miércoles, 17 de junio de 2009

España: El crédito, “el club” y el gobierno

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Es horrible este sistema, el capitalista. Pero es que el capitalismo, si ya era de por sí horrendo, está siendo llevando al paroxismo. Los dueños del dinero y los gobernantes lo alejan cada vez más de los fundamentos que, mal que bien, Smith, Weber y otros teóricos trataron de justificarlo.

Por ejemplo, “el riesgo justifica el beneficio” es un principio crediticio y del comportamiento empresarial; lo mismo que el rédito es consustancial al crédito y se repudia por “inmoral” la usura. Al capitalismo han tratado muchos de darle un fundamento no sólo antropológico sino también moral y hasta religioso. Pasajes bíblicos no faltan...

En esa Norteamérica que detestamos por tantísimas razones, hasta donde yo me sé la política bancaria fue coherente con la libertad económica combinada con los principios “morales” del estímulo, de la gratificación y de la rentabilidad. En Norteamérica los bancos no sólo daban –ahora me imagino que no- créditos a quienes acompañaban su solicitud con un aval, también a quienes presentaban un proyecto o una iniciativa “interesante” no necesaria y absolutamente lucrativa, que analizaban sus staffs, aunque no aportara el solicitante del crédito otras garantías. El banco se involucraba en el proyecto, pudiendo ufanarse de haber sido el mentor de una idea eficaz y/o de éxito.

En España, un mono de imitación de Estados Unidos en todo lo peor, desde luego nada de esto es así. En España, y casi desde siempre, sólo si el banco de turno cuenta con la garantía y seguridad de que va a recuperar lo prestado y los intereses, al solicitante se le aprueba el crédito. Y eso dependiendo también de quién sea personal y socialmente aquél. El amiguismo y el enchufe son los rasgos típicos incorporados a esta sociedad a la picaresca más tradicional.

Una Caja pretende justificar ahora la concesión de un crédito multimillonario al club rey de fútbol desde el franquismo, el Real Madrid, con el argumento simplista y absolutamente alejado de los principios filosófico-morales a que me refiero al principio, de que “las entidades bancarias están para “eso”, de que nada les importa a qué sea destinado el dinero prestado, y “sólo” tienen en cuenta la “seguridad” de que el dinero revertirá con beneficios en sus arcas”. Así se rompe de un tajo la filosofía crédito-capitalista que se preocupó por el pudor, lo moral y la ratio legi. La ratio legis es la justificación moral y material que acompaña a todo impuesto… si es que no quiere el legislador y sus recaudadores que el tributo impuesto sea tenido por una exacción arbitraria penada por la ley general que lo fiscaliza todo.

Estas cosas en realidad hoy día ya no deben tener mucha importancia. La degradación de la sociedad se desparrama por toda ella en todos los ámbitos y todos los aspectos. Ya nada es lo que fue o lo que “debe” ser. El imperativo kantiano está enterrado y es muy probable que nadie haga revivirlo. Por eso la corrupción no se penaliza en las urnas. Por eso se presta sólo el dinero a quien no lo necesita. Por eso se drogan con botellones y cocaínas los hijos de los padres que hacen lo mismo. Por eso poco a poco esta sociedad se desmorona y muchos estamos deseando que se derrumbe, a ver si podemos reconstruirla toda entera de una puñetera vez.

El Real Madrid tendrá su crédito para comprar a un par de futbolistas, pero será, puesto que la causa de la causa es la causa del mal causado, culpa del gobierno; un gobierno que fortifica el capitalismo inyectando a la banca más dinero, en lugar de haber dispuesto moratorias o haber inyectado ese mismo dinero entre los deudores hipotecarios, y los “necesitados”.

Este país es un desastre. Mírese por donde se mire. Por eso cada día se engrosan más las filas de los renegados de la españolidad. Y es cada día está más claro que no sólo la derecha depredadora, sino también la izquierda, la banca, los medios, el clero y la Virgen María, todos se revuelcan en la inmundicia que se sale ya por los bordes de la Piel de Toro.

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