miércoles, 24 de junio de 2009

Irán y las seudo revoluciones de color


Vicky Peláez (especial para ARGENPRESS.info)

"No os fiéis de la blancura del turbante, tal vez el jabón fue tomad
a crédito"
Proverbio iraní

Desde la desintegración de la República Federal Yugoslava en 2000 por causa del bombardeo norteamericano, y después de la "revolución de terciopelo" en Serbia, las llamadas "revoluciones de colores" se han expandido por los países que representan algún obstáculo para Estados Unidos y la Unión Europea en sus planes de apoderarse recursos energéticos o fortalecer su control sobre ellos. Esos movimientos de colores coinciden en su lucha contra el creciente populismo antiglobalizador.

"Las revoluciones de colores" constituyen hoy una parte sustancial de la estrategia de la "expansión permanente" adoptada por los países del grupo G-7 y el gobierno de George W. Bush. Georgia, Ucrania, Kirguistán, Líbano, Bielorrusia, Indonesia, Nigeria, Venezuela y recientemente en Moldavia y Guatemala han sentido el sabor amargo de estas "supuestas revoluciones" para satisfacer las ambiciones de Washington y Bruselas.

En estos días una "revolución verde" tocó las puertas del cuarto productor del petróleo en el mundo y segundo en gas natural: Irán. Por supuesto que la selección del "color" y diseño de acciones de las "multitudes descontentas", representadas por la clase alta y media, fueron seleccionados con mucha anticipación en el extranjero por los servicios de inteligencia en colaboración con disidentes exiliados en Gran Bretaña. No hay que olvidar que en 2003 Condoleezza Rice creó en el Departamento de Estado un "Grupo para cambiar el régimen en Irán" con presupuesto respectivo y candidatos presidenciales, entre ellos el ex presidente pro norteamericano Akbar Rafsanjani, enriquecido por su comercio con Estados Unidos.

Desde hacía tres meses, en Irán se divulgaba rumores de ‘un inminente fraude electoral" a través de Facebook, YouTube, la red social Twitter y los teléfonos móviles, ya que un 75 por ciento de la población iraní tiene su aparato móvil. Después del conteo y tres horas antes del anuncio oficial de la reelección de Mahmud Ahmadinejad, como presidente con 63.5 por ciento del voto, todas esas redes anunciaron que el candidato opositor Mir Hossein Mousavi fue el verdadero ganador y que las elecciones fueron robadas por Ahmadinejad con la bendición del Líder Supremo Ayatollah Ali Khameini.

Así arrancó la "revolución verde" que ya dura en Teherán, más de ocho días teniendo como saldo 13 muertos, 60 heridos, 457 arrestados, 34 edificios estatales dañados y tres omnibuses quemados. Por supuesto que la prensa globalizada magnifica la protesta de las clases acomodadas y estudiantes de universidades privadas, elevándola a nivel de "revolución", sin "darse cuenta" que el pueblo, beneficiado con las reformas populistas de Ahmadinejad, y en especial los campesinos, no se adhirieron a la oposición.

No es ninguna revolución social, sino la lucha por el poder de dos grupos de clérigos dominantes: los que apoyan al Líder Supremo Khamenei y al presidente Ahmadinejad y su política popular nacionalista, y por el otro lado, sus opositores encabezados por Rafsanjani que se alió con el opositor Mousavi – creador de la actual política nuclear de Irán y que es paradójicamente tan radical como Ahmadinejad.

Ni el dinero ni la publicidad hacen triunfar las revoluciones, así se vistan de dorado, si no hay participación popular, y en Irán está ausente.

Foto: Irán - Mahmoud Ahmadinejad y Mir Hussein Moussavi


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