lunes, 8 de junio de 2009

El Presidente y Mahoma (Parte II)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Barack Obama es el presidente de los Estados Unidos y nadie debe esperar que actúe de otra manera. Como Nación Norteamérica es una entidad hecha de luces y de sombras, como imperio sólo de sombras. En la universidad Al-Azhar, el flamante mandatario siguió la rima y se sumó al empeño por identificar lo uno con lo otro. La confusión no es inocente.

En una alocución que puede sentar cátedra por su efectividad no sólo comunicacional sino también ideológica y política, Obama se desdobló en la búsqueda de un equilibrio entre el representante de la Nación agredida, herida y agraviada el 11/S y el imperio desafiado que puede hacer lo que ningún país puede reciprocar: atacar, invadir y tomarse la justicia por su mano.

En una línea de razonamiento elaborada para ser convincente, el presidente estadounidense asumió la representación de las victimas del 11/S y aunque colocó los hechos en un contexto adecuado, con argumentos nada originales, justificó las guerras contra Afganistán, incluso una que todavía no ha comenzado contra Pakistán: “Fuimos allí no por elección sino por necesidad”.

Aunque de modo más elegante y con argumentos de más calidad que los usados por sus predecesores, Obama reivindicó un derecho que Estados Unidos no tiene, como el es el de invadir y ocupar un país, masacrar a su población, liquidar la infraestructura, apresar, juzgar y encarcelar a sus ciudadanos y quebrantar las instituciones culturales para neutralizar fuerzas a las que considera una amenaza para su seguridad nacional.

Lo que Bush no hizo y por cierto tampoco ha hecho Obama es formular una plataforma y una doctrina de lucha contra el terrorismo, incluso específicamente contra Al- Qaeda, basada en la cooperación internacional, no sólo para la represión de ese flagelo sino para su prevención, propósito que pasa por la concertación y que debiera descartar la agresión.

No obstante, Obama marcó cierta distancia con Bush al reconocer lo que hasta ahora no había sido reconocido: “La de Irak fue una guerra de elección” y, según sus propias palabras: “…Provocó divergencias en su país y en todo el mundo”.

En lo que parece un borrón en el cuidadoso discurso, de modo cínico, como quien alude a un premio de consuelo, Obama expresó la opinión de que: “A fin de cuentas el pueblo iraquí está mejor sin la tiranía de Saddam Hussein”. Ese modo torpe y festinado de aludir y endosar uno de los episodios más repugnantes de esa guerra “electiva” es mucho más que una frivolidad. Un Jefe de Estado capturado en su país por tropas extranjeras, juzgado bajo la supervisión de los invasores y ahorcado implacablemente, pudiera ser un trofeo para Hitler o Bush no para él.

Entre los saldos mejores de los pronunciamientos del líder norteamericano que, de ser un compromiso merece reconocimiento, figura la ratificación de la orden de retirar en julio las unidades de combate de las ciudades de Irak, recluir en enclaves militares las brigadas de combate en agosto y evacuar todas las tropas en 2012. “He prohibido sin equívocos ? sentenció Obama ? el uso de la tortura…y he ordenado el cierre de la prisión de la bahía de Guantánamo para comienzos del año próximo”

Perogrulladas aparte, lo cierto es que un presidente de Estados Unidos pudiera desempeñar sus funciones, a la vez que con fidelidad, con altura y decencia. Hubo otros mandatarios estadounidenses que llevaron la crueldad al límite alcanzado por Andrew Jackson, artífice de “La marcha de las lagrimas” y hombres solidarios con el dolor ajeno como Lincoln; éticos como Carter, tramposos como Nixon, mentirosos como Bush, lo mismo que renovadores como Kennedy o ancianos conservadores y reaccionarios como Reagan.

Lo cierto es que en el Medio Oriente, exactamente en Egipto, una de las cunas de la civilización, con una población básicamente islámica, en los predios de la universidad de Al-Azhar, la institución educacional más antigua del mundo, Obama habló a los musulmanes como ningún líder norteamericano ni occidental le había hablado nunca y lo hizo sin omitir los temas espinosos ni esconder los errores de su país, para terminar asumiendo un compromiso que, de ser honrado, marcará la diferencia: “Estados Unidos se defenderá respetando la soberanía de las naciones y el imperio de la ley”.

Obviamente, en el Medio Oriente no hay sólo musulmanes, sino también judíos y palestinos y no únicamente árabes sino también persas. Todo un tema. Allá nos vemos.

Ver también:
- El Presidente y Mahoma (I)
- El Presidente y Mahoma (III)


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