martes, 2 de junio de 2009

Colombia: Uribe corazón grande con los paramilitares

ANNCOL

Operativos militares, verborrea y mamadera de gallo con la liberación de Moncayo jr. Este dato para los Obdulios, Plinios, Londoños, Yamhures, Rangeles y Pizarros, financiados desde el exterior: en los casi coincidentes seis años de guerra tanto en Irak como en Colombia las bajas de ambos Ejércitos agresores por doce no son las mismas. Las de US Army 3.328 y las de Ejército colombiano 3.340.

Con la verborrea de siempre, el narcopresidente intenta comparar dos hechos incomparables.

El primero, la decisión política de la insurgencia de las FARC-EP de dejar en libertad al intendente Pablo Moncayo, hecho prisionero en una acción de guerra y respetada su vida durante años esperando la voluntad política del régimen para el intercambio de prisioneros.

La decisión de la insurgencia ha sido interpretada por muchos, como resultado de la acción de Colombianas y Colombianos por la paz, movimiento que encabeza la senadora Piedad Córdoba. Para otros, como un premio al tesón demostrado por su padre, quien ha recorrido el país y algunos países del Mundo para sensibilizar a la comunidad nacional e internacional de la necesidad del intercambio humanitario, como está contemplado en los acuerdos internacionales sobre los prisioneros de guerra y de conflictos.

Sólo el narcopresidente y sus áulicos ven en éste gesto humanitario, un acto mediático y de propaganda, cuando en realidad es un acto digno contra un soldado vencido y hecho prisionero en un acto de guerra. Será que los actos cotidianos del narcopresidente dignos de una república bananera y de los cuales nos avergonzamos los colombianos decentes, no son actos mediáticos, construidos para esconder la realidad profunda que hiede de corrupción, de concierto para delinquir, pero sobre todo de terrorismo de Estado.

Mientras ordena, el rescate militar del Intendente Moncayo el presidente de “corazón grande” con los paramilitares –mientras éstos no hablen contra él- posa ante el mundo de cultor de la democracia, ordena asesinar a los opositores políticos, entrega las instituciones más importantes a los narcotraficantes y paramilitares y rifa el país al capital transnacional. Que hipocresía de esta lacra.

El segundo, las últimas acciones de guerra de las FARC-EP, normales en un conflicto armado como el que vivimos, con la decisión unilateral de la liberación del Intendente Pablo Moncayo es une exabrupto. La insurgencia colombiana no esta en tregua, no se ha firmado ningún acuerdo con el régimen para parar la guerra o silenciar los fusiles. El narcopresidente pretende que mientras él ordena la guerra cotidiana de “falsos positivos militares, jurídicos”contra el pueblo colombiano, la insurgencia silencie los fusiles.

Mamola dirán los insurgentes colombianos.

Para detener la guerra se necesitan mínimo dos, voluntad política y una concepción de paz como razón de Estado. Mientras el mafioso-paramilitar continué gestando la guerra contra el pueblo colombiano desde la comodidad de palacio, la guerra continuará. Así que no comparen una hormiga con un elefante.

En las confidenciales de la última edición de la revista SEMANA pudimos leer la siguiente:

“Se acaba de revelar en un reciente estudio un dato asombroso sobre el conflicto armado colombiano. El número de bajas que han recibido las Fuerzas Armadas de Colombia en los últimos seis años es prácticamente el mismo del Ejército de Estados Unidos desde cuando comenzó la guerra en Irak, que tiene esos mismos años. En efecto, el total para Colombia es de 3.340 uniformados abatidos, y el de EEUU es 3.328. Doce muertos de diferencia.

El poderío de la insurgencia colombiana contrasta con la incapacidad de las FFMM para derrotarla, -muy a pesar de su presupuesto-nos muestran que es más barata la paz con justicia social.

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