martes, 2 de junio de 2009

Argentina, Córdoba: Los trabajadores de CIVE le ponen el cuerpo a los despidos

Katy García (PRENSARED)

“Aquel que traiciona una causa, no tiene piedad en vender a sus hijos”
Escrito por Roque Ludueña, sobre una lona plástica.

Pasaron dos meses desde que una resolución judicial dejara en la calle a 75 operarios de la fábrica de parabrisas, vidrios y espejos CIVE. Se pusieron el conflicto al hombro y emprendieron la lucha por recuperarla. Sin experiencia gremial vencieron obstáculos, aprietes y amenazas de desalojo. Esta mañana, se produjeron forcejeos en el predio.

Los trabajadores protagonizaron acciones contundentes como la toma de la planta, cortes de calle, marchas, audiencias, trámites y guardias permanentes a la intemperie. Formaron la cooperativa de trabajo, presentaron un proyecto de recuperación que la justicia, amparada en vericuetos jurídicos, rechazó. La solución depende ahora de una decisión política del intendente Daniel Giacomino.

La firma, líder en el mercado nacional, produce y comercializa cristales templados y laminados para las industrias automotrices, navales, carrocerías y agrícolas, arquitectura e ingeniería. Un proceso de quiebra que se inició en 1997 concluyó con la clausura definitiva ordenada por la jueza Marcela Antenucci, del Juzgado Civil y Comercial de 52ª Nominación, el 26 de marzo pasado.

Sobre aquél día de puertas cerradas, candados y faja de clausura, Dante Toledo, con 29 años de antigüedad, expresa: “los jueces son fríos, no piensan que tenemos hijos, pagamos alquiler y estamos en la calle. ¿Por qué? Si la crisis no afectó al vidrio, se vende como la carne”, enfatiza. “Venimos de un proceso de vaciamiento sistemático que involucra al acreedor privilegiado, Hugo Ardiles, antes apoderado de una parte societaria de la empresa”, resume Gustavo González, con 24 años en la planta.

“Hasta octubre de 2007, se venia trabajando a buenos niveles. Hubo dos procesos licitatorios, para el segundo puesto a mitad del valor, Ardiles compró un pliego, pero no se presentó”, analiza.

Ariel Segarra, con 30 años en la empresa, apunta que el acreedor especuló para quedarse con todo, en un remate futuro. “Nosotros denunciamos ante la justicia penal varias irregularidades”.Por caso, mientras era presidente de Cive, junto a José Monguillot, crearon una empresa paralela: Grive S.A. que adquiría la producción al costo. Por su parte, Adrián Vitali, ex director del CPC de Villa Libertador, denunció ante la justicia que en 2007, Marcel Boneto, Monguillot y Ardiles operaron para que se cerrara.

La sindicatura, sin embargo, aceptó el plan de Ardiles que “ofrece pérdidas, una escasa previsión para salarios, y no nos garantiza estabilidad”, asegura Segarra.

Simultáneamente, acudieron al Consejo Deliberante y lograron la aprobación de una ordenanza que la declara de “utilidad pública y sujeta a ocupación temporaria por dos años”.

Esto incluye bienes y marcas. Solo falta que el intendente Daniel Giacomino la promulgue. “Esta es una empresa viable. Podemos hacerla funcionar porque estamos capacitados, sabemos cómo. Estamos ante un gigante parado al que tenemos que hacer andar”, expresa José Luis, con 26 años de trabajo. Al principio estaban asustados, confió. “Pero es nuestra lucha. Y si hay que pelear en la calle, subirnos a un colectivo y explicar lo que nos pasa, lo hacemos”, sostiene. Carlos Oviedo, agrega que “pese a la incertidumbre, tenemos esperanza”.

Edith Saravia (35), única mujer, trabaja en administración desde hace 15 años. Le preocupa la situación de sus compañeros. “Una es joven, puede remarla, pero hay que ponerse en los zapatos de ellos”. Los más jóvenes, apuestan al proyecto cooperativo. “Peleamos para volver a trabajar, con la ayuda de todos y una mano de Dios, ganaremos”, comenta Lisandro (23). “Uno tiene obligaciones, soy casado y tengo hijos, completa Gustavo (23).

A esta altura del conflicto, dudan que la solución venga de la mano del vaciador. Además, un perturbador run run circula por el lugar. Las máquinas serían trasladadas a Río Tercero, el edificio demolido y la construcción de un complejo inmobiliario sería el destino final. “Esta justicia es nefasta, estamos sufriendo pero lucharemos hasta las últimas consecuencias”, dice Roque Ludueña, símbolo de la lucha, con 35 años en la compañía.

En dos meses de disputa, recibieron la solidaridad de los despedidos y la Comisión de Mujeres de Iveco y de Gestamp, de organizaciones sindicales, políticas, religiosas y de los vecinos. ¿Los sindicatos? bien, gracias. Al principio apoyaron, y después se borraron. Como en 2001. Otro contexto, la misma historia.

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