frío. La justicia debe ver qué delito cometió ese hombre, y encerrarlo por ese hecho, no para vengarse de él, sino para que no lo haga más, como bien lo dice la Constitución (porque no es una idea mía, lo dice la Carta Magna de la Nación) “para seguridad y no para castigo de los reos detenidos”.

Enterémonos de una vez: intentar estar en el equipo de los “buenos”, es correr con desventaja. Los “malos” pueden hacer lo que quieran, violar las leyes y abusar de cualquiera, porque son eso, “malos”. Pero los “buenos”, debemos atenernos a las normas sociales que permiten la convivencia entre todos, debemos contentarnos con encerrar a quienes han cometido delitos atroces, debemos dejar atrás el ojo por ojo por lograr el bien común.

De no ser así, no podremos quejarnos de los males de nuestros tiempos, como por ejemplo la creciente inseguridad. Porque una persona que se siente marginada de la sociedad, que siente que el sistema le quita la posibilidad de atender a su hijo en un hospital decente, le quita la posibilidad de trabajar a su padre, y con esa posibilidad quitada le quita toda esperanza futura, es un hombre ofendido con el sistema y busca (en forma creciente) el ojo por ojo: si a la sociedad no le importo, a mí no me importa la sociedad. Si la sociedad mata con su indiferencia a mis seres queridos, yo salgo y mato, con indiferencia, a los miembros de la sociedad. Ojo por ojo.

Al menos yo, no comparto. No comparto ni la venganza de los marginados ni la venganza “civilizada” de los foristas y funcionarios. Pretendo vivir en una sociedad que no es en la que vivo, ya lo sé. Pero seguiré intentando avanzar hacia un mundo mejor, o como mínimo, menos peor.

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