miércoles, 24 de junio de 2009

De abandonos y oportunismos en el Parlamento Europeo

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Que en el recién electo Parlamento Europeo domine a la derecha no parece haber sido pronóstico nada difícil para los entendidos en la política interior del Viejo Continente.

De entrada, la llamada centro izquierda, y no pocos sectores de la actual ala “zurda” en aquellos predios, se han comportado en los últimos tiempos en línea con los titulados opositores ubicados a la diestra.

De todas formas, lo cierto es que los comicios regionales de este junio se escoraron definitivamente hacia el lado derecho, aunque, concordamos con algunos estudiosos del tema, ello no necesariamente comporta que la sociedad europea en su conjunto acaricie los ideales reaccionarios.

Hay varios elementos claves que explican el asunto. En primer término, el desaliento y un descreimiento crecientes entre los electores, reflejado en el hecho trascendental de un abstencionismo que superó ampliamente el cincuenta por ciento como promedio regional.

Por demás, pesa el mal manejo oficial de la economía y el estallido de la crisis en los grandes centros de poder imperiales, con una secuela de desempleo, subempleo y resquebrajamiento social que algunas fuentes europeas consideran ya un peligro latente para sus respectivas sociedades.

La falta de gente en las urnas trajo consigo otra variante: la afluencia oportunista de los minoritarios sectores fundamentalistas, por lo general críticos acérrimos del europeismo, xenófobos y aberrados nacionalistas.

Es, al decir de los estudiosos, uno de los negativos frutos de que la gente común haya sido empujada a desdeñar acercarse a los colegios y a las urnas, a cuenta del convencimiento de que no vale la pena otorgar una gota de confianza a quienes les defraudan permanentemente, y demuestran total parcialización ajena a las mayorías a la hora de ejercer sus responsabilidades.

Otro peligro que se hace tangible es el desarrollo de un intencionado proceso de despolitización que apunta a corroer y desarticular a la clase obrera, al campesinado y a otros sectores sociales tradicionalmente combativos.

De esa forma, y pese a una baja asistencia al ejercicio electoral, se cumple formalmente con el rito “democrático” que se supone legitime un poder cuya base real es ínfima, pero que sabe aprovechar el descreimiento ajeno para imponer sus intereses.

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