lunes, 29 de junio de 2009

De las ciencias políticas (Parte II)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Por alguna extraña razón, (maldición podría decirse) las estructuras sociales formadas espontáneamente condujeron a la división de la sociedad en clases y a la lucha de clases. En los esfuerzos por preservar o enmendar esos entuertos radica el verdadero Génesis de la política, que obligó a que la democracia hubiera que conquistarla desde abajo y por métodos revolucionarios y que la justicia social haya que imponerla desde arriba, usando los resortes del Estado.

De circunstancias que nadie creó ni pudo impedir emana el carácter conflictivo de las relaciones sociales que a los procesos espontáneos suma la codicia, la maldad y la lucha contra ellas. Esa dialéctica es responsable de que no haya respuestas fáciles ni procesos sociales lineales. Los ideales democráticos fueron muchas veces loados y otras tantas traicionados. El liberalismo, el socialismo y el comunismo no han corrido mejor suerte.

En nuestro ámbito, Iberoamérica y El Caribe, el progreso no se operó por cuenta propia, sino que asumió las formas de una tragedia de magnitudes indescriptibles. Excepto África al sur del Sahara, ninguna región del planeta, tuvo un destino tan trágico como el Nuevo Mundo donde, en materia estructural, el colonialismo europeo impuso su dictak y dejó una zaga maldita, todavía vigente.

Mientras, como resultado del devenir histórico, en todas partes, surgieron las clases, el Estado, el poder político y la sociedad civil a partir de procesos endógenos y de un desarrollo cultural autogenerado, la ocupación europea de América Latina a lo largo de tres siglos provocó deformaciones estructurales que todavía se reflejan en las relaciones y el modo de producción y sobre todo en los componentes del sistema político, entre otros en las instituciones, las ideas, la cultura y la participación política.

En África todavía hay países que no han rebasado la organización tribal, mientras en Perú las etnias aguarunas y huambisas acaban de librar una batalla por reivindicaciones idénticas a las de sus antepasados hace más de 500 años. Esta vez no fueron reprimidos y asesinados por tropas realistas, sino por elementos de la oligarquía criolla, republicanos, demócratas, incluso militantes del APRA, un partido que un día fue de izquierda.

Junto con la economía de plantación, el latifundio, los esquemas agroexportadores, el sometimiento al capital extranjero y la dependencia del comercio exterior, la dominación colonial propició la formación de la clase criolla, un hibrido contrahecho, estéril y mutante, transformado en oligarquía promotora de una estructura estatal ecléctica, absurda e inviable, hecha con parches de la administración colonial, los parlamentos europeos, las prácticas políticas norteamericanas y el caudillismo autóctono.

Todo ello, unido a un clero integrante de la oligarquía, falangista y obediente de Roma a la vez, caciques regionales, así como militarotes violentos y primitivos, con ínfulas prusianas, bonapartistas y gringas que se mantienen alertas para, como ocurre en Honduras, cuando aparezca un gobernante que apueste por los pobres, irrumpir en la escena política como el general Romeo Vázquez, listo para convertir “la espada de soldado en cuchilla de verdugo.”

La imagen legada por José Martí: “…Una máscara, con los calzones de Inglaterra, el chaleco parisiense, el chaquetón de Norteamérica y la montera de España…” no es una metáfora, sino una cruda realidad.

En esa realidad, contradictoria y diversa, moderna y antediluviana, por los caminos abiertos por la democracia entendida en su sentido revolucionario, avanza una izquierda genuina, nacionalista, bolivariana y ciudadana, indigenista y socialista con la ingente tarea de modernizar los circuitos del poder para lograr la participación política y permitir que las mayorías disfruten de la libertad, a la vez que alcanzar las más altas cotas del desarrollo con bienestar para todos.

Conmueve escuchar a Evo Morales, el primer hijo de los pueblos originarios, que habla el castellano como si lo hubiera aprendido en las mitas y recuerda la nobleza de Túpac Amaru, llamando a liquidar al capitalismo.

Por un giro de la política que ha quedado fuera del alcance de algunas mentes, los discursos de los líderes más avanzados del hemisferio como Evo Morales, Chávez, Lula, Rafael Correa y otros; así como las evaluaciones de Fidel Castro, van al encuentro de pronunciamientos de un hombre que hablando de sí mismo, escribió: “…Soy prisionero de mi propia biografía; no puedo evitar contemplar la experiencia americana desde el punto de vista de un hombre negro con una herencia mixta, consciente de que generaciones de gente con mi aspecto fueron subyugadas y estigmatizadas…”

El hombre de marras responde por Barack Obama y es ahora jefe del imperio…

Quien conciba la política actual a partir de estrechos prismas ideológicos y de cerrados enfoques doctrinarios o reclame lealtad para credos sectarios, probablemente esta equivocado. La política, ha dicho Fidel Castro, que de eso sabe: “Es la más compleja de las ciencias”.

Ver también:
- De las ciencias políticas (Parte I)


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