miércoles, 17 de junio de 2009

Panamá: De transiciones y locuras

Berna Calvit

Al repasar los artículos que escribí en 1994, cuando terminaba el período presidencial de Guillermo Endara y estaba por llegar a palacio Ernesto Pérez Balladares, llegué a la conclusión de que los políticos panameños son incorregibles. Y nosotros, los ciudadanos, también. Verán porqué lo digo de manera tan rotunda. En “Las bolsitas del adiós” decía que “los legisladores en el tren del adiós con boleto de ida sin regreso, son los que están montando el grueso de la artillería que les permitirá partir con una bolsita como recuerdo de la fiesta”.

Me refería a que un grupo de ellos pretendía el pago de vacaciones correspondientes al período 1990–1994. Hoy, 15 años después, los diputados intentaron meter un camarón tamaño langosta: dos meses extra de salarios correspondientes a los meses de julio y agosto 2009, cuando ya no serán diputados. ¡Cuánta voracidad! No lo lograron porque les cayó, como avalancha, el repudio ciudadano. Para no irse con las manos vacías, aprobaron personal de escolta y seguridad hasta 2014, pagado por el Estado, para protección a los ex presidentes de la Asamblea Nacional. Bolsita del adiós del 2009. En el artículo, “Conversión súbita”, contaba que Demetrio Fábrega, amigo querido, me había hablado sobre este fenómeno; guardé en mi archivo mental la expresión, segura de que en algún momento me serviría de ella; conversión es “acción y efecto de convertir o convertirse; mutación de una cosa en otra; mudanza de mala vida a buena”; la palabra súbita, como saben, significa “repentino, improviso”.

Decía que los ciudadanos parecían estar convencidos de que a partir del 1 de septiembre (fecha de la investidura presidencial), al abrir los ojos al día siguiente, gracias a la conversión súbita, todos los maleantes se habrían esfumado; los saqueadores de los bienes de la Nación, convertidos en honestos; los empleados públicos, amables y diligentes; las calles, sin tranques, relucientes; y otras cosas por el estilo. Dije, hace 15 años, que la conversión súbita no es usual en los humanos; la conversión (no súbita) requiere de un proceso; va por etapas, requiere reflexión, disciplina, propósitos, metas.

Lo que éramos el día antes, con el presidente anterior, es lo que seremos al día siguiente, y no vale presidente nuevo para la conversión, ni súbita, ni paulatina, ¡porque no hemos cambiado! Y si los gobernantes, los políticos y los ciudadanos no cambian para mejor, la conversión llegará “el día que San Juan agache el dedo”. “En estos años hemos tocado fondo”, dije, convencida. ¡Ja, eso creía! Admitamos que el acentuado deterioro de nuestra sociedad se debe a que no hemos pasado por el proceso de la conversión positiva. Por tanto, cifrar nuestras esperanzas en que las cosas mejorarán con solo cambiar de gobierno, es creer en pajaritos preñados.

En “Fórmula de aquelarre” (10/9/94), escribí que el anuncio de una transición ordenada sonaba bien; un final feliz para un cuento en el que el rey, al que le gustaba jugar Nintendo, era muy feliz con su reina; y aunque no se preocupaba mucho por sus súbditos le gustaba creer que también todos eran felices. Llegado el momento de abandonar el palacio se convocó un gran aquelarre en el que se preparó una nueva receta: transición ordenada. Los nuevos inquilinos de palacio encontraron que de ordenada, nada más la palabra. Así terminó aquel cuento. Hoy, con “transición ordenada”, el nuevo gobierno, entre algunas obras buenas (Inadeh, Prodec, por ejemplo), heredará varias pesadillas: proyectos millonarios con “arreglos” y finanzas oscuras (corredores, cinta costera, cambios de zonificación); concesiones turbias; una ciudad caótica; nombramientos como confeti; hampa reinante; rapiña final. Todo parece el replay de un filme quinquenal. Si dentro de cinco años sigo en este valle de lágrimas, y escribiendo, ¿podré usar este escrito como referencia?

Por lo pronto, mal comienzo es la repudiable designación del diputado Rogelio Alba para gobernador (¿intendente?) de la comarca Kuna Yala. Es insólito que se haya desestimado que la Corte Suprema de Justicia mantiene abierto un proceso contra Alba por el “supuesto delito contra la fe pública y la administración”. Alba está acusado de cobrar cheques ajenos; de contrabando en la Zona Libre de Colón; de peculado y apropiación indebida de fondos escolares y por, supuestamente, haber recibido dinero proveniente del narcotráfico. Es inaudito que el señor Papadimitriu considere que su nombramiento es merecido “porque conoce el lugar y a su gente y porque hasta el momento nada se le ha probado”. Aun si Alba no es ratificado, haberlo escogido quedará como un manchón imborrable en el gobierno Martinelli. Alegar locura, aunque sea pasajera, no es argumento válido en esta designación.

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