martes, 9 de junio de 2009

“Combatiente enemigo” si, pero…

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

En Luxemburgo la Unión Europea decidió montarse en el carro del actual presidente norteamericano y, en sentido general, asumió la posibilidad de recibir en el Viejo Continente a “combatientes enemigos” recluidos en la ilegal prisión de la no menos arbitraria base naval de Guantánamo.

¿Complejo de culpa? Por qué no. Al fin y al cabo, con mayor o menor publicidad, y a veces en medio de secretos no bien guardados, varias autoridades oficiales europeas permitieron el trasiego por su territorio de aviones militares estadounidenses cargados con prisioneros, todos presuntos terroristas, según indicaban sus captores.

Luego vendrían las torturas legalizadas por la administración de George W. Bush, las indignantes fotos de las prisiones clandestinas con los detenidos en las más aberrantes situaciones, y el consiguiente escándalo del cual los principales responsables han sido absueltos por presiones emanadas de la Casa Blanca.

Obama, quien prometió eliminar la mácula de la prisión de Guantánamo, también ha titubeado en este aspecto, a lo cual se une que sus planes no recibieron el beneplácito de buena parte de los legisladores norteamericanos, reacios a que pretendidos “terroristas” sean llevados a sus cárceles en diferentes estados de la Unión, o simplemente liberados en el inmenso país por falta de cargos.

Algo similar ocurre en Europa, pues la aprobada admisión de “combatientes enemigos” está sujeta aún a consultas en el seno de los miembros de la UE. No resulta de obligatorio cumplimiento por los integrantes del grupo, y de hecho existen naciones como Alemania, que no admitirán reclusos, mientras Italia y Austria son también son remisos a recibirles.

Para las autoridades germanas, por ejemplo, resulta poco edificante el envío de probables “terroristas” a suelo europeo, en tanto el Congreso norteamericano rechaza internarlos en los Estados Unidos, de manera que las consecuencias del entuerto lo carguen otros.

Así Washington se debate en su propuesta de lavar la cara del imperio poniendo fin a ilegalidades como las de la prisión de Guantánamo y el uso de la tortura.

El asunto radica en que en la Oficina Oval se puede ostentar el uniforme y el grado de capitán, pero el barco finalmente avanza en el derrotero decidido por los dueños de la naviera.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.