martes, 2 de junio de 2009

Costa Rica: Las izquierdas


Luis Paulino Vargas Solís (especial para ARGENPRESS.info)

En efecto, creo que deberíamos hablar de izquierdas, así en plural. Claro que eso introduce una fuerte disonancia respecto de los discursos que la izquierda histórica sustentaba, ya que esta se imaginaba a sí misma como realidad monolítica, lo cual daba lugar, en su praxis política, a una disciplina autoritaria en el marco de organizaciones cerradas y opacas.

Ello nunca impidió, cuando por el contrario favorecía –al menos en Costa Rica- la tendencia a la fragmentación en una especie de extraña carrera autodestructiva. Posiblemente eso era resultado de esa misma pretensión de rígida homogeneidad, ya que esta llevaba implicada una escolástica dogmática e intransigente que no admitía disensos. Pero justo por no admitirlos, fácilmente propiciaba la ruptura, en cuanto cada fracción se sentía poseída de la verdad. Cerrado todo canal de diálogo, tan solo quedaba el camino de la división. Cada quien por su lado, cargando el fardo enorme de su verdad absoluta.

De tal forma, el peor enemigo que enfrentaba la izquierda estaba instalado a su interior. Aquí mismo en Costa Rica, siguen vivos resabios de esa dogmática intransigente, lo cual obstaculiza la posibilidad de construir alguna alternativa viable frente al neoliberalismo. Reductos muy reducidos de la izquierda conservan intacto el mismo iluminismo redentorista, lo cual se hace manifiesto en su fragmentación y aislamiento, resultado inevitable de su negativa a dialogar y transigir.

Mas, cosa paradójica, la sociedad es hoy muy compleja y ello es particularmente cierto en el terreno de las izquierdas. Dos elementos principales definen ese complejo espacio político-ideológico de las izquierdas.

• Primero: en oposición al capitalismo neoliberal decadente

Ser de izquierdas se define por referencia –en relación de contradicción o, como mínimo, de resistencia- respecto de las fuerzas dominantes del capitalismo neoliberal. Consideremos que el neoliberalismo es una ideología que exalta la riqueza material, el poder y el triunfo del más fuerte y que proclama la imposición de una sociedad totalmente dominada por la lógica de la mercancía y, en consecuencia, desentendida de todo criterio de justicia en las relaciones entre los seres humanos y de cualquier principio de moderación y equilibrio en las relaciones con la naturaleza.

El capitalismo es hoy neoliberalismo y difícilmente dejará de serlo. De hecho, ese es el rasgo central de la actual etapa de decadencia en que el sistema se mueve. Para dejar de ser un capitalismo neoliberal y retornar, pongamos por caso, a una nueva versión del relativamente civilizado capitalismo fordista del período posterior a la Segunda Guerra Mundial, se requeriría antes disciplinar muy seriamente los poderes desatados del capital transnacional y la especulación financiera, cuyo comportamiento obedece, sin dilación ni atenuantes, a una búsqueda enfermiza de ganancia, monopolización de mercados y crecimiento. Es altamente improbable que se de tal cosa, y justo por ello es posible que la actual recesión mundial empiece a ceder en los próximos meses, no obstante lo cual la crisis seguirá viva pues sus causas fundamentales conservarán total vigencia.

En ese marco, las posiciones de izquierdas se van definiendo, cada vez más, como opciones políticas que se oponen, o por lo menos resisten, a esa corriente destructiva del capitalismo neoliberal globalizado. Las izquierdas son, cada vez más, las expresiones políticas y discursivas de una humanidad que lucha por frenar la barbarie globalizada que enajena y destruye vidas humanas y aniquila la naturaleza. Por ello mismo son plurales y diversas, porque también así lo son las manifestaciones de la devastación en curso, las cuales incluyen desde el imperialista y la militarización o la catástrofe ambiental, al ataque a los derechos laborales y el Estado de bienestar, la profundización de la pobreza y la desigualdad o el atropello a las culturas autóctonas.

• Segundo, como reivindicación de nuevas aspiraciones de libertad

Acontece, además, que esta es una sociedad signada por el poder de los flujos de la información, los cuales son realidades contradictorias Ahí lo mismo caben las redes donde la gente establece relaciones paritarias y construye espacios de creación libre y autónoma, como también todos esos cúmulos de basura, alienación en baratillo que ofrece la gran industria. Pero esos flujos de información así como los espacios de la virtualidad, gestan o potencian, según sea el caso, nuevas identidades y discursos y visiones de mundo, o, a veces, tan solo sacan a la luz identidades y frentes de reivindicación que, por largo tiempo, permanecieron soterrados bajo el peso de la opresión.

Desde el género, la etnicidad, las expresiones juveniles, la diversidad sexual, la construcción artística, las culturas tradicionales, entre tantas otras posibilidades. En algunos casos, lo invisible pugna por hacerse visible y recuperar el dignidad y el espacio que le fue arrebatado. En otros, las ansias de libertad rompen el cascarón y reinventan y pluralizan las identidades. Desde luego, lo que surge no siempre tiene el signo de la libertad (por ejemplo, las distintas facetas del neofacismo), pero ello probablemente sea un destilado maloliente de la destructividad que carcome la sociedad bajo el imperio del capitalismo neoliberal.

Aparece entonces una globalización multicolor que se despliega de forma paralela, autónoma y frecuentemente en oposición respecto de la globalización neoliberal del capital. En ese sentido, cobra sentido hablar de posmodernidad no como fuga nihilista hacia la total irresponsabilidad, sino como una dinámica muy creativa que rompe con los cánones opresivos de las instituciones de la modernidad capitalista (desde el patriarcado o la religión jerárquica a la escuela autoritaria o la cultura de masas).

Las izquierdas, entonces, tienden a ser un abanico político e ideológico multicolor en el cual convergen dos grandes vertientes. De un lado, las fuerzas que se oponen a la barbarie en curso del capitalismo neoliberal en decadencia. Del otro las fuerzas sociales emergentes que luchan por construir espacios de libertad en un mundo más heterogéneo y plural. El proceso causa perplejidad porque desafía las categorías mentales heredadas de la modernidad. Dicho de otra forma: las izquierdas son hoy los frentes donde se mueve la humanidad que lucha contra la aniquilación y por la vida y la construcción de una nueva concepción de democracia y libertad.

Así pensado, mucha gente y muchas organizaciones desarrollan una sensibilidad y una praxis de izquierdas, incluso en el caso de que no se reconozcan a sí mismas como tales. Pero esto también deslinda los campos con claridad, y permite entender donde está la derecha. En lo esencial, derecha es la fuerza política que propicia –por acción o por cómplice omisión- la devastación neoliberal, como también ahí se sitúan las fuerzas reaccionarias que pretenden mantener vivas las instituciones opresivas de la modernidad capitalista.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.