lunes, 8 de junio de 2009

El Presidente y Mahoma (Parte III)

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

En la plataforma política para el Medio Oriente delineada mediante el discurso pronunciado en la universidad Al- Azhar de El Cairo, el presidente norteamericano Barack Obama, no podía omitir los temas de Israel, Palestina e Irán, tres asuntos en los que Estados Unidos está profundamente involucrado y ninguno de los cuales es de fácil manejo ni dejan espacio para excesos retóricos.

Ignoro si lo hizo conscientemente o se le escapó pero, al introducirse en el análisis del problema judío palestino, Obama reveló un pensamiento que se aparta de los cánones tradicionales y puede haber incomodado a quienes han hecho correr las tantas para negarlo: “El pueblo judío ? afirmó ? fue perseguido durante siglos en todo el mundo y el antisemitismo europeo culminó en un holocausto sin precedentes…”

De un plumazo el presidente puso los puntos sobre las íes: la concepción fanática y racista que alimentó la ideología nazi no es atribuible exclusivamente a la mente degenerada de Adolfo hitler, sino un producto de la cultura de dominación europea, que necesitó del racismo para justificar los más grandes desmanes que se hayan cometido nunca.

La misma lógica que condujo al holocausto judío, a fin de cuentas un pueblo originariamente oscuro, de las tierras calidas, llevó a la Cruzadas, funcionó como justificación durante la conquista y la colonización del Nuevo Mundo, endosó la trata de esclavos africanos y la donación británica del Indostán y China y, años después dio lugar a un nuevo reparto del mundo.

El antisemitismo europeo y la intención de prescindir de los judíos de modo indoloro, valorizaron la idea de crear un “Hogar Nacional”, propósito en el que se avanzó en 1922 cuando, como parte de la piñata derivada de la Primera Guerra Mundial, Palestina fue entregada a Gran Bretaña, creándose condiciones para concretar la Declaración Balfour, que data de 1917, es decir 16 años antes de que Hitler llegara al poder.

Aquel manejo iniciado entre James Balfour y el primer ministro británico Lloyd George, fue endosado por dos presidentes norteamericanos, Woodrow Wilson que aprobó la entrega de Palestina a Gran Bretaña y Truman que unió su voto al de Stalin para aprobar la Resolución 181 adoptada en 1947 cuando las Naciones Unidas estaban integrada por algo más de 50 estados, de los cuales 33 votaron a favor, 10 en contra, entre ellos los 6 países árabes presentes, Grecia, India, Pakistán y Cuba.

Luego de tan revelador introito, lo que siguió fue una condensada y relativamente correcta exposición del problema israelí palestino que no tiene por qué agraviar a los palestinos y debe haber causado escozor en la actual administración conservadora israelí.

Entre los temas mejor tratados por Obama figuran: (1) el derecho de ambos pueblos a existir y a disponer de sus respectivos estados y a vivir en condiciones de seguridad, (2) la mención a los palestinos desplazados y que viven fuera de su país en campos de refugiados (3) la situación de Gaza y Cisjordania y los territorios vecinos de Israel ocupados: “Así que ? sentenció Obama ? no dejemos ninguna duda al respecto: la situación del pueblo palestino es intolerable…”.

Razones aparte, el presidente norteamericano aprovechó, para subrayar el compromiso de su país con Israel, nada extraño cuando se constata que en el Medio Oriente, si bien Estados Unidos tiene algunos buenos socios comerciales y algún país practica una especie de clientelismo político, ideológica y políticamente esta solo. Se trata de una relación de doble vía. El Estado judío no sólo depende de Estados Unidos sino que es también un portaviones norteamericano.

El cierre apremia, el espacio escasea y los temas relacionados con el contencioso nuclear y los diferendos de Estados Unidos con Irán, que incluyen una importante autocrítica norteamericana no deben ser maltratados. Mañana nos vemos.

Ver también:
- El Presidente y Mahoma (I)
- El Presidente y Mahoma (III)


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