martes, 23 de junio de 2009

Los principios de la paz

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Todo empieza por dejar en paz a tu pareja, a tu vecino, a tu colega, a tu congénere. Todo empieza por no empeñarte en proteger a quien no te ha pedido protección ni por que no te inventes que te la pidió. Todo empieza por este mandamiento universal dictado por la naturaleza de las cosas: "no te entrometerás".

No trates de globalizar, y menos de imponer mediante amenaza o por la fuerza, tus ideas. Es lo que han hecho a lo largo de la Historia todos los sátrapas, absolutistas, emperadores, tiranos, inquisidores, dogmáticos, necios y canallas... No te preocupes, si tus ideas y tu conducta son excelsas y benefactoras para la humanidad, ya se difundirán, ya germinarán como la semilla de la vida brota allá donde las condiciones biológicas se dan.

Todas las disensiones internacionales entre los países occidentales de la Europa vieja y Estados Unidos, y los países de cultura oriental y especialmente islámica, todas las invasiones y todas las ocupaciones llevadas a cabo por España, Estados Unidos e Inglaterra, todos los desencuentros y arremetidas contra esos mismos territorios desgraciados viene de lo mismo: de la injerencia, de la prepotencia, del espíritu dominador, de la soberbia y de la ambición del oro del momento y de la ambición de poder de los occidentales a cuyo frente estuvieron y están los que sabemos de memoria.

Véase principalmente entre nosotros "hispanos" y anglosajones histórica y supuestamente más preocupados y mejor intencionados de la cristiandad dual de protestantes y católicos: caridades a la fuerza, organizaciones no gubernamentales que acuden prestos a restañar carencias, misiones humanitarias, militares y civiles, y un sin fin de desvelos presididos por la filosofía de "los ayudadores" a los que nadie pidió ayuda... Todo un sistema de "valores" prefabricados por el pensamiento cristianizador, por el altruismo y por la filantropía humanista que forman parte de una idea nuclear común: tratándose de cristianos, la idea de que es "necesario" que haya pobres que salven sus almas por la resignación y ricos que las salven por la caridad; y tratándose de laicistas, la idea a menudo inconsciente de que se alcanza la catarsis por la gran aventura de la tensión y pulsión de ayuda, no solicitada, socorriendo a los "necesitados" de su atención. Y ambas clases de ayudadores bajo la severa sospecha de que siempre al final hay un beneficio que no es necesariamente la salvación del alma, sino mucho antes el logro de un modo de vida excitante y aventurero como otros consumen su vida retando a un cinco mil...

Lo cierto es que si los cristianos se atuvieran al segundo y fundamentalista mandamiento del "amarás a tu prójimo", lo primero que harían es interpretarlo en las claves de "déjale en paz", sean cuales sean las costumbres de tu prójimo. Sin embargo, consignas que han calado desde los teólogos y milicianos de la cristiandad que las formularon, la acción del cristiano y la política cristiana de Europa y sus descendientes estadounidenses son todo lo contrario: hostigamiento, injerencia, conquista, desprecio de las culturas ajenas, evangelizaciones genocidas, invasiones y ocupaciones militares horrendas que llegan hasta el mismísimo siglo XXI. Y en cuanto a los filántropos sin sentimiento religioso propiamente oficial, pues más de lo mismo pero sin Evangelio. Son al fin y al cabo productos o subproductos del mismo tronco y con la misma filosofía de la injerencia cuya destilación a menudo consiste en preparativos para la penetración mercantil, para la complacencia de intereses multinacionales.

Antes de llevar a países africanos en el siglo XIX los paños de Manchester, los misioneros anglicanos imbuían de pudor y recato de laboratorio a los habitantes autóctonos del continente. Antes de dominar la ruta de las especies en el siglo XIV, los portugueses se introducían con zalemas, adulaciones y regalos en las Molucas y las Célebes. Hoy, once millones de votos separan al candidato ganador en Irán de su oponente. Europa, los Estados Unidos, los medios y los voceras desestabilizan la zona más de lo que está, asegurando sin pruebas que hubo trampa... Este último es un botón de muestra sobresaliente de la actualidad. Los dos anteriores dos muestras irrelevantes y menos conocidos que la inmensa cantidad de ejemplos en la historia de la infamia y de la abominación a cuenta de la colonización, de la conquista y de la ramera libertad.

Aquí, en España, lo tenemos bien cerca. Cuánta preocupación por oponerse a decisiones y políticas respetuosas de la autonomía de la voluntad cuyo espíritu impregna los códigos napoleónicos europeos. Cuánta algarabía a cuenta de ello por parte de los cristianos principalmente en absoluto no practicantes, de los clérigos que debieran ceñirse a pastorear exclusivamente sus rebaños, y cuánta sinrazón de los políticos falsamente conservadores que sólo lo son de su riqueza pues mientras braman contra la aprobación de "malas costumbres" en los parlamentos -y sólo por eso se jactan de conservadores- se aprovechan para sí de los avances institucionales en esas costumbres introducidos por sus enemigos políticos.

La no injerencia y el respeto por otros pueblos, aunque guerreen entre ellos -ellos al final se arreglarán- son el principio de la libertad colectiva, el principio de la vida en paz y el principio de la verdadera civilización. Y sin embargo son los occidentales los primeros en no cumplirlos, los primeros en despreciarlos, los primeros en sodomizarlos. ¿Dices que amas a tu prójimo, a tus congéneres, al mundo? Déjales en paz.

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