lunes, 1 de junio de 2009

Colombia, la crisis golpea a los más pobres

DESDE ABAJO

El más reciente informe del Departamento Nacional de Estadísticas –Dane- (mayo 2009), sobre desempleo en Colombia, confirma que los más pobres son los que más padecen los efectos de la crisis sistémica que en estos momentos afecta al conjunto de países del orbe.

Según el Dane, para abril de 2009 el desempleo ya afecta a 2'545.000 colombianos. Pereira es la ciudad donde más se sienten este efecto, con el 19,7 por ciento de su población sin trabajo, seguida de Ibagué con el 19 por ciento.

El caso de Pereira es especial. Capital del departamento de Risaralda –región colombiana con mayor tasa de emigrantes hacia España y Estados Unidos– se ha visto afectada por la contracción de los envios de remesas debido a la crisis capitalista. El incremento de la delincuencia, el auge del narcotráfico en muchas de sus barriadas y la desazón entre la juventud, son parte de los signos que evidencian la coyuntura que se vive.

Disfrazando la realidad

Pero el desempleo y la pobreza que padecen los colombianos es más grave de lo informado por el Dane. En efecto, si ponemos en su justo lugar parte de la información ofrecida por este centro de estadísticas oficial, observaremos el real tamaño de la crisis en Colombia.

Según el Dane, “para el trimestre febrero-abril de 2000, los ocupados aumentaron en 506.000 hasta 18'103.000, destacándose el incremento de 255.000 de los trabajadores por cuenta propia, la mayoría en el rebusque; de 220.000 de los empleados particulares; y de 157.000 en los trabajadores familiares sin remuneración, que compensaron las reducciones en los empleados del Gobierno (60.000) y los jornaleros o peones (120.000)”.

Si traducimos al lenguaje corriente lo dicho por el Dane, tendremos que el desempleo es mucho mayor que el reconocido: “255.000 de los trabajadores por cuenta propia, la mayoría en el rebusque; (…) y de 157.000 en los trabajadores familiares sin remuneración”. ¿No son estos desempleados disfrazados?

Trabajadores desempleados producto, como dice el Banco de la República, de “"La caída de la industria, el comercio y la construcción…”. Como se reconoce por propios y extraños, la industria nacional se ha ido a menos, evidenciado en un hecho real: “El 72 por ciento de la fuerza laboral colombiana está localizada en el sector servicios público y privado”. Es decir, la gente está dedicada al comercio al por mayor o al detal, al transporte, a vender servicios, o vinculado como empleado público, muchos como soldados o policías.

El mundo del trabajo

En Colombia el desempleo está disfrazado de “informalidad”, “trabajo por cuenta propia”, “rebusque”, y otras palabras que esconden la realidad, pero ésta no miente.

El 57,7 por ciento –es decir, 10.963.000 hombres y mujeres en edad de trabajar– integra ese grupo humano que dicen está dedicado a la informalidad, esto es, la condición de trabajadores sin tipo alguno de seguridad social o estabilidad laboral. Además de ellos, existen los desempleados, que a mayo de 2009, suman 2.470.000 personas.

Así, entre otros aspectos, se caracteriza el excluyente e injusto mundo del trabajo colombiano. En él, un escaso 30 por ciento de connacionales –alrededor de 5.700.000 personas– trabaja bajo alguna modalidad contractual, pero la mayoría ligada a contratos a término fijo y bajo la forma de salario integral. De ellos, alrededor de cuatro millones devengan el salario mínimo. Muchos más (5,5 millones) laboran por fuera de la legalidad, y su mensualidad ni siquiera alcanza a esa ínfima suma de dinero. Baja remuneración que se incrementa poco para otros trabajadores, toda vez que 4 de cada 5 perciben menos de dos salarios mínimos.

Ni unos ni otros tienen con qué cubrir la canasta alimentaria mensual, la que, según el Dane, y para este tipo de familia, bordea el millón de pesos. Es decir, en términos comparativos con el valor de la canasta familiar para los estratos socio-económicos bajos, la capacidad de compra del salario mínimo legal representa un 47 por ciento, lo cual es igual a decir que ni aun trabajando dos personas por hogar se puede satisfacer los requerimientos básicos familiares.

Cifras de escándalo y dolor. Muchos de estos compatriotas, a pesar de batirse toda la vida tras unos denarios para poder garantizar su supervivencia y la de los suyos, al final de su “edad productiva” no podrán jubilarse. Muy a su pesar, y por el trabajo realizado, el salario devengado no les obliga ni les alcanza para cotizar en un fondo de pensiones. Pero además, unos y otros, todos sin excepción, desconocen hasta ahora una conquista del Estado Bienestar: la protección salarial en caso de perder el empleo.

Estos son algunos de los aspectos que ‘dibujan’ el mundo del trabajo en Colombia, y que desnudan los niveles reales que el desempleo, abierto o disfrazado, ha ganado entre nosotros.

Se trabaja y se vive en condiciones de indignidad. La crisis sistémica ahonda la problemática, pero la injusticia, la pobreza y la exclusión, vienen de tiempo atrás, son hijas de un modelo que concentra la riqueza en pocas manos y multiplica entre millones la miseria.

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