miércoles, 17 de junio de 2009

Costa Rica: Otto y la corrupción

Giovanni Beluche

El circo de la política electoral se pone cada vez más activo. El ultraderechista Otto Guevara, quien en la pasada contienda usó la táctica de hacerse filmar tapando huecos y recogiendo basura en la calle, ahora hace su campaña atacando al ex presidente José Figueres Ferrer, fallecido en junio de 1990. Seguro la dermatitis causada por el palo de la escoba, además de los malos resultados electorales, lo hizo cambiar de estrategia para la campaña electorera del 2010. Su nuevo cariz es el de adalid contra la corrupción y la inmoralidad política.

En lo personal me parece bien que se escarben los entretelones del caso Robert Vesco y ojalá de muchos más, pero decir como argumenta Otto Guevara que la descomposición de la política en Costa Rica empezó a partir de ese episodio, es como pegarse un salto con garrocha desde la historia precolombina hasta nuestros días. Para Otto no fue un acto inmoral el martirio y fusilamiento de Pablo Presbere, primer héroe nacional, a manos de los españoles (1710). Se brinca también los intrincados pasajes de República Federal de Centroamérica (1824-1839), de corta vida por la avaricia de buena parte de la criollada, las guerras civiles y las intervenciones de Gran Bretaña, Estados Unidos y México apoyadas por lacayos internos.

Para Otto Guevara tampoco fue la corrupción de la oligarquía costarricense, encabezada por el presidente José María Montealegre Fernández, la que llevó al fusilamiento (1860) de otros dos héroes nacionales, Juan Rafael Mora y el General José María Cañas, ambos líderes de la guerra contra los filibusteros.

Olvida que el 27 de enero de 1917, el Secretario de Guerra Federico Tinoco y su hermano Joaquín, propinaron un cuartelazo e instauraron una dictadura apoyada por la oligarquía de la época. Curiosamente, la oligarquía estaba descontenta porque el gobierno de Alfredo González Flores les quería poner a pagar tributos territoriales e impuestos sobre la renta. Su enojo también obedecía a que el gobierno había creado el Banco Internacional (1914), la primera entidad bancaria estatal, negocio que a juicio de los ricos debía seguir siendo exclusivamente privado (cualquier semejanza con el Movimiento Libertario…). La dictadura cayó en 1919, gracias al levantamiento popular iniciado por las maestras y los estudiantes.

Los procesos electorales anteriores y posteriores a la guerra civil del 48, han estado caracterizados por el clientelismo, el tráfico de influencias y los favores políticos a quienes financian a los partidos en cada campaña. La diferencia es que las viejas generaciones fueron configurando un modelo de país en el que los anhelos de justicia social y solidaridad se convirtieron en derechos, apuntalados por garantías sociales y por instituciones estatales que ejercían mecanismos de redistribución de la riqueza socialmente producida.

En dichas conquistas el protagonismo fue de las clases trabajadoras, campesinas y sectores medios, que con su movilización y capacidad propositiva supieron exigir su derecho a una vida digna. También fue importante el papel de figuras claves de nuestra historia, a quienes sin caer en el nocivo culto a la personalidad, hay que reconocer su capacidad visionaria, como fueron: José Figueres Ferrer, Manuel Mora, Rafael Ángel Calderón Guardia, Víctor Manuel Sanabria. Y otros que la historia oficial ha tratado de ocultar y que con su valor y ejemplo propusieron modelos alternativos de sociedad, como Félix Arcadio Montero Monge, precursor del socialismo en Costa Rica; el dirigente sindical y revolucionario Edwin Badilla Agüero; los ecologistas Antonio Zúñiga, Oscar Quirós, Oscar Fallas, Jaime Bustamante y María del Mar Cordero cuyos asesinatos quedaron impunes; y tantos otros.

Además, muchas mujeres poco mencionadas en la historia oficial, como la General de División Francisca (Pancha) Carrasco, combatiente contra los filibusteros; Esther de Mezerville Ossaye, dirigenta del magisterio y fundadora de la Liga Feminista Costarricense (LFC), figura preponderante contra la dictadura de Los Tinoco; Faustina Torres Torres, luchadora por los derechos de las mujeres indígenas; Ángela Acuña Braun, dirigenta de la LFC e impulsora del derecho de las mujeres a ejercer el sufragio; Bernarda Vásquez Méndez, primera mujer que votó en Costa Rica (1950); Haydee Gómez Cascante, con sus aportes a la construcción de nuestro modelo de salud pública; la destacada científica y ambientalista Adelaida Chaverri Polini; y muchas otras mujeres que han construido patria con su talento en las artes, las ciencias, el deporte y la política.

Más allá de cualquier diferencia ideológica que se tenga con esos hombres y mujeres, no se construye conciencia crítica inculcando a las nuevas generaciones una imagen trastocada de quienes tuvieron tanta estatura histórica. El reduccionismo absurdo que Otto Guevara aplica en su ataque contra Don Pepe, además de estrecho es inmoral, cuando no parte de la autocrítica. Si de elaborar la lista de la vergüenza se trata, Otto debería engrosarla con el famoso memorando del miedo, confeccionado por sus aliados Kevin Casas y Fernando Sánchez, como instrumento a favor del TLC. Dime con quién te acuestas y te diré quién eres.

Antes de escupir para arriba, sería conveniente que el Movimiento Libertario explicara cuál es el origen de los millonarios recursos que invierte en sus campañas electorales. Llama la atención tanto dinero en manos de un partido minúsculo. Esperar que Otto Guevara muestre a la ciudadanía la lista de sus contribuyentes es como guardar esperanzas de que algún día expliquen al pueblo costarricense de dónde salió la millonada que se gastaron en la campaña del referéndum.

Es corrupto el propio proceso electoral, donde sólo tienen opción los partidos que pueden granjearse millonarias campañas mediáticas y carentes de ideas, más parecidas a un reality show, apadrinadas con la injerencia del gobierno de turno y financiadas desde las cámaras patronales o las billeteras de las empresas transnacionales. Lo corrupto empieza en el propio sistema electoral, que ha ido ganándose la desconfianza de una creciente cantidad de ciudadanos, merced al oscuro papel de los magistrados del Tribunal Supremo de Elecciones.

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