lunes, 8 de junio de 2009

Discurso de Barack Obama y el mundo islámico. No hay tiempo ni espacio para más confrontaciones

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Los discursos sobre temas clave de Barack Obama dejan escaso margen para leer entrelíneas y presionar la tonsura en la búsqueda de lecturas oblicuas. Como que en la reflexión central no hubiera ni espacio ni tiempo para más confrontaciones, y tampoco para mensajes elípticos.

Sus discursos son la antítesis de las reflexiones de “Persecución y el Arte de Escribir” de Leo Strauss, el filosofo gurú de los neoconservadores que han dominado la política – y la violencia - en EEUU y muchos otros lugares en las últimas tres décadas. No prevalece la oscuridad, ni la confrontación, no hay sistemas binarios que antagonicen. En cambio el dialogismo y el asociacionismo son protagónicos.

Esta vez no fue distinto. El anunciado discurso hacia el mundo islámico, pronunciado en El Cairo este 4 de junio, estuvo desprovisto de elucubraciones, maquinaciones, recomendaciones arrogantes o superfluas y las propuestas directas a la vena. Desde una perspectiva amplia, dirigido hacia el mundo en general.

No tuvo la distorsión que muchas veces proviene del academicismo. Situó al planeta en su estado actual, enfocando la visión en el medio oriente y el mundo islámico, que no es diametralmente diferente al resto de las tierras con conflictos.

Sería osado augurar que de cumplirse el itinerario (de EEUU) de no imponer modos de vida, y forjar el esperado nuevo orden de acuerdo a la carta fundamental de Naciones Unidas, se estaría poniendo fin a la doctrina Monroe. Aún así, por allí parece navegar el presidente que cada vez que hace un discurso como éste sorprende.

Alguna vez dijo en otras palabras, que no había espacio ni tiempo para más confrontaciones, especialmente aquellas cargadas de odio innecesario basado en el prejuicio y en la imposición de una idea sobre la otra.

Su propuesta de pacificación hace pensar y es atrevida. Un indicador es el rechazo de la extrema derecha israelí, o del extremismo de Hamas y el mundo clerical iraní, o del neoconservadurismo sin fronteras de izquierda o de derecha. Es desafiante para aquellas legiones agrupadas en polarizaciones puestas al límite que todavía les sustentan el poder y rentabilidad.

El equivalente de ese mundo islámico a quién dirigió su discurso, está repartido porque la esencia de los problemas es la misma: prejuicio, abuso, exclusión, desigualdad, exceso de suposiciones, y expectativas exageradas respecto a la naturaleza humana y por extensión de la política.

El tema más preocupante del discurso es que propone metas donde no todas dependen de su visión ni de su voluntad política, aunque gobierne el país con mayor gravitación.

Sus interlocutores son una variada gama de líderes políticos, económicos, y militares, así como formadores de ideas y de gente en general, que al estar absorbidos en sus propias prioridades – a veces en posiciones muy precarias-no ven más allá del interés corporativo, o la expectativa inmediata.

Esas visiones parten del “encierro” corporativo como si fueran nuevos muros, y de polarizaciones que todavía parecen funcionar.

Nada es perfecto

Considerando el planteamiento constructivo del discurso, su explicación o disculpa como algunos le llaman, sobre la invasión a Irak como una “guerra por opción”, y evitable, es insuficiente. Es limitada en cuanto a no elaborar sobre el efecto de un multilateralismo virtualmente destruido, la pérdida de las confianzas y el gran fraude de información.

Es discutible decir que Irak está mejor ahora que con Saddam Hussein, por tener un régimen de elecciones libres. En Irak todavía hay una ocupación, está en guerra, y no se han recuperado derechos civiles básicos, hechos reconocidos por su propio gobierno.

Como que el tema Irak hubiera sido absorbido por la concepción de tres ejes de violencia que amenazan a occidente: el conflicto palestino- israelí que vendría a ser el nido de los problemas de occidente con el mundo islámico; el extremismo islámico centrado en la amenaza concreta de Al Queda y aliados en la desintegración de la región centro sur de Asia, e Irán con su ambición nuclear.

La invasión a Irak y la variable energética quedó en la nebulosa, y que es donde fallan las explicaciones de vínculos de Saddam Hussein con Al Queda y se revela el fraude de información respecto a las armas de destrucción masiva. Esta invasión merece una elaboración más acabada porque contribuye en gran medida que el sentimiento anti estadounidense en el mundo islámico y árabe haya aumentado.

Los nudos (occidentales ) con el mundo islámico o el mundo pos colonial no son de fabricación exclusiva de EEUU sino que hay siglos de dominación europea sobre el resto.

Así como Barack Obama plantea para EEUU el concepto de “perfeccionar la Unión”, la frase es aplicable al mundo, partiendo de la idea de unidad de naciones en pos del bien común.

En su viaje por Europa se detectó no obstante el constante desfile de rodeos, y artificios, y cuánto de drama ha pasado bajo el puente de la unión europea, que tampoco es mucha unión, a la hora de una postura internacional con un propósito común.

Décadas de prestidigitación neoconservadora establecen ejemplos como el de Angela Merkel, la jefa de estado alemana, un producto proveniente de la cascada de contradicciones surgidas en el derrumbe de la Ex República Democrática Alemana. La Señora Merkel encabeza el gobierno occidental más distanciado de la actual administración en EEUU, con una proximidad al gobierno de Bush divulgada por la prensa.

El espíritu de auto referencia del actual gobierno alemán es tal, que rehúsa a fortalecer el tipo de alianzas que Obama intenta impulsar. China y Rusia se han mostrado más sensibles en este sentido. Como que Alemania estuviera sufriendo el “síndrome del país nórdico”, que al no haber constituido un poder colonial universal en la historia, se convierten en seudo poderes a través de contorsiones y manipulaciones en el entramado del poder internacional, jugando a los equilibrios en ese difícil rol de querer ser juez y parte.

Claro, Alemania como Japón, siendo potencias económicas mayores sufren del legado de la guerra de no poder ser potencias bélicas nucleares y no forman parte del grupo de cinco naciones con derecho a veto del Consejo de Seguridad de la ONU. Un contrasentido por cierto, porque en un mundo supuestamente distanciado de los prejuicios generados por la segunda guerra mundial, Alemania como Japón debería formar parte de ese consejo.

No es así, y mientras Japón es un aliado consecuente con EEUU, Alemania cuando se le presenta la oportunidad, utiliza la inestabilidad intrínseca de la Unión Europea para construir su propia base de nuevo poder, sea para dirigirlo hacia las oberturas rusas o chinas, o sea para, -como en este caso-, no aceptar el liderazgo de EEUU en son de pacificación.

Será que por las múltiples vertientes de su formación cultural, no solamente lo hace un personaje excepcional para ocupar el cargo de presidente, sino que lo hace pensar efectivamente en forma global. Por los antecedentes formados frente a la actual crisis, es legítimo dudar que otros personajes a la par posean esa cualidad.

“No solucionaremos los problemas encerrados en nuestras esquinas”. Lo creí leer en Gandhi. Parecía el secretario general de Naciones Unidas que nunca hubo.

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