martes, 23 de junio de 2009

Argentina, Córdoba: Que la crisis no la paguen con la salud de los trabajadores

Katy García (PRENSARED)

La crisis internacional desató un aluvión de despidos. Los trabajadores organizados asumen el desafío de seguir construyendo espacios para la formación y capacitación en torno a la salud laboral como un derecho. La salud no se vende, repiten. Aunque el miedo a perder la fuente laboral opera como riesgo.

Con la asistencia de representantes de sindicatos locales y de diferentes provincias argentinas, el viernes y sábado pasados se realizó en la Casa del Trabajador de Prensa de Villa Carlos, el "2º Encuentro Provincial de Salud Laboral" convocado por el Instituto de Salud Laboral y Medio Ambiente (ISLYMA-CTA)

El viernes por la tarde se realizó un panel y debate con la presencia de Walter Migliónico, Secretario de Salud Laboral de PIT-CNT (Uruguay); Mario Epelman, médico laboral e Irina Santesteban, secretaria General de la Asociación Gremial de Empleados del Poder Judicial de la Provincia de Córdoba (AGEPJ-CTA).

El secretario de Comunicación de la Mesa Nacional de la CTA, Juan Carlos Giuliani, en la apertura del Encuentro afirmó que “nadie va a hacer por nosotros lo que nosotros no seamos capaces de hacer por nuestra salud laboral y eso tiene que ver con la distribución de la riqueza. Porque estar bien, en condiciones físicas y psíquicas se relaciona con las condiciones laborales en que nos desempeñamos”, afirmó.

Luego agregó que uno de los desafíos de la clase trabajadora, era “reapropiarse del conocimiento”, y en ese camino había que disputar con el conocimiento académico la posibilidad de “autoformarnos”.

En esa línea subrayó que “creemos en la construcción colectiva y cuestionamos a los librepensadores y las autoproclamadas vanguardias que nos vienen a decir qué tenemos que hacer, sin responsabilidades ni capacidad de respuesta. Pertenecemos a un proyecto colectivo, estamos organizados, y sabemos con quienes hacerlo y cómo”.

Destacó, además, que este encuentro tiene que “alimentar de masa crítica a la instancia máxima que es la Constituyente Social y adelantó que “el mejor homenaje para el bicentenario, es plantear un bicentenario sin hambre”.

Trabajadores de la justicia sin justicia

La secretaria General del gremio de los judiciales, Irina Santesteban comenzó su participación diciendo que “no soy especialista en Salud Laboral, pero si creo que no debe ser solo una cuestión de los técnicos, sino de los trabajadores, de las bases”.

Brindó una caracterización de la situación laboral a la que están sometidos los judiciales y comentó que paradójicamente “trabajadores bien vestidos” que desempeñan sus labores en las oficinas donde se administra “Justicia” al lado de sus “señorías”, padecen situaciones de maltrato laboral. Santisteban, que tiene 27 años de trabajo en la justicia, afirmó que no se respetan las leyes de riesgo laboral. Por caso, ni siquiera cuentan con una Aseguradora de Riesgos de Trabajo (ART).

En ese sentido, comentó casos concretos de compañeros que sufrieron caídas en los lugares de trabajo y aún no logran que le sea reintegrado el dinero gastado. También aclaró para sorpresa de muchos que “no tenemos convenio colectivo y solo contamos con las acordadas de los jueces”.

De manera que “las presiones psicológicas, arbitrariedad, injusticia, elitismo, frustración, el autoritarismo de los jueces acostumbrados a decidir sobre la vida y los bienes de los demás”, son moneda corriente. Tras señalar que en materia de salud laboral están en “jardín de infantes”, como gremio aspiran a formar “delegados en prevención”.

El miedo a perder el trabajo, es el peor riesgo laboral

Mario Epelman, un médico de vasta trayectoria en el campo de la salud laboral, recordó una experiencia que en los setenta reunió a un sindicato (Luz y Fuerza), una empresa (EPEC) y a un grupo de investigadores dispuestos a indagar sobre una situación concreta de salud laboral.

Comenzaron por el centro de cómputos donde los empleados presentaban síntomas inespecíficos tales como: dolor de cabeza, cansancio, insomnio, irritabilidad, sin configurar una enfermedad.

“Empezamos a observar, a medir temperatura, humedad, ventilación, distribución, ruido de las máquinas y le pedimos que utilizando un aparato japonés en distintos horarios autoevaluaran la fatiga visual y mental, y comprobaron que el oxígeno en el ambiente disminuía", señaló Epelman.

"En resumidas cuentas el problema radicaba en que ese espacio físico utilizado estaba diseñado para un depósito y que esta experiencia de coordinación de esfuerzos y de articulación entre organizaciones fue posible en aquel contexto", destacó.

En ese sentido, Epelman rescató que actualmente en la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Rosario se dicta un curso de Salud Laboral de 3 años y el año pasado egresaron 25 técnicos y hasta ahora hay 130 inscriptos.

Como docente recordó una anécdota. "En un acto de entrega de diplomas, un trabajador agradeció que “la universidad nos abra las puertas”. Fue ahí que el decano le dijo: “usted está equivocado, esta universidad es suya porque se sostiene con sus impuestos”. Una verdad no muy asumida desde las élites académicas".

El especialista alertó sobre la importancia de los riesgos psicosociales que se expresan en lo físico y que no se plasman como enfermedades laborales. “En los países desarrollados, los riesgos psicológicos son mayores, pero nosotros tenemos ambos. Y el miedo a perder el trabajo hace que uno acepte cualquier riesgo. Es el peor riesgo laboral”, argumentó

Apropiarse del conocimiento

El cierre estuvo a cargo de Walter Migliónico, coordinador general de la secretaría de Salud Laboral y Medio Ambiente de la Central de Trabajadores PIT-CNT del Uruguay. El dirigente, recogió el guante arrojado por Irina Santesteban cuando expresó: “no soy especialista en salud laboral”.

Afirmó que esa concepción debía abandonarse porque retomando a Galileo Galilei “no hay ciencia posible sin experiencia”. Así, consideró que “tal vez los trabajadores no sepamos los nombres de las cosas pero tenemos el conocimiento subjetivo; entonces, el desafío es objetivar y apropiarnos del conocimiento”.

Migliónico se inició en el mundo del trabajo, hace cuarenta años. La situación en Uruguay es similar en cuanto a la problemática, pero es de avanzada en relación a la formación. Hace 25 años que trabajan en forma coordinada con la Facultad de Medicina y desde 2007, el delegado obrero en salud laboral es reconocido por ley.

Uno de los conceptos más importantes que tiró a la mesa de debate se relaciona con sacar el tema de lo técnico y llevarlo a lo político. “El dirigente debe ser un comunicador de las cosas, no hay nada que sustituya el “pico a pico”, lo demás lo complementa”. En esa perspectiva, valoró el uso de Internet como una herramienta complementaria.

En relación a la crisis financiera mundial, advirtió que “al cerrarse el mercado de exportación, está dejando afuera mucha gente; entonces, lo importante pasa a ser conservar el empleo y esto recae en la salud de los trabajadores. Hay estudios que dan cuenta de un aumento en los accidentes y la precarización. Lo peor es que a veces el trabajador oculta lo que le pasa por que lo pueden poner en la lista”, opinó.

En cuanto a las patologías, las más frecuentes son lesiones por esfuerzos repetitivos (tendinitis, túnel carpiano) y contacto con sustancias químicas. Un párrafo especial merece el boom de los telecentros. “Es una actividad que no está estudiada, pero vemos que aparecen problemas auditivos y visuales, de voz y picazón en los oídos. Además está el problema no visible que es el stress laboral”, explicó.

En Uruguay desde 1911 la cobertura de los Riesgos de Trabajo se realiza desde el Estado. El patrón firma un contrato con el Banco de Seguros del Estado. Sin embargo, responde a una lógica mercantilista. “Ahora estamos discutiendo en nuestra Central porque no hablamos de un beneficio, sino de un derecho”. Se refiere a la salud laboral desde la prevención y reparación. Tras las ponencias se dio curso a un debate que luego se plasmó en conclusiones.

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