martes, 9 de junio de 2009

Contra las ortodoxias

Tomás Buch (RÍO NEGRO ON LINE)

Etimológicamente, la palabra "ortodoxia" -del griego- significa la recta doctrina. Lo que hay que aceptar, sin críticas. Las cosas son así, toda alternativa es torcida. No hay espacio para el desacuerdo ni para el debate. La ortodoxia es la negación de la democracia y del análisis crítico; es el autoritarismo, la violencia para imponerse si fuese necesario. Es todo lo que niega la convivencia de puntos de vista variados, el debate de ideas, el progreso del espíritu. La ortodoxia significa no pensar, no necesitar el pensamiento, hace decir Orwell a uno de sus personajes en "1984".

Aún no hemos hablado de religión, que es el ámbito con el cual se suele asociar esa palabra. También hay ortodoxia en economía, en política y hasta en ciencia -la que debería ser la negación de la ortodoxia-.

Una de las ortodoxias más conocidas fue la del comunismo estalinista, donde se cambiaba la historia una vez impresa si algún héroe caía en desgracia y la negación de la ortodoxia partidaria significaba el Gulag.

La ortodoxia religiosa actual es la más evidente, sea católica, judía o musulmana. Yo tengo la razón y, por lo tanto, tú estás equivocado. Ahí podría parar la cosa: estás equivocado y arréglate como puedas con tu error: si tu heterodoxia de lleva al infierno, allá tú. Pero la ortodoxia religiosa generalmente es proselitista y no vacila en imponerse por la fuerza.

El gran cisma entre católicos y "ortodoxos" del siglo XI se dio alrededor de una interpretación acerca de si Jesús era el "hijo" de Dios o era consustancial con Él. Dos ortodoxias -pero sólo una de ellas conservó el nombre-. Y el tema, por supuesto, es inexistente...

La ortodoxia católica dio a la Inquisición el poder de erradicar a todos aquellos de los que siquiera se sospechaba que "pensasen feo". Aunque fuesen bautizados, los judíos conversos o "nuevos" (los "marranos" son cerdos, esa designación lo dice todo) fueron perseguidos a sangre y fuego. Éste es el comportamiento típico: la conversión forzada -como aquella a la que se sometió a los amerindios, en una lengua que no entendían- nunca es digna de fe, por supuesto. Ante la amenaza de la tortura, todos somos creyentes -aunque no necesariamente fieles.

La "santa" inquisición y sus métodos totalitarios fueron abolidos después de cambiar varias veces de nombre (aunque recién en el siglo XIX) pero ahora tenemos un Papa que proviene de allí, así como Rusia está en manos de ex miembros de la KGB, la policía secreta guardiana de la ortodoxia comunista. Ya no esgrimen el poder absoluto de otros tiempos; los métodos cambiaron, pero no las convicciones: yo tengo razón, luego tú estás equivocado, Dios -o el Partido- está conmigo.

No sólo la Iglesia Católica tuvo su inquisición. Una parte del protestantismo se levantó contra el absolutismo y la corrupción de la Iglesia, pero otra cayó en el absolutismo propio: Miguel Servet, teólogo y hombre de ciencia calvinista -fue quemado vivo, aunque no por haber descubierto la circulación de la sangre, como muchos creen, sino por haber negado la Santísima Trinidad-. Algo parecido le pasó a Giordano Bruno -uno de los héroes del ecumenismo- en Roma, que aún le debe la reivindicación (aunque menos que total) que después de tres siglos la Iglesia Católica otorgó a Galileo.

Los fundamentalistas protestantes son aún peores "ortodoxos" que los extremistas católicos. Toman la Biblia al pie de la letra, pretenden que los seis días de la Creación son legibles del calendario a partir del 26 de octubre de 4004 a. C. a las 9 de la mañana. Usher llega a esta precisión sumando las genealogías que da la Biblia (el día fue separado de la noche el primer día aunque el sol recién fue creado el cuarto... ¿qué habrá sido un día hasta ese momento? ¿Y las 9 de la mañana de dónde?) y niegan la ampliamente demostrada antigüedad de la Tierra y de la vida a millones de años, junto con la evolución de las especies porque la Biblia dice que no fue así. Pero ellos ya no matan a los heterodoxos -aunque no lo hacen porque no pueden, y tratan de prohibirles la palabra-. En otros tiempos, eran los que formaban el Ku Klux Klan y linchaban a los negros sólo por serlo.

El islam extremista es el ejemplo de actualidad más candente. En sus versiones talibán tratan de imponerse a la fuerza y niegan toda humanidad y todo derecho a las mujeres -curiosamente a pesar de lo que dice el Corán mismo-. También pretenden que hay que matar a todos los judíos -y no sólo a los israelíes-. Claro que, de paso, niegan la validez de toda traducción del Corán como blasfema, así que habría que estudiar árabe clásico para enterarse de qué dice el libro dictado por Dios mismo al analfabeto Mohamed sobre cuál era la ortodoxia. Versiones o visiones del islam dicen que una mujer vale la mitad de un hombre, pero algo vale, y los judíos son malos porque no aceptaron al Profeta, pero no es necesario matarlos: se puede convivir con ellos y hasta permitirles -a ellos y a los cristianos- vivir en el seno de la sociedad musulmana, aunque pagando un impuesto por esa libertad de cultos. Cosa que han hecho durante milenios -por ejemplo, en la España merovingia-. También la Guerra Santa ("yihad") se puede leer literalmente como la conversión forzosa o la muerte o como guerra interior, espiritual, contra las tendencias negativas que tiene aun el santo. Las diferencias -que ahora son doctrinarias y políticas- entre chiítas y sunnitas, en cambio, provienen de un desacuerdo sobre si en la sucesión de Mahoma debía prevalecer la fidelidad a la Mahoma y a su doctrina o la ortodoxia tribal.

Cuando, por razones puramente políticas, el emperador Constantino declaró al cristianismo religión de Estado, trasladó la capital del Imperio Romano de Roma (asediada ya por las tribus bárbaras que luego la conquistaron) a Bizancio. El Concilio de Nicea, en 325 decidió sobre la nueva ortodoxia cristiana y el popular arrianismo fue declarado herético y perseguido como correspondía. Los cristianos oficializados tampoco tardaron en desatar la masacre de los paganos -que continuaron creyendo lo que les habían enseñado desde su infancia y que ahora ya no era la ortodoxia-.

El concepto mismo de herejía dominó en la Iglesia durante muchos siglos. Es el complemento perfecto, el antónimo de la ortodoxia. Es interesante que la etimología de "herejía" es la palabra griega "hairesis", que significa doctrina o creencia. En la actualidad, por lo menos en Occidente, la palabra ha caído en desuso. No así el concepto: herejía es el creer distinto de las doctrinas oficiales.

En el judaísmo también existe la ortodoxia -a veces se habla, erróneamente, de "ultraortodoxos"; no se puede ser más ortodoxo que los ortodoxos, por definición-. Los ortodoxos judíos no son realmente ortodoxos, porque lo más visible, su típica indumentaria, nada tiene que ver con la de los judíos expulsados por los romanos en el año 70 EC sino que está más relacionada con la ropa que se usaba en Europa en el siglo XVI. Pero la ortodoxia, en este caso, consiste en el cumplimiento literal de las 613 prescripciones bíblicas, talmúdicas y de la Mischná. En el judaísmo también existe una diversidad similar a la que existe en todas las otras religiones. Además de los ortodoxos, que para los antisemitas son tomados como la imagen típica de "el judío", los hay ateos, conservadores, reformados -y todos ellos se consideran judíos aunque no son aceptados como tales por la inflexibilidad ortodoxa-. Pero como el judaísmo no es proselitista sino más bien excluyente, nadie suele matar a nadie por sus ideas. Salvo excepcionalmente, como ocurrió con el asesinato de Izhak Rabin -por razones políticas-. Por supuesto, el conflicto entre palestinos e israelíes no tiene nada que ver con esto de la ortodoxia.

La ortodoxia política tuvo su apogeo en los regímenes totalitarios, que no vacilaron en eliminar físicamente sus respectivos herejes. Así, para un estalinista no había enemigo más odiado que un trotskista -que era un hereje, mientras que los capitalistas sólo eran el adversario-. Y los nazis nunca vacilaron en enviar a los hornos a sus propios herejes, junto a los judíos y los gitanos. La masacre de las SA, la milicia que llevó a Hitler al poder, es un buen ejemplo.

Curiosamente, también hay una ortodoxia en ciencia, donde todo conocimiento debe ser "falsable" -o sea, debe poder demostrarse su falsedad aunque, si ello nunca es logrado, la idea se considera cada vez más "verdadera"-. En este caso, la respuesta a la heterodoxia suele ser la marginalización: por ejemplo, aún hay algunos que discuten la validez de la teoría de la relatividad, pero ni se suele discutir con ellos: son, simplemente, dejados de lado. La teoría del "Diseño inteligente" es una negación de la Evolución, no es una herejía científica sino ortodoxia religiosa que trata de disfrazarse. Y un científico que se animase a ingresar en temas vidriosos como los fenómenos paranormales para proponer una investigación científica de algunos que son accesibles arriesga su carrera académica y prefiere quedarse en la ortodoxia. Claro que en este caso la ortodoxia admite que se confiese que no se tiene idea acerca de qué está hecho el 90% del universo... pero ya se ha de averiguar algún día. Esta fe en la omnipotencia de la ciencia es también una especie de ortodoxia. Ojalá mis colegas me perdonen esta herejía...

Tomás Buch es Físico-químico.


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