martes, 2 de junio de 2009

El temor a las ideas

Pedro de la Hoz (GRANMA)

El cenáculo de intelectuales iberoamericanos, que bajo el palio del liberalismo trata de imponer una visión totalitaria y maniquea del orden mundial que quisieran, le teme a las ideas.

Si se trata de pontificar instalados en columnas de opinión generosamente pagadas en los diarios de mayor circulación —cuyos propietarios, no es casual, forman parte de la cúpula de la Sociedad Interamericana de Prensa o pertenecen al grupo editorial español Prisa—, o de animar tertulias en horarios estelares de ciertas televisoras privadas, o de comparecer en salones auspiciados por fundaciones financiadas por el gran capital o instituciones académicas vinculadas a los servicios de inteligencia norteamericanos, no hay problema, ahí están con sus dicterios y alabanzas.

Pero cuando se les invita a exponer sus opiniones y confrontarlas con quienes no piensan como ellos y nadan contracorriente valiéndose de argumentadas razones, hurtan el rostro y hacen mutis por el foro.

Prueba al canto, lo sucedido el último fin de semana en Caracas. Allí, de forma paralela, se dieron cita unos y otros. El Centro de Divulgación del Conocimiento Económico para la Libertad (CEDICE), que se define como "asociación civil sin fines de lucro" sustentada, claro está, por la oposición venezolana y sus aliados en Estados Unidos y Europa, inventó un denominado encuentro internacional Democracia y Libertad.

Desde la primera hasta la última palabra que en ese ámbito se pronunció, los discursos siguieron un mismo guión: amedrentar a la opinión pública con el peligro del chavismo, descalificar a los movimientos sociales ascendentes en América Latina, denostar el ejemplo de la Revolución cubana, aureolar al mercado como principio y fin de todas las cosas, y proclamar la inconmovible supremacía del modelo hegemónico norteamericano en los tiempos presentes y los que están por venir.

Con solo observar la nómina de participantes se sabía que iba a producirse una unidad monolítica y coral en torno a la cantilena: el inefable Mario Vargas Llosa, tan excelente novelista como connotado defensor de la más rancia ideología imperial; el mexicano Jorge Castañeda —¿por qué será que los tránsfugas de la izquierda son tan afanosos en exhibir sus nuevos ropajes retardatarios?—, el político boliviano Jorge Quiroga, el colombiano Plinio Apuleyo Mendoza (escribano al servicio de Vargas Llosa), el mexicano Enrique Krause, caudillo de las huestes intelectuales de derecha en su país; y el alcalde metropolitano de Caracas, Antonio Ledesma, que participó en el golpe contra Chávez de abril del 2002.

Por otro lado se hallaban en la capital venezolana un grupo de prestigiosos intelectuales de distintas tendencias políticas e ideológicas, pero que desde sus diversas perspectivas han reflexionado críticamente sobre el capitalismo contemporáneo, la insostenibilidad del modelo prevaleciente, la precariedad del medio ambiente, el relanzamiento de los movimientos sociales y el papel de la cultura como instrumentos de emancipación.

Si hay un denominador común entre los mexicanos Gilberto López Rivas, Ana Esther Ceceña, Fernando Buen Abad y el norteamericano James Early es la honestidad intelectual con que defienden sus ideas. Si existe una plataforma de entendimiento entre el venezolano Luis Britto García, el boliviano Hugo Móldiz, el colombiano Hernando Calvo Ospina y el chileno Manuel Cabieses, habrá que buscarla en el profundo conocimiento que tienen sobre el papel de los medios de comunicación en la desestabilización de los procesos sociales emergentes.

Como quiera que Hugo Chávez celebraba el décimo aniversario de las emisiones de su programa de participación ciudadana Aló Presidente, este abrió las puertas a la posibilidad de un debate en el que tanto los prohijados por el CEDICE como los que acudieron al foro de discusión propiciado en el Centro Rómulo Gallegos (CELARG) expusieran sus puntos de vista. El jueves 28 el mandatario venezolano expresó: "Qué bueno sería en Aló Presidente un debate. Yo me aparto y dejo que ustedes debatan. Yo me siento entre el público. Los invitados especiales de la derecha y los invitados socialistas".

El cenáculo se agitó. No esperaba que le lanzaran semejante guante a pleno rostro. A todas luces estaban cogidos en falta. Chávez insistió: "Vengan, serán respetados, sin evadir ningún tema, cualquier tema es válido, transmisión en vivo y si quieren en cadena nacional, sin barras, en un ambiente de intelectuales".

Entonces los del CEDICE inventaron una fórmula para zafar el cuerpo: designar como único vocero a Vargas Llosa y pretender que el único interlocutor fuera Chávez. Haciendo gala de una fina ironía, como lo refleja EFE, este respondió:

"Es lamentable (...) no aceptan. No quieren discutir, lo que quieren es un show", dijo Chávez, tras recibir la propuesta de los intelectuales. (¼ ) "Yo estoy en las Grandes Ligas. Usted en Triple A (ligas menores de béisbol)", dijo el Presidente al escritor peruano. Al recibir la información sobre la propuesta que hacían los intelectuales desde la sede del foro "Libertad y Democracia", celebrado ayer y hoy en Caracas, Chávez dijo que "aceptan la propuesta, pero no la aceptan", al aludir al formato del debate. "No quieren discutir", agregó el mandatario.

Al mismo tiempo, el canciller venezolano Nicolás Maduro sentenciaba ante una pregunta de la prensa: "Esta intelectualidad de derecha es un azote contra la realidad de nuestros pueblos, incluso reniegan de sus propios países, son la negación de su propia expresión literaria. Han venido a aconsejar al pueblo venezolano, el pueblo no necesita consejos, porque nuestro pueblo es culto".

Como se sabe, Vargas Llosa fue alguna vez candidato a la Presidencia de Perú. La mayoría de su propio pueblo no lo aceptó, perdió las elecciones y poco después se acogió a la nacionalidad española. Puede cualquiera imaginarse lo que el peruano de a pie piensa de una finta semejante. De ahí que ante el histrionismo político que le valió una rechifla moral en Caracas, varias voces en su país de origen le hayan cantado las cuarenta.

Un editorial del diario La Primera resultó elocuente. Lamentó que un escritor de "la celebridad de Vargas Llosa haya estado dedicado a buscar publicidad como adalid de una cruzada conservadora injerencista en Venezuela", financiada por intereses ajenos a América Latina. Y sobre las reacciones venezolanas contra los ataques del escritor, el matutino compartió la opinión del primer ministro Yehude Simón "de que a los peruanos tampoco les gustaría que ningún extranjero venga a insultar a su gobierno".

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