miércoles, 24 de junio de 2009

México: Elecciones para estabilizar y frenar las revoluciones

Pedro Echeverría (especial para ARGENPRESS.info)

1. Las elecciones burguesas son procesos políticos plenamente individuales que muy poco tienen que ver con los intereses colectivos de los trabajadores. Es extraño para las leyes electorales que una asamblea de campesinos, de obreros o sectores populares –después de analizar y discutir lo que a ellos interesa como trabajadores: desempleo, salarios, créditos, construcción de escuelas, mercados, viviendas- tome determinaciones de votar en forma colectiva o en bloque por un partido que por su ideología y su trabajo diario se ha ganado su confianza.

La burguesía subraya siempre el “voto individual, secreto y libre” para diferenciarlo de las organizaciones y los intereses colectivos de los trabajadores. Mientras tanto esa misma burguesía dominante actúa en bloque con sus leyes, sus instituciones electorales y sus medios de información.

2. En los últimos años las únicas elecciones importantes han sido las que se realizado en Venezuela, en Bolivia y en Ecuador porque han planteado la instrumentación de procesos revolucionarios que mes tras mes están poniéndose en práctica para beneficio de la población. Votar por la renovación o cambio de una Constitución política, por el cambio radical de la economía o la puesta de marcha de una sociedad equitativa, obliga a participar. Sólo ese tipo de elecciones que anuncian cambios profundos que han venido practicándose a través de las semanas y meses valen la pena. Por el contrario, comicios para cambiar partidos o personas, con programas iguales o parecidos no puede, o no debería, despertar ningún interés. Perder el tiempo en votar por más de lo mismo se antoja una tontería.

3. ¿Qué importancia electoral puede tener cambiar al PSOE o PP en España, votar por De Gaulle, Pompidou, Mitterrand y Sarkozy en Francia, o por Fanfani, Andreotti o Berlusconi en Italia, si todos son exactamente lo mismo para el pueblo? ¿Acaso no lo mismo debe decirse de EEUU donde se turnan en el gobierno el partido demócrata y el republicano que cuentan con poderosos intereses petroleros, en la industria de armas y por la dominación mundial? Esos países que acumularon riquezas y poder desde tiempos lejanos, extrayéndolos mediante el saqueo a los países débiles, hoy siguen gozando de esas riquezas pero con elecciones que no despiertan interés alguno y con un extremado abstencionismo. Aunque sigue existiendo un pueblo pobre y marginado el control electoral de la partidocracia en Europa es total.

4. Los gobiernos de Chávez, Morales y Correa –para no caer en esas poderosas burocracias políticas burguesas que han dominando a sus pueblos y al mundo, tienen que mantener a sus gobernados en revolución permanente. Frenar las trasformaciones culturales, las contradicciones y la crítica, los profundos cambios e iniciativas que se requieren en los fuerzas productivas, en las tecnologías, en las relaciones sociales, es comenzar a morir. Podría llegar un momento en que esas elecciones burguesas formales fueran sustituidas por asambleas y grandes reuniones en las que de manera colectiva se solucionen directamente los problemas y de la misma manera se elijan a los dirigentes rotativos y revocables. Las elecciones burguesas individualista no podrán ya subsistir donde dominan las colectividades.

5. En México, durante los 35 años de régimen Porfiriano (1876-1911) se realizaron en por lo menos nueve “elecciones nacionales” legales cada cuatro años –con la participación del dos por ciento de la población- que sólo sirvieron para confirmar en el poder al gobierno de los grandes terratenientes, del ejército y los inversionistas extranjeros. Nadie –ni porfiristas ni pueblo- tenía creencias en ellas. Fueron simples requisitos que cumplía Porfirio Díaz para demostrar ante el mundo la solidez de la “democracia electoral mexicana” de entonces. El 95 por ciento de la población vivía en la miseria y el hambre, pero a cualquier protesta o revuelta se aplicaba la orden de “mátalos en caliente”. A esta época se le sigue llamando, y hasta añorando por los viejos ricos, “La bendita paz porfiriana”.

6. La revolución mexicana de 1910, además de responder a las duras condiciones económicas de la población, nació porque la parte activa del pueblo comprendió que todas las elecciones habían sido una burla, que sólo habían servido para legitimar a los gobernantes y que si no se levantaba en armas podrían pasar otros 35 años o más sin que las cosas cambiaran. Procesos electorales nacionales y locales iban y venían y todo seguía igual, a pesar que los grandes ricos se construían sus enormes haciendas, casas de campo, palacetes en la ciudad y cárceles, eso sí grandes cárceles, para encerrar a los indios y rebeldes que no alcanzaban asesinar. En todas las dictaduras burguesas se realizan formalmente elecciones en las que el pueblo no tuvo control de nada; sólo legitimó.

7. Al concluir la revolución burguesa mexicana en 1917, después de proclamar su Constitución Política, se establecieron nuevamente las elecciones para que “el pueblo se expresara pacíficamente, entregara sus armas y se institucionalizara el poder”. Siempre lo mismo, como en todos lados porque “la revolución no puede ser permanente, se debe frenar la revolución para que venga la construcción de la paz y de las instituciones”. Por eso para ellos, “los termidorianos”, lo primero fue lo primero: eliminar a los revolucionarios radicalizados (en Francia, Rusia, México, etcétera) para dar paso a la consolidación de una fuerte burocracia política que –eso sí, en nombre de la revolución- ordenara lo que debe hacerse. Lograr desmoronar el poder de los vencidos, imponer el retroceso, la decepción, la rutina, el fin de la energía revolucionaria.

8. Nuevamente se instalaron las elecciones a partir de 1917. De Carranza a Calderón se han registrado por lo menos 17 elecciones presidenciales y otras tantas intermedias que han sido más de lo mismo: 15 comicios para elegir presidentes pertenecientes al PRI y dos para el PAN. De 1917 a 2009 -92 años- con la misma Constitución, la misma política, el mismo modelo económico, el mismo presidencialismo, el mismo corporativismo, la misma dependencia, las mismas elecciones, los mismos fraudes, promesas y engaños. A partir de 1977, con la llamada “reforma política” la izquierda amaestrada fue integrada totalmente al carro del poder y los cambios de fachada se intensificaron para recuperar a los electores y para frenar las transformaciones reales.

9. Las elecciones jamás han despertado – sólo para los incautos- esperanza alguna de cambios importantes. En 1988 no hubo esperanzas, aunque después del posible fraude hubo un despertar. En 2000, en vez de esperanzas -porque el PRI después de 71 años perdió la Presidencia- surgió un profundo desaliento porque la derecha empresarial asumía el gobierno. En 2006 surgieron algunas esperanzas por las posibilidades que la centro izquierda asumiera la Presidencia y se abrieran espacios para profundizar las luchas de los trabajadores hacia una sociedad igualitaria. Fue un fracaso casi total. Hoy el rechazo electoral es grande y no podemos prever lo que pasará. Espero que no sea más de lo mismo porque entonces tendremos que esperar muchos años más con el dominio de la derecha.

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