martes, 2 de junio de 2009

Ecuador: Sobre migajas y evaluaciones

Marcelo Medrano (DIARIO EL TELÉGRAFO)

Imagine cuánto produce el país en un año: en términos generales, el valor de esa producción es el llamado Producto Interno Bruto (PIB). ¿Sabe usted, estimado lector, cuánto de esos recursos deben dedicarse a satisfacer las necesidades básicas de la población, como son la alimentación, salud y educación? ¿No lo sabe? Mmmm.

Veamos el caso de los maestros. Una medida de la preocupación por los pueblos por parte de los gobiernos es la inversión en la gente, en su educación. La UNESCO (la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura), por ejemplo, consideró hace pocos años que para mantener un sistema educativo ‘eficiente y sostenible’, el Estado debía invertir en ese campo un 6 por ciento de su PIB. En otras palabras, para que un país tenga una educación sostenible y eficiente (y, diría yo, decente y responsable, actualizada y comprometida con la sociedad) se necesitaría un mínimo del 6 por ciento y no los miserables porcentajes menores al 2,9 por ciento que se le ha dedicado en estos últimos años. ¿No lo cree?

En 1995, se dedicó la migaja de 2,8 por ciento del PIB de ese año (era la época de Sixto Durán Ballén). El 2000, el peor año, feísimo de veras, se consagró una miga de la migaja anterior: un 1,8 por ciento del PIB. Claro, era la época de Mahuad y Noboa… bien fea la época, en realidad. En el 2006, subió (jaja, en serio: el gobierno de Palacio ‘aumentó’ el porcentaje, más por miedo a los ‘forajidos’ que por compromiso real con el pueblo) a un 2,6 por ciento del PIB. Hagan ustedes el balance, amables maestros y lectores: en la época del feroz neoliberalismo en el país, a los gobiernos de turno no les dio la gana de cumplir los mínimos valores de presupuesto para la educación que siquiera lleguen a lo planteado por la UNESCO. Por ello, sería bueno entrevistarles a los expresidentes y exministros de Educación y exministros de Finanzas para preguntarles sobre su responsabilidad en el deterioro del sistema educativo público de este tricolor país. ¿Cómo queda una actividad pública de gran responsabilidad social después que sistemáticamente se la fue ahogando con recortes criminales del presupuesto? Sorprendidos lectores, ¿cómo creen ustedes que la educación, aquella que ‘libera las conciencias para liberar a los pueblos’, ha soportado y se ha mantenido durante todos estos años de ajustes neoliberales? No lo imagina: vaya a una escuelita fiscal, preferible a una del campo, y recórrala completa, y hable con alumnos y maestros, después concluya, a su manera, como ser humano que todavía confía en la importancia de la educación dentro de la sociedad. Anímese.

Evaluar a los maestros es una necesidad, lo mismo a los alumnos. Aunque, ¿tuvo sentido hacerlo a estos últimos durante los años de aplicación metódica y salvaje del neoliberalismo, el cual exigió, con júbilo de los gobiernos, bajar el presupuesto educativo? Esos años, ‘el Ecuador perdió el año en Matemáticas y Lenguaje’, ¿lo recuerda?, lo publicó la prensa: ¡aunque también hubo mucho júbilo porque el neoliberalismo lo había aprobado!.

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